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Adiós a los BRICS

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Néstor Restivo

El país desperdicia una gran oportunidad al renunciar a un bloque estratégico en un escenario multipolar y en el que participan varios de sus socios comerciales.

Agosto, Sudáfrica. La reunión del grupo en la que se aprobó el ingreso de Argentina, ahora revertido por el Gobierno de Milei.

Foto: Getty Images

«En una decisión lamentable, propia de una política exterior ultraideologizada, el Gobierno decidió no ingresar a los BRICS. Este bloque expresa al mundo emergente que crece, en contraste con el estancamiento relativo de la mayor parte de Occidente y el Norte Global», twiteó apenas conocida la noticia del No a los BRICS anunciada por el presidente Javier Milei el investigador del Grupo China en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, del Conicet y de la Universidad Nacional de La Plata, Gabriel Merino, uno de los estudiosos más enfocados en el tema. «Desalineamiento catastrófico», resumió quien comparte las mismas pertenencias institucionales, Sebastián Schulz.
La decisión conocida en las últimas horas del año que acaba de terminar era esperada por lo dicho en campaña por Milei acerca de los feos, sucios y malos «comunistas» y de su alineamiento incondicional con Estados Unidos, Israel y el «mundo libre» con el que alucina el jefe de Estado. No por previsible deja de ser una noticia de impacto.
Analistas de las relaciones internacionales reaccionaron de inmediato cuando se conoció la carta en la que Milei le expresó a sus pares del grupo que «la impronta en materia de política exterior del Gobierno que presido desde hace pocos días difiere en muchos aspectos de la del Gobierno precedente» y que por lo tanto «en esta instancia no se considera oportuna la incorporación de la República Argentina al BRICS».

Argentina, afuera
Merino publicó un sintético cuadro donde se observa cómo en pocos años, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) superaron desde 2020 al producto interno bruto (PIB) generado por los países del Grupo de los 7, que en su momento fueron las siete mayores economías del mundo pero que ya no lo son, aunque conserven su nombre y sobre todo su altanería y «el dolor de ya no ser», como dice un tango. Los BRICS, ahora con cinco socios más, todos ellos grandes productores energéticos y alimenticios, representarán a partir de este 2024 un poder todavía superior. Y Argentina, que era el sexto invitado, se quedó afuera de un armado con más de 40% de la población mundial y una creciente porción de la producción y el comercio planetarios.
También el exembajador argentino ante la Organización de Estados Americanos Carlos Raimundi condenó la decisión en la misma línea: Milei «abandona» a los principales socios comerciales de Argentina y se abraza a «quienes han gobernado la unipolaridad agonizando», cuyo vértice es «el capitalismo financiero globalizado» y «la OTAN, potencia usurpadora de nuestro territorio en Malvinas y el Atlántico Sur».
Sintomáticamente, poco antes del anuncio del jefe de Estado la canciller Diana Mondino, exdirectora de la agencia de calificación de créditos estadounidense Standard and Poor’s –y quien pocos días antes había visitado la embajada británica en Buenos Aires para sumarse a las celebraciones por el cumpleaños del rey Carlos III–, había visitado París, donde está la sede de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), otro de los «clubes» occidentales a donde quisieran pertenecer quienes forman hoy el Gobierno argentino, todos encandilados por (y enganchados a los intereses de) las luces parisinas tanto como por las de la City de Londres o las de Wall Street en Nueva York. La OCDE ni siquiera tiene un banco de financiación de proyectos de infraestructura como sí tienen los BRICS, el Nuevo Banco de Desarrollo.

Del Atlántico al Pacífico
En efecto, en su rechazo a los BRICS, Argentina se pierde una gran oportunidad de acceso a préstamos blandos, además de formar parte de un espacio de pares del Sur Global, en lugar de reincidir en una supuesta pertenencia a los países desarrollados que no le aportaron demasiado a la Argentina en toda su historia, más bien lo contrario, o cuando lo hicieron fue a cambio de costos tan elevados, muchas veces propios de un esquema colonial y de centro-periferia.
China, Brasil, India, por ejemplo, no solo están ahora dentro de las economías más grandes del mundo, sino que son mercados importantes para Argentina, claves para varias provincias: ocho de ellas tienen como principal destino de sus exportaciones al gigante asiático, cuatro al mercado brasileño, y San Juan o Santa Fe han tejido también buenos lazos con India. Aunque no está en los BRICS, Vietnam es hoy el sexto socio comercial argentino, otro dato que permite calibrar cómo es ahora el Pacífico y ya no el Atlántico la región que marca el ritmo de la economía mundial.
Mientras la relación histórica y subordinada que nuestro país ha tenido con Estados Unidos y Europa se ha estancado o deteriorado, el peso de Asia y del vecino Brasil ha aumentado hasta ser determinante para sectores como el agropecuario, el automotriz, el minero, el energético.
No es que Argentina vaya ahora a dejar de comerciar con los países del BRICS por no ser parte del bloque –de hecho, en la carta de Milei dice que se buscará «la intensificación de los lazos bilaterales con (cada) país, en particular el aumento de los flujos de comercio e inversión», y hasta expresa el deseo de visitar a sus pares; pero claramente en el rechazo a ser miembro hay un detrimento de las posibilidades de ampliar las relaciones, el intercambio de más y mejores bienes y servicios, las inversiones, la cooperación financiera y de ejercer una voz y acciones concretas desde ese lugar y de cara a los grandes problemas que enfrenta la humanidad, desde las guerras y las crisis migratorias hasta el cambio climático y el poder brutal de las corporaciones.

Otra película
Los BRICS son un espacio en formación impugnador de ese cuadro de situación y a favor del multipolarismo; el Occidente decadente, en cambio, es legitimador del (des)orden existente y sus poderes cada vez más concentrados y extraterritorializados, parte esencial de todas y cada una de esas calamidades.
«Unos BRICS ampliados –argumentó el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa cuando, en su país, el bloque anunció su ampliación hace poco más de tres meses– representarán un grupo diverso de naciones con diferentes sistemas políticos que comparten un deseo común de tener un orden global más equilibrado». Por su parte, el líder chino Xi Jinping, quien más había empujado para incorporar a la Argentina, afirmó en Johannesburgo: «El mecanismo BRICS, una plataforma de cooperación clave para los mercados emergentes y los principales países en desarrollo, se ha convertido en una fuerza constructiva para el crecimiento económico mundial, una mejor gobernanza global y una mayor democracia en las relaciones internacionales», dijo Xi, quien propugna una «comunidad de futuro compartido».
El brasileño Lula, por su parte, dijo que «ahora el BRICS es más fuerte que el G7. En 1995 los países del G7 tenían el 45% de participación en el PIB mundial por paridad de compra y el BRICS el 16%. Ahora el BRICS tiene el 32% y el G7 el 29%. El BRICS pasó a ser una cosa más poderosa, más fuerte, más importante. Creo que el mundo no será el mismo después de la ampliación del BRICS, por lo menos en las discusiones económicas globales». Pero Argentina estará mirando otra película. El país desperdicia una gran oportunidad al renunciar a un bloque estratégico en el marco de un escenario multipolar y en el que participan varios de sus principales socios comerciales.

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