10 de enero de 2026
El Gobierno vuelve a recurrir a un préstamo de corto plazo para afrontar un pago de deuda. Gana tiempo hoy a costa de comprometer el año próximo, saturado de vencimientos. Cancelación del swap con Estados Unidos.

Caputo. El ministro cancela vencimientos con nueva deuda.
Foto: NA
El anuncio del nuevo REPO (préstamo de bancos internacionales contra garantía en títulos públicos) por 3.000 millones de dólares, concretado esta semana por el Banco Central (BCRA) vuelve a dejar al descubierto el esquema de parches con el que el Gobierno viene administrando sus compromisos financieros. La estrategia de la dupla Caputo-Bausili, a la espera de que el país vuelva a acceder al mercado financiero internacional, se basa en renovaciones de corto plazo, REPO, canjes y postergaciones parciales que permiten sortear los pagos inmediatos, pero concentran compromisos en los años venideros. En particular, en 2027, un año que ya se muestra cargado de vencimientos y que además será atravesado por el calendario electoral.
En ese mismo camino, el viernes 9 el propio BCRA, expuesto tras el posteo del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, comunicó oficialmente que, en diciembre pasado, canceló las operaciones realizadas durante el cuarto trimestre de 2025 con el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, bajo el acuerdo de estabilización cambiaria −más conocido como swap− por 20.000 millones de dólares anunciado el 20 de octubre de 2025. Son 2.541 millones dólares que formaron parte del salvataje que el presidente norteamericano Donald Trump le extendió al gobierno de Javier Milei en la previa de las elecciones legislativas, en un contexto complicado para la administración libertaria. Como es costumbre en la gestión de Caputo al frente del ministerio de Economía, este «pago» no es más que un cambio de acreedor. Se tomaron fondos prestados del Banco de Basilea para cancelar el crédito con Estados Unidos.
Volvamos al REPO anunciado apenas dos días antes del pago de capital e intereses de Globales y Bonares por cerca de 4.200 millones de dólares. La operación se cerró a una tasa equivalente a 7,4%, con un plazo de 370 días y con bonos Bonar 2035 y 2038 como garantía. En términos financieros, la tasa resultó inferior a la de los REPO previos de 2025 y el cambio de colateral fue leído por el mercado como una mejora relativa en la percepción de riesgo. Sin embargo, el plazo vuelve a marcar el límite del esquema: se trata de deuda que vence dentro de un año y que, por definición, deja de computar como refuerzo de reservas netas casi de inmediato, de acuerdo con información provista por la consultora especializada 1816.
El uso del REPO respondió a una restricción concreta: la falta de dólares propios para afrontar el vencimiento sin afectar de manera más profunda las reservas. El Tesoro combinó fondos disponibles en sus cuentas, ingresos extraordinarios –como los 500 millones de dólares de la privatización de activos energéticos– y la compra de divisas al propio Banco Central. El resultado fue un pago que nunca estuvo en duda en términos operativos, pero que volvió a mostrar que la solvencia externa descansa en mecanismos transitorios.

Dólares a corto plazo. Sin un ingreso legítimo de divisas, las estrategias se reducen cada vez más.
Foto: Shutterstock
Punto crítico
Frente a vencimientos en moneda extranjera, el Gobierno, sin reservas líquidas netas disponibles, se ve obligado a refinanciar, renovar o canjear instrumentos antes que cancelar con dólares genuinos. Las Lelink son un ejemplo. Esta semana se canjearon también letras atadas al dólar con vencimiento el día 16 por otras que expiran a fin de mes, una extensión mínima que reduce tensiones inmediatas, pero no altera el volumen total de compromisos.
Según estimaciones de la consultora 1816, tras la firma del nuevo REPO los vencimientos en moneda extranjera del Tesoro y del BCRA en 2027 ascienden a unos 21.100 millones de dólares, incluso asumiendo la renovación de obligaciones con organismos y el refinanciamiento de tramos de swaps activados. Ese número no es estático: cada vez que el Gobierno renueva deuda de 2026 a un plazo de un año, traslada vencimientos hacia 2027, sumándolos a un año que ya parte cargado. Se gana tiempo hoy a costa de comprometer el mañana.
El punto crítico es que 2027 no será un año cualquiera. Será un año electoral, con un Gobierno que llegará condicionado por decisiones tomadas en la primera mitad del mandato. La acumulación de vencimientos en ese período reduce márgenes de maniobra fiscal y financiera y deja menos espacio para administrar tensiones cambiarias o shocks externos sin recurrir nuevamente a esquemas de emergencia.
El contexto monetario no ayuda a disimular estas tensiones. La política de contracción de pesos, con ventas de instrumentos del BCRA y del Tesoro que superan la inyección vía compras en el mercado cambiario, mantiene tasas elevadas y volatilidad en la curva en moneda local. En paralelo, los depósitos en dólares del Gobierno se redujeron y creció la cobertura cambiaria a través de futuros y bonos dólar linked.
La reacción del mercado al REPO fue moderada. La baja de la tasa y el cambio de colateral evitaron un impacto negativo inmediato, pero no generaron una mejora sostenida en los precios de los bonos. Por el contrario, tras el anuncio los títulos en dólares operaron mayormente a la baja, en línea con un contexto regional también adverso. La atención se desplazó rápidamente a lo que ocurrirá con los dólares que cobrarán los tenedores privados tras el pago: si se reinvertirán en activos argentinos o si volverán a salir del sistema, como ocurrió en cupones anteriores.
En este marco, la posibilidad de volver a los mercados internacionales de deuda aparece como la única alternativa de fondo para recomponer el perfil de vencimientos. Sin acceso a financiamiento de mayor plazo, la estrategia de REPOS y canjes seguirá concentrando obligaciones en el corto y mediano plazo. Algunos informes y analistas interpretan que la compresión del spread (diferencia) del REPO podría anticipar una eventual emisión externa en 2026, probablemente con bonos de mayor duración (vencimientos más alejados). Pero esa ventana depende de condiciones que actualmente no están garantizadas, como la estabilidad macro, la acumulación de reservas y una señal clara de sostenibilidad fiscal y externa.
El calendario de vencimientos se vuelve más pesado en 2027, un año atravesado por la disputa política y con menor margen para decisiones impopulares. El REPO anunciado esta semana no cambia esa dinámica. Solo confirma que, sin dólares propios ni acceso pleno al crédito, la deuda se administra pateando vencimientos hacia adelante y esperar el milagro de la vuelta a los mercados financieros internacionales.
