Sociedad | RELACIONES

Amar después de la pandemia

El COVID-19 potenció el uso de las apps de citas. Pasado el riesgo, los usuarios se enfrentan al encuentro cara a cara. Nuevas búsquedas y sexualidades.

Foto: Shutterstock

«El deseo necesita tiempo para germinar, crecer y madurar. A medida que el “largo plazo” se hace cada vez más corto, la velocidad con que madura el deseo, no obstante, se resiste con terquedad a la aceleración; el tiempo necesario para recoger los beneficios de la inversión realizada en el cultivo del deseo parece cada vez más largo, irritante e insoportablemente largo», de Amor líquido, de Zygmunt Bauman.
Casi dos décadas pasaron desde que el sociólogo y filósofo polaco planteara que también las relaciones amorosas quedaban empapadas por esta lógica de lo efímero, lo pasajero, lo veloz y obsolescente, y sus palabras siguen resonando en medio de un fenómeno cada vez más palpable como es el de la soledad instalada, cómoda y amenazante, en las sociedades actuales. Tan es así que países como el Reino Unido o Japón han creado ministerios para combatirla, porque el aislamiento también puede derivar en problemas de salud, sobre todo mental.
La pandemia y la necesidad de extremar los cuidados sanitarios llevaron al distanciamiento social y quienes pasaron cuarentenas en sus casas, y sobre todo quienes vivían solos, sintieron más que nunca la necesidad de la presencia del otro. Tan elevado era el peligro de contagio que desde la propia cartera sanitaria recomendaban el sexo virtual y la masturbación. En tanto, para las apps de citas el panorama no pudo ser más auspicioso, la más famosa alcanzó a nivel global en marzo de 2020 los 3.000 millones de swipes (desplazamientos a la derecha), e incluso el uso del videochat subía del 6% al 70%. Pero pasado el confinamiento y el miedo, al calor de la vacunación masiva y la mutación que el COVID-19 fue teniendo, la nueva normalidad trae consigo, al parecer, la necesidad de volver a las relaciones cara a cara.
Una encuesta realizada por la app Inner Circle entre el 17 y el 30 de mayo de este año sobre 1.949 personas reveló que el 61% de los argentinos prefiere conocer gente en la vida real. Aún así, y acá viene el dato contradictorio, el 57% afirma que desde el advenimiento de las aplicaciones de citas, y las redes sociales en general, las personas son mucho menos sociables en las salidas nocturnas, por ejemplo.
«Creo que esto podría explicarse porque la virtualidad y la exposición en las apps de citas agotó un poco. Ahora bien, el encuentro cara a cara pasa a ser un espacio deseado después de esta situación, pero al mismo tiempo se perdió la expertise de encontrarse en forma presencial, del cortejo, del verse e iniciar una charla», señala en diálogo con Acción Mariana Palumbo, socióloga e investigadora del CONICET que desde hace varios años estudia los vínculos en las apps de citas.
En 2016, un año antes de su muerte, Bauman opinaba en una entrevista con el diario El País que con las redes sociales existe una suerte de trampa, porque no se crea comunidad, y que «la gente se siente un poco mejor, porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo».

Ventajas y desventajas
Esteban tiene 38 años, es gay y se separó recientemente de su única relación estable que duró un par de años y que empezó a través de una app. «Mi primera cita a través de la app fue horrible, muy diferente a como recordaba aquella primera cita de la adolescencia con un chico que conocí en un bar a la salida de una biblioteca. Fue una linda cita porque ya habíamos hablado antes, recuerdo que me invitó a almorzar y todo fluyó. En cambio mi primer encuentro por la app fue rara, nos desencontramos, porque no nos reconocíamos, tuvimos que describirnos cómo íbamos vestidos. Cuando lo vi era muy diferente a la foto de su perfil y además más joven de lo que me había dicho».
«Muchos usuarios y usuarias de las apps de citas proyectan una imagen de sí mismos para atraer a cierto público, es un mercado más, y creo que no está mal hablar de mercado, porque la gente no se va a vivir junta solo porque se quiere, sino porque hay un proyecto en común, está todo vinculado», sostiene Palumbo. 
Melina tiene 42 años, profesional, separada y madre de una niña pequeña. «Las apps te permiten conocer personas de distintos mundos y realidades, ahora también hay una idea de mercado de vinculación, como vidrieras de personas a disposición, algo de eso no me va. El levante cara a cara es de otra época, es verdad que se puede dar en cualquier circunstancia, pero ya no se sale con ese objetivo, además las app dan una seguridad que el cara a cara no permite, si hay rechazo queda enmarcado en ese encuentro virtual, no hay público. En mi caso con la app busco conocer personas interesantes con las que pueda llevar una amistad sexual y si bien no tuve tantas citas online, recuerdo una muy bizarra con un chabón evangelista, que quería sexo de una, sin mediar siquiera una charla cara a cara. Creo que lo mejor no me pasó aún, ahora intento levantar por mi perfil de Facebook, que tiene otro tipo de cercanía».
Luciana es madre de dos niños chicos, tiene 49 años y es viuda desde hace un año. «Con una app te animás a explorar y conocer más gente, personas con otras elecciones sexuales, te das cuenta de que hay un montón de posibilidades de vivir el sexo y las relaciones humanas, además podés tener una cita con alguien sin arreglarte, en cualquier horario del día o la noche. Tal vez llegás a cualquier hora a tu casa y tenés ganas de hablar y a alguien vas a encontrar en la aplicación. La desventaja es que hay mucho menos compromiso en estos encuentros y también es más fácil camuflar quién sos, en general la mitad de los perfiles que uno conoce son mentiras. A mí, lo mejor que me pasó fue reencontrarme con mi sexualidad, era algo que lo tenía en el fondo de mi ser, resignado y si bien el cara a cara es el levante por excelencia, a partir de una app me reencontré, descubrí una faceta mía dormida».
«Para muchas mujeres que tienen hijos a cargo, la app les permite todo un espacio de erotización que quizás con la carga laboral, de doble o triple jornada de trabajo no podrían lograr, no podrían ir a muchos lugares. Además hay algo del orden del riesgo, de encontrarse con un otro del cual no sabemos nada, porque aunque sean rápidos con las app hay filtros: se miran las otras redes sociales de la persona, sus gustos y se ve si hay personas en común. Por otra parte, creo que hoy, a diferencia del pasado, donde el casamiento era por muchos años, las historias son más zigzagueantes –concluye Palumbo–, la gente entra y sale de la vida en pareja, falta quizás saber cómo se hace».


María Carolina Stegman