2 de enero de 2026
En un Gobierno abiertamente promercado, la inversión extranjera directa cayó por primera vez desde 2003. Firmas de capital multinacional pasan a manos de compradores nacionales.

La última venta del año. Profertil, 50% bajo control de Adecoagro y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA). El porcentaje restante en manos de la canadiense Nutrien.
Por primera vez desde 2003, la Inversión Extranjera Directa (IED) en Argentina muestra un saldo acumulado negativo. Entre enero y noviembre de este año, de acuerdo con la serie mensual en valores constantes preparada por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), hubo una salida neta de fondos por US$1.521 millones. Este comportamiento, además de distinguir al país de sus pares regionales, donde la IED crece, marca un hito estadístico: ninguna otra medición de la serie presentada registra un rojo como el segundo año de la gestión libertaria. La serie mensual de la IED contiene solo cinco meses de déficit, todos fueron bajo la presidencia de Milei y se acrecentaron en 2025. La explicación técnica, según el BCRA, reside en que el saldo negativo tiene como origen la salida de divisas generada por empresas propiedad de no residentes que han transferido sus operaciones locales. Este movimiento se materializó en una serie de ventas de activos y transferencias de control a compradores nacionales.
Y si bien es un movimiento transversal que afecta a distintos sectores, los más relevantes tuvieron lugar en los rubros de energía, banca, consumo masivo y telecomunicaciones. Vayan solo algunos ejemplos: Exxonmobil, Petronas y Total Energies; HSBC; Procter & Gamble y Carrefour. Por último, Telefónica Argentina consolida la tendencia. Para cerrar el año, la confirmación del cierre de la venta de Profertil, una de las principales productoras de fertilizantes del país, resalta el proceso vigente de transferencias de control de compañías con capital extranjero.
Impresiona al menos como llamativo este valor negativo, cuando desde su asunción, el proyecto económico del Gobierno libertario apostó fuerte a abrir las puertas del país de par en par a las inversiones extranjeras, para facilitar el ingreso de grandes capitales y acelerar las exportaciones en el corto plazo. En esa senda, en la primavera de 2024 el mismísimo presidente de la Nación, caminando por las oficinas de la principal plataforma de e-commerce en Puerto Madero, aseguró: «Son las inversiones del sector privado las que generan riqueza y empleo».

Salida de recursos. Se revirtió el flujo tradicionalmente positivo de entrada de divisas y apalancamiento productivo.
Foto: Horacio Paone
Curva descendente
Lejos, muy lejos, queda la década del 90 –tan rescatada por el actual Gobierno–, con una IED récord de la mano de las privatizaciones. Pero no es necesario retroceder tres décadas. El promedio anual de IED para 2016−2019 permaneció en US$ 3.235 millones, mientras que el de 2020−2023 arrojó US$ 953 millones. De cerca de mil millones de dólares a invertir la tendencia de la curva: −US$ 1.521 millones. Sin dudas, aunque golpee de lleno en uno de los supuestos pilares de crecimiento del Gobierno, es un cambio estructural en la dinámica de capitales corporativos. De un flujo tradicionalmente positivo, que implicaba entrada de divisas y apalancamiento productivo, se pasó a uno que opera como un canal de salida de recursos.
La consultora PxQ, del exviceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, publicó un informe donde advierte que la dinámica de desinversión o venta alcanzó a los sectores con mayor participación de capital extranjero y combinó factores internos y cambios en el contexto internacional. A nivel local, el diagnóstico tiene como eje la alta incertidumbre, las restricciones cambiarias persistentes, las trabas para la remisión de utilidades y un clima regulatorio percibido como hostil. Y señala que la contracción reflejó tanto ventas de empresas como retiros parciales de capital. Este accionar evidenció una reducción sostenida de la exposición privada al mercado argentino. Y si bien en el primer semestre de 2025, agrega el informe, el 42% de las fusiones y adquisiciones del mercado argentino tuvo como protagonistas a compradores internacionales, la mayoría de los activos vendidos por las multinacionales pasaron a manos de grupos de control local. La información consolidada mes a mes refuerza la sensación de que el nuevo ciclo terminó por consolidar un escenario en el que los capitales que aún permanecen consideran la opción de desinvertir parte de su portafolio o vender activos completos, advierte el trabajo de la consultora. Ni tan siquiera el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), anunciado con bombos y platillos, que suma adhesiones a cuentagotas y que demoran en ponerse en marcha, aunque logró desacelerar el ritmo de las partidas, no pudo revertir la tendencia predominante.
El hito negativo de la IED puso en evidencia dos importantes cambios: por un lado, en la estructura empresaria argentina. Y por otro, en el flujo de capitales globales hacia el país.
