Opinión

Juan Carlos Junio

Dirigente cooperativista

Una disputa decisiva

Iniciamos un año que será decisivo para la vida del pueblo argentino. En términos simbólicos conmemoraremos los 40 años del advenimiento de la democracia luego de la peor dictadura de la historia del país.
Cierto es que hay una cantidad de acontecimientos de la coyuntura política que van comprometiendo y erosionando al propio sistema democrático, fundamentalmente en su esencia, que es la división de poderes y la participación y el protagonismo del pueblo en la vida pública.
Justamente en estos días se agudizó el conflicto entre el Poder Ejecutivo, el Frente de Todos como fuerza política y una gran parte de la opinión pública, con la Corte Suprema de Justicia de la Nación, los jueces de Comodoro Py y otros núcleos del Poder Judicial.
El emergente fue la decisión de los cuatro cortesanos de pronunciarse en favor del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en su litigio con el Gobierno Nacional por los fondos que recibe la Ciudad, supuestamente para compensar el gasto de la policía porteña. Esa resolución potenció una confrontación que venía de antes, teniendo en cuenta que los cuatro jueces supremos han fallado durante todo este tiempo consecuentemente en contra de las posiciones del Gobierno Nacional, favoreciendo las demandas de la oposición política de derecha y, fundamentalmente, de los núcleos del poder económico cuando sus intereses chocan con las decisiones del Gobierno.
Lo cierto es que el presidente de la Nación, Alberto Fernández, no solo ha denunciado el último fallo, sino que también recusó a los integrantes del tribunal, presentó un pedido de revocatoria in extremis de la resolución cautelar dictada y envió proyectos de ley al Congreso Nacional para generar los fondos que permitan pagar lo que establece la Corte, en caso de que no prosperen los recursos presentados.
El presidente acaba de anunciar una medida más extrema, que muestra la profundidad que alcanza el conflicto de poderes: el pedido de juicio político para el presidente de la Corte, Horacio Rosatti. Sin embargo, para avanzar en este sentido se requieren dos tercios de los votos en Diputados para que pase luego al Senado, lo cual en la situación actual parece casi imposible de lograr para el oficialismo. En este contexto hay algunos aspectos de la problemática suscitada que vale la pena subrayar. El primero es que la Corte Suprema, empujada por los poderes fácticos, avanzó sobre los otros poderes: el Legislativo y el Ejecutivo. En resumen, la Corte se autoasignó una suerte de derecho de veto para todo tipo de medidas económicas, sociales y políticas y ejerce una suerte de cogobierno de facto.
La otra cuestión a destacar tiene que ver específicamente con la Ciudad de Buenos Aires. Es imprescindible aclarar que la masa fenomenal de dinero que recibió la Ciudad desde 2016 hasta 2020 no fue ni a la Ciudad ni a mejorar la vida del pueblo porteño. Desde que el entonces presidente Mauricio Macri dispuso que la capital de los argentinos pasara de recibir del 1,4% al 3,75% y luego al 3,50% de los recursos coparticipables, hasta que el actual presidente derogó aquel decreto de Macri y luego el Congreso fijó el porcentaje nuevamente en 1,4% a fines de 2020, esos recursos no hicieron que bajaran los impuestos que pagan los porteños, más bien lo contrario, los 800.000 pobres de la Ciudad siguen existiendo y creciendo, y el presupuesto educativo se mantiene en los niveles más bajos de la historia, por citar algunos ejemplos.

El factor regional
En otro orden, la asunción de Lula Da Silva en Brasil es un hecho sumamente trascendente por la importancia que tiene Brasil en el continente y por el nivel de liderazgo de Lula. No es un presidente más, sino la figura más trascendente del continente, por su historia, por su legitimidad y por su firmeza, que le permitió derrotar el contubernio de una justicia del lawfare asociada a los grandes intereses económicos, que llegaron a condenarlo y encarcelarlo. Sin embargo, volvió a triunfar en las elecciones y logró ser presidente por tercera vez.
El hecho que el expresidente de ultraderecha, Jair Bolsonaro, haya logrado reunir una cantidad enorme de votos en la elección no cambia lo más determinante del acontecimiento: Brasil será conducido en los próximos cuatro años por un presidente progresista que seguramente fortalecerá la restitución de los lazos americanistas de la CELAC, la UNASUR y el MERCOSUR.
Se corona así un proceso en el continente de triunfos electorales de los frentes progresistas contra las propuestas neoliberales y de derecha, más allá de que esos gobiernos deben enfrentar el acoso del poder real, fundamentalmente el económico y el mediático, tal como podemos observar en estos tiempos en la Argentina.
Se ha creado una gran expectativa con el regreso de Lula Da Silva, su liderazgo fortalece todos los proyectos progresistas de la región, los lazos regionales y las posibilidades de acciones comunes que refuercen la perspectiva soberana en tiempos que asoman como decisivos en la región y en el mundo. 

Poder Judicial. Rosatti y Rosenkrantz, presidente y vice del máximo tribunal: avanzada sobre el Legislativo y el Ejecutivo.

Foto: NA

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