Economía | AGROINDUSTRIA

Pronóstico variable

A un año signado por el alza de precios de los principales granos exportables le sigue otro donde la sequía conspira contra la obtención de divisas por parte del Gobierno.

Complejo agroexportador. Liquidó el año pasado un récord absoluto de 40.438 millones de dólares, un 22% más que en 2021.

Foto: NA

La posibilidad de que 2023 sea un buen año en términos económicos estará signada por el desempeño que pueda tener el sector agroindustrial, principal aportante de divisas para el país. 2022 finalizó con niveles récord de liquidación de divisas, a partir del alza extraordinaria en las cotizaciones de los principales granos exportables, derivada de la guerra entre Rusia y Ucrania. El complejo agroexportador liquidó durante todo el año pasado un récord absoluto de 40.438 millones de dólares, un 22% más que en 2021, según informó la cámara que aglutina a las principales empresas aceiteras y cerealeras. Las exportaciones de economías regionales aportaron 12.184 millones de pesos. Por su parte, en los primeros diez meses del año, el ingreso de divisas de las exportaciones agroindustriales aumentó un 10% interanual medido en dólares, de acuerdo a informes de la Bolsa de Comercio de Rosario.
El año comienza con más interrogantes que certezas. Probablemente, la economía deberá afrontar los efectos de la sequía, que llevó a reducir el saldo exportable del trigo y complica, con creces, la campaña de maíz y soja, y tiene a la ganadería al borde de una liquidación masiva del stock vacuno. Hasta el momento, los pronósticos más desalentadores advierten que la caída en el ingreso de dólares, respecto de 2022, podría ser de alrededor de 15.000 millones de dólares. Un dato que ocupa y preocupa tanto al campo como al Gobierno. Sin embargo, la fortaleza de los precios internacionales podría brindar cierto alivio. La buena noticia para la economía puede venir de la mano de los precios internacionales de los granos, en caso de que se mantengan altos. Parte de esos 15.000 millones de pesos que se dejarían de percibir por la menor producción podrían ser compensados, en parte, por mejores valores internacionales. O mejor dicho, con el sostenimiento de los precios que se evidenciaron en la recta final de 2022.

Cosecha 2022
Con dos ediciones del Dólar Soja, que implicó ofrecer un tipo de cambio diferencial para el rubro agroindustrial, los exportadores liquidaron en diciembre pasado un total de 3.154 millones de dólares, un volumen que le dio el último empujón al ingreso de divisas del sector. El complejo agroexportador liquidó así, durante todo 2022, un récord absoluto de 40.438 millones de dólares, un 22% más que un año atrás, según informó la cámara que aglutina a las principales empresas aceiteras y cerealeras (Ciara-CEC).
Para los exportadores, se ofreció un tipo de cambio diferenciado de 200 pesos por dólar en septiembre y de 230 pesos en diciembre, mientras que el sobrecosto pagado por cada billete verde (entre el precio oficial y el otorgado al sector) tuvo como destino financiar créditos para pequeños productores y economías regionales. Mientras las principales corporaciones agropecuarias presionaron al Gobierno durante todo el año para mejorar sus beneficios mediante la retención de sus cosechas, el sector logró extraordinarias ganancias sin que ese resultado fuese por mejoras en su productividad. Según apuntó un informe del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), entre enero y noviembre las exportaciones alcanzaron los 51.570,1 millones de dólares, representando una suba del 9,1% respecto al mismo período de 2021, con una incidencia importante del complejo sojero, que aportó el 40,9% del total de las divisas que ingresaron al país.
Estas cifras deberían explicar una mejora en términos de productividad para el sector, pero no fue el caso, señaló a este medio una fuente de la cartera de Agricultura. Los niveles de actividad del agro fueron negativos y se contrapusieron al resto de la economía durante 2022, pero los efectos alcistas de la guerra en Europa sobre los precios de las materias primas propiciaron ganancias extraordinarias que fueron capitalizadas. Según las últimas cifras disponibles del INDEC, la molienda de oleaginosas descendió un 12,8% a nivel interanual. A pesar de atravesar un año sin saltos de productividad, las exportaciones superaron los 50.000 millones de dólares por la abrupta suba de precios en materias primas, especialmente durante el primer semestre.
A esta situación se suma que el ingreso de divisas de las exportaciones agroindustriales aumentó un 10% interanual medido en dólares. De acuerdo con el último informe de la Secretaría de Agricultura, la participación de los productos agropecuarios, exceptuando commodities como la soja, el maíz, el trigo y el girasol, representó el 24% de los ingresos por exportaciones, que acumulaban hasta octubre de 2022, 46.347 millones de dólares. Frente al reclamo del resto de los productores agropecuarios, para las economías regionales se lanzó, con parte de la recaudación que generó el tipo de cambio diferencial (Dólar Soja), créditos y ayudas para el sector, vinculado directamente con el consumo interno de alimentos.

Proyecciones
El campo y la economía se enfrentan al desafío de mitigar en 2023 el impacto de la sequía. Según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), este año comenzó con una fase del fenómeno La Niña, presente desde fines de 2021, que se mantiene activa hasta la actualidad, lo que lo convierte en el tercer episodio consecutivo con esta condición climática adversa. El SMN identificó 22 millones de hectáreas en situación de sequía severa en el territorio nacional, una magnitud muy considerable si se tiene en cuenta que la superficie cultivada es de aproximadamente 36 millones de hectáreas. Las mayores anomalías hídricas se concentran en el centro de Buenos Aires, gran parte de Córdoba, centro y sur de Santa Fe, San Luis y oeste de Entre Ríos. «Esta situación ya provocó grandes pérdidas en la producción de trigo, un gran retraso en las fechas de siembra de soja y maíz, afectación en frutales y un gran impacto también en la actividad ganadera, con descarga de campos, ventas de vientres y aumento de los requerimientos de suplementación forrajera», señala el Banco Central en su informe de objetivos y perspectivas en materia económica.
De acuerdo con los modelos dinámicos y estadísticos del SMN, en promedio, en los próximos meses hay 76% de probabilidades de que se mantengan las condiciones del fenómeno La Niña, con pronóstico de precipitaciones inferiores a lo normal y temperaturas más elevadas. A la falta de humedad en los suelos se agregaron, entre finales de octubre y los inicios de noviembre pasados, fuertes descensos de temperatura que provocaron heladas tardías en varias zonas del país e impactaron negativamente en muchas economías regionales.
El informe de la autoridad monetaria destaca la pérdida de cerca del 20% de la producción agrícola de Mendoza, los significativos daños en plantaciones de melones, tomates y uvas en San Juan y, en el Alto Valle de Río Negro, los viñedos, cerezos, nogales y plantaciones de zapallos. También la situación es particularmente compleja en Salta, Formosa y Tucumán. En este contexto, las perspectivas de corto plazo para el sector agropecuario vuelven a ser desfavorables.
La caída productiva de la soja y el maíz podría ser compensada por altos precios internacionales. En la última semana de diciembre la soja superó ampliamente en el mercado de Chicago los 550 dólares por tonelada y el maíz quedó muy cerca de los 270 dólares. Allí se abre una ventana de oportunidad para la economía, pero también un signo de interrogación para los productores. Es que aquellos que pierdan gran parte de su cosecha, difícilmente puedan lograr un equilibrio de la mano de mejores valores internacionales. Un Estado presente para los pequeños y medianos agricultores será un factor clave.
En el sector de ganados y carnes, la sequía también está metiendo presión en el inicio de este 2023. Algo ya se descuenta de cualquier manera y es que habrá menor disponibilidad de carne en el mercado interno que, si bien podría hacer subir los precios que recibe el productor por el animal en pie, también impactará de lleno en los bolsillos de los argentinos que pagarán la carne vacuna más cara. Hasta diciembre último se estimaba que la mitad del stock vacuno argentino se encontraba comprometido por efectos de la sequía. Como consecuencia, los productores aceleraron el envío de animales a faena, generando así una nutrida oferta para el mediano plazo, según un informe de Rosgan. 2023 inicia con precios estables para la carne, pero el panorama puede ser complejo con el correr de los meses.


Cristian Carrillo