2 de abril de 2025
Considerados como túneles que unen dos puntos del universo, los agujeros de gusano fueron descritos por Albert Einstein pero su existencia no fue demostrada. Hallazgo de científicos argentinos.

En estudio. En su Teoría de la Relatividad General, Einstein postuló en sus ecuaciones la idea de pasajes en el espacio-tiempo que conducirían de un punto a otro del cosmos.
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Si hay algo que la Teoría de la Relatividad General produce en quien intenta acercarse a ella, es asombro. No solo por su capacidad de describir objetos muchas décadas antes de que se comprobara su existencia en el universo, como los agujeros negros y las ondas gravitacionales, sino porque su estudio también deja signos de pregunta abiertos. Por ejemplo, ¿cómo podríamos detectar, si existieran, los llamados agujeros de gusanos descritos por la teoría de Albert Einstein?
Un trabajo de especialistas del Conicet y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) publicado en la revista científica The European Physical Journal C lo logró, al identificar un fenómeno astrofísico que permitiría comprobar su existencia: chorros electromagnéticos que emergerían de esos objetos tan popularizados por el cine y la literatura, considerados puentes entre puntos distantes del universo que permitirían, hipotéticamente, viajar en el tiempo.
«Un agujero de gusano no es un “pozo infinito” en el espacio, sino un túnel que puede ser atravesado y conecta dos regiones diferentes del universo. A diferencia de los agujeros negros, no sabemos si existen en la naturaleza. Sabemos, sí, que hay soluciones de las ecuaciones de la Relatividad General que describen cómo serían estos objetos. Y desde hace más de 30 años los físicos tratan de determinar cómo serían sus manifestaciones astrofísicas en caso de existir. Nuestro estudio propone una manera de detectarlos en caso de que existan», explicó Gustavo Romero, uno de los autores del hallazgo, investigador superior del Conicet y director del Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR, Conicet-CIC-UNLP).
En esta investigación, Romero trabajó con la investigadora del Conicet Daniela Pérez y el licenciado en astronomía Milos Ertola Urtubey, también del IAR, quienes lograron revelar un aspecto inédito de los agujeros de gusano. «Básicamente mostramos que si un agujero de gusano rota sobre su eje (tal como lo hacen casi todos los objetos astrofísicos) arrastra consigo los campos magnéticos ambientales produciendo un flujo de energía electromagnética que puede ser usado para revelar su existencia», sostiene Romero.
Según explicó Pérez en diálogo con Acción, lo que hicieron fue, en el marco de estos objetos conjeturales, probar mediante modelos físico-matemáticos que en los agujeros de gusano podrían evidenciarse estos chorros electromagnéticos. «Alrededor de un agujero de gusano hay gas caliente, polvo, campos magnéticos, que a lo mejor son producto de una estrella que se está devorando. Ahora, todo eso cae por el puente. Luego, para saber qué forma tienen esos chorros de energía, hay que hacer más cálculos, hasta ahora demostramos que pueden existir y que su energética es muy parecida a la de los agujeros negros», detalla la doctora en Astronomía.
Los agujeros de gusano son objetos conjeturales, no se sabe si existen o no en el universo y surgen como soluciones a las ecuaciones de Einstein, en su Teoría de la Relatividad General. Se conciben además como una suerte de puente que conecta dos regiones distintas del universo.
«En lo cotidiano vivimos en un espacio de tres dimensiones y el tiempo corre en una dirección que no podemos detener, eso es lo que se suponía hasta el siglo XX. Con la llegada de la Relatividad General, Einstein pudo demostrar que espacio y tiempo son una misma cosa. Todo lo que sucede en el mundo se desarrolla sobre ese espacio-tiempo, que podríamos representar como una suerte de sábana donde se pueden apoyar diversos objetos y dependiendo del “peso” de los mismos, esa sábana se va a curvar de distinta manera, más o menos. Las ecuaciones de la relatividad general se refieren a cuánto se curva la sábana dependiendo del contenido de materia y energía de esos objetos. Ahora, la gravitación de un agujero negro es tan fuerte, que esa sábana se curva infinitamente, se hace como una suerte de pozo y se llega a determinado punto donde no se puede saber lo que pasa. Un agujero de gusano, en cambio, lo que permite es conectar dos puntos de esa sábana, alejados, por eso es como un puente entre dos puntos del espacio-tiempo», describe Pérez.
Así como la existencia de los agujeros negros, esos objetos astronómicos cuya fuerza gravitacional enorme hace que ni la luz pueda escapar de ellos, tardó unos 100 años en ser comprobada, el paso dado por los científicos argentinos puede muy importante para demostrar la existencia de los agujeros de gusano, aunque aún queden misterios por resolver. Por ejemplo, el hecho de que para mantenerse estables tienen que estar formados por un material que ejerza repulsión gravitacional, la llamada materia «exótica» aún no detectada y cuya característica principal es tener densidad de energía negativa.
La gran pregunta que desvela a gran parte de la humanidad queda flotando entonces en el aire, o en el espacio, mejor dicho: ¿Se podría viajar en el tiempo?
«Al ser puentes –concluye Pérez–, y si se pudieran construir con este material exótico, aún no hallado en la naturaleza, no habría ningún problema para ir de un punto A a un punto B, el ser humano sobreviviría, a diferencia de lo que ocurre en un agujero negro. Las distancias en el universo son enormes, viajando a la velocidad de la luz podrías llegar en una vida humana, en algunos casos. Usar los agujeros de gusano como máquinas del tiempo también sería posible, porque si lográsemos construirlos, se podrían sincronizar las bocas, puerta de entrada y salida, o desincronizarlas, que el tiempo transcurra de manera distinta en la boca A que en la B. Suena a ciencia ficción, pero no hay violación de las leyes de la física; lo que permite además esta clase de estudios es que dentro de las leyes de la física que conocemos hoy, que son fundamentales y permitieron tener la tecnología que tenemos, se puede estudiar cuáles son sus límites».