Voces

La nueva brecha digital

Doctora en Comunicación por la Universidad de París VIII y especialista en Cultura Juvenil, analiza el vínculo de los chicos con las pantallas lejos de la estigmatización y propone un rol más activo de la escuela que propicie una educación para el uso reflexivo y creativo de las tecnologías.

Hace más de 15 años que Roxana Morduchowicz investiga la relación que tienen los chicos con las tecnologías. Lo que la desvelaba antes era la relación de los más jóvenes con los medios de comunicación –diarios, televisión– y ahora es la relación que tienen con las pantallas, tratando de entender además cuál es el rol que cumple la escuela en ese vínculo. Morduchowicz, quien fue la creadora y directora del programa «Escuela y Medios» en el Ministerio de Educación de la Nación, coordina actualmente el programa del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) denominado «Las Escuelas van al Cine», que busca incentivar el consumo del séptimo arte entre los estudiantes de colegios secundarios, porque, tal como afirma, «nada reemplaza la experiencia de ir al cine», pese a que las nuevas formas de consumos culturales presentes entre los adolescentes pasen por ver una «peli» en la tablet o en la computadora, incluido, también, el hecho positivo de que estas tecnologías acercan el cine a los más jóvenes. En esta entrevista con Acción cuenta qué significa ser un verdadero nativo digital y lo que implica que un chico esté alfabetizado digitalmente. Advierte, además, de los riesgos de que los chicos pasen muchas horas solos frente a las pantallas sin la compañía de sus padres y explica por qué son tan importantes las redes sociales para los adolescentes.
–Vivimos rodeados de pantallas pero les pedimos a los chicos que no estén todo el día detrás de la computadora, la tablet, la televisión y el celular. ¿No hay un doble mensaje?
–Quienes deciden el equipamiento de la casa son los adultos, entonces no puede sorprendernos que los chicos pasen su tiempo de ocio con pantallas, sobre todo cuando son los propios padres quienes eligen esta tecnología para jugar y para el tiempo de ocio de los chicos. Esto no es por una razón económica, porque es más barato comprar un diario, una revista o un libro que un segundo televisor o una segunda computadora.
–¿A qué edad un chico está preparado para estar frente a una pantalla? ¿Qué es la regla 3-6-9-12?
–Hay muchas corrientes en el mundo respecto de esto. Por otro lado, la mejor receta para responder esta pregunta la da cada familia, según su contexto social y familiar. Muchos especialistas adherimos a esta regla de 3-6-9-12, que supone que hasta los 3 años no haya ninguna pantalla. Cuando son tan chiquitos hay que priorizar las actividades motrices y el mundo real en vez del virtual. A los 3 años la primera pantalla en la vida de los chicos es la televisión, pero no solo, siempre tiene que estar con la presencia de un adulto. A los 6 se trata de incorporar la computadora y la tableta pero sin conexión a Internet, con los juegos ya bajados, a los 9 sí ya se puede dar acceso a Internet pero nunca solos y explicándoles algunos de los riesgos, y a los 12 se incorpora la última pantalla en la vida de los chicos que es el celular. Este momento es cuando los chicos comienzan a ganar en autonomía, hacen actividades solos y entonces el celular tiene sentido para tranquilidad de sus padres. Es una regla difícil de cumplir pero es lo que los especialistas consideramos que sería lo apropiado. Si no se puede cumplir, hay que tener en cuenta una segunda regla que es muy importante: mientras los chicos están en la escuela primaria no hay que equipar sus habitaciones con tecnología, de esta manera se evita que pasen más horas y que estén solos frente a la pantalla. Además, la pantalla tiene que estar en un espacio de circulación colectivo como el comedor o la cocina.

–¿Cuál es el riesgo de que las pantallas estén en la habitación de los chicos?
–El primer riesgo pasa porque puede haber más horas de uso y más en soledad. Los chicos pasan más horas por día con esa pantalla y más tiempo solos porque generalmente los padres no ingresan a la habitación. Cuando están solos sí hay mayor riesgo, pueden entrar a páginas inconvenientes, no deseadas, como las de pedofilia, pornografía, discriminación, puede pasar que vean algo que los angustia y no tengan con quién charlarlo, puede que reciban una invitación a una página y entren y que no sea conveniente.
–¿Hay más riesgo de ciberbullying, de grooming?
–Si bien no es una relación lineal, es decir, no es que por estar solos les vaya a pasar todo esto, los riesgos aumentan. El riesgo del bullying, por ejemplo, se debe a no dialogar con los chicos, ese es el otro problema, que los padres no estén al tanto del uso que hacen los chicos de las pantallas. Está muy instalado en los hogares preguntarles a los chicos qué tal te fue en la escuela hoy, pero hay que empezar a incorporar una nueva pregunta además de esa y es: ¿Qué hiciste hoy en Internet? ¿Qué te divirtió en Internet? ¿Qué te angustió? ¿Qué te molestó? Estar al tanto de la manera en que los chicos usan la tecnología y las pantallas es la prevención a cualquier riesgo. Se pueden usar todos los filtros que ofrecen los operadores pero nada reemplaza al buen diálogo familiar.
–¿Los chicos argentinos a qué edad acceden a Internet?
–En todo el mundo, no solo en Argentina, lo que pasó fue que la aparición de los dispositivos táctiles hizo que la edad de contacto de los chicos con las pantallas sea cada vez más temprana, porque es mucho más fácil deslizar el dedo por la pantalla que manejar botones. El hecho de que haya dispositivos táctiles, como una tableta o un celular, ha hecho que veamos chicos de 2 y 3 años manejando tecnología y esto no es lo recomendable.
–¿Esta situación cambia según el nivel socioeconómico?
–En algún sentido sí y en otro no. Sí para el contacto de los chicos con una tableta o con una computadora cuando tienen dos años. Por otro lado, yo recomiendo que el celular aparezca en la vida de los chicos recién a los 12-13 años y ahí, sin distinción social o económica, los chicos están teniendo un vínculo con el celular a una edad mucho más temprana porque su presencia no reconoce diferencias sociales.
–¿Es la pantalla más utilizada?
–Sí, especialmente por los adolescentes. Es la pantalla que más valoran, es la que más lamentarían perder si mañana desapareciera y es la única que por su carácter portátil los acompaña las 24 horas. Cuando el acceso a Internet a través del celular sea universal, para todos los adolescentes, algo que no está sucediendo porque no todos los chicos tienen teléfonos inteligentes, el celular no solamente se va a convertir en la pantalla más importante, algo que ya ocurre hoy, sino en pantalla única, algo que ya está sucediendo en Europa y Estados Unidos; los adolescentes hacen todo por el celular.
–A menudo se escucha decir que los chicos están aislados por la tecnología, ¿qué hay de cierto en esto?
–Esto es un prejuicio. La idea de que por la presencia de las pantallas los chicos se comunican menos, están más aislados o son individualistas no es cierta, porque el principal uso que hacen los chicos de las pantallas es para la comunicación. Los chicos que tienen menos de 18 años hoy son una generación que tiene a su disposición, además del teléfono de línea, los blogs, el mail, las redes sociales, los mensajes de texto, es decir, un conjunto de medios y modos solo para comunicarse, con lo cual los chicos de hoy se relacionan de una manera diferente y con otros fines a los de antes, pero no es que se comunican menos.
–¿Pero salen con sus amigos? ¿O solo se comunican de estas otras maneras?
–La mayoría de los chicos utiliza las redes sociales, por ejemplo, para comunicarse con relaciones existentes, es decir, con sus amigos o su familia. Refuerzan y complementan las relaciones existentes. En una encuesta reciente les preguntamos a los chicos cómo era un día divertido para ellos y la respuesta que dieron fue «salir con amigos». Entonces, sigue existiendo la sociabilidad cara a cara. Por otra parte, muchas veces son los propios padres quienes prefieren que se queden en las casas con las pantallas porque el barrio es inseguro o porque los tienen más controlados, pero si fuera por los chicos, la sociabilidad directa sería la que priorizan.
–¿Cambió la forma de aprender en la escuela a partir de la incorporación de la tecnología?
–Sí, esta es una generación a la que llamamos multifunción porque realizan muchas actividades al mismo tiempo: mientras ven televisión navegan por Internet, hablan por celular, escuchan música y hacen la tarea, todo al mismo tiempo. Es una generación de una percepción en simultáneo, no como nuestra generación que era más lineal y secuencial, una cosa después de la otra.
–¿Y todo lo pueden hacer bien? ¿La escuela capitaliza esta nueva forma de aprender?
–Es una generación que se relaciona de una manera diferente, con la simultaneidad. Cambia la forma de aprender, de informarse, de relacionarse. Las tecnologías, las pantallas, Internet, han transformado la vida diaria de los chicos. La escuela nació con Gutenberg, cuando se creó la imprenta fue necesaria una institución que enseñase a leer lo que la imprenta difundía, entonces, la escuela siempre estuvo ligada con la letra impresa, es decir, con los libros, los diarios, las revistas. Ahora la escuela tiene un nuevo desafío que ya no es distribuir información, sino enseñar a pensarla, a procesarla.

–Usted afirma que los adolescentes construyen su identidad a través de las redes sociales, ¿cómo es esto?
–Las redes sociales han cambiado la manera en que los chicos se relacionan, sobre todo con sus amigos. Antes que estigmatizarlas y condenarlas, a mí me gusta hablar de los aspectos positivos: los adolescentes están en un momento de construcción de la identidad en el que se preguntan por los demás y qué es lo que los demás van a pensar de ellos. En lo que suben y en lo que excluyen de su perfil en las redes sociales los chicos de alguna manera están pensando en el otro, en «qué quiero que los demás sepan de mí». Entonces, las redes sociales son una herramienta excelente para la construcción de su identidad y en este sentido es importante valorarlas.
–¿Al punto tal de sacrificar su intimidad?
–Sí. Los chicos cuentan mucho de sí mismos porque para ellos la privacidad no es un valor fundamental, no es tanto como la popularidad. Tener muchos amigos es uno de los aspectos que más valoran los adolescentes, y si para ser popular tienen que contar un poco más de ellos, lo hacen.
–Los consumos culturales también los hacen de forma diferente, ¿cómo puede la escuela incorporarlos en el aprendizaje?
–Efectivamente, ha cambiado la modalidad de consumo y la regla parece ser cuando quieren, donde quieren, como quieren y con quien quieren; es decir, ellos deciden cómo consumir (los productos culturales), ya no está más el menú fijo de la televisión, a los chicos no los atrae. Todo esto representa un desafío para la escuela, porque también para acceder a la información ya no solo está el libro de texto, también existe esta amplia biblioteca universal y sin límites que es Internet. Entonces, la escuela está atravesando distintos desafíos, no solamente por la manera en que los chicos se entretienen, sino también por la manera en que se informan y aprenden.
–¿Cómo ve el futuro? ¿Por dónde va a pasar la brecha digital?
–Qué va a pasar en el futuro pocos lo saben. Hace 10 o 12 años no existían las redes sociales y hoy no existe un solo chico que no esté en una red social, entonces es muy difícil predecir lo que va a suceder. Lo que sí sabemos es que las pantallas están acá para quedarse y para multiplicarse, no se vuelve atrás con la tecnología. El acceso a las tecnologías es fundamental porque fortalece la inclusión. Este acceso es un excelente punto de partida, es la manera de igualar y de que todos los chicos tengan la oportunidad, a través de la tecnología, de llegar a Internet, investigar, divertirse, entretenerse, escuchar música o ver una película. Pero también tenemos que pensar en las nuevas brechas, que ya no surgen tanto por el acceso, porque las netbooks han ayudado mucho y porque los chicos tienen celulares inteligentes, sino que están dadas por los nuevos usos. Si tenemos un chico que usa Internet solo para entrar a las redes sociales y para ver videos en Youtube, está haciendo un uso bastante pobre respecto de otro de sectores medios que, como tiene conectividad en su casa, hace la tarea, escucha música, ve películas, además de las redes sociales y Youtube. Tenemos que tratar de que los chicos hagan un uso diversificado, reflexivo y creativo de las tecnologías, todos los chicos, con independencia del sector social al que pertenezcan; recién ahí vamos a poder llamar a esos chicos nativos digitales, no por la fecha de su nacimiento.