2 de agosto de 2024
Aunque se cuida de no caer en un registro sentimental, se apasiona cuando habla sobre Astor Piazzolla. Y con locuacidad deja caer un monólogo que no deja de ser, finalmente, una manera de agradecerle: «Él me ayudó mucho. No era una persona fácil, pero conmigo fue solidario. Yo era apenas un estudiante de la carrera de Biología de la Universidad de Córdoba, y tenía una gran encrucijada existencial: qué hacer. Fue Astor el que me convenció de que me decidiera por la música. “Dejá la biología para los biólogos, pibe. Vos sos músico”, me dijo.
Cuando vivía en una pensión en la zona del Abasto me robaron el único bandoneón que tenía. Fue en un viaje en tren. Me afanaron.
Estaba desesperado, porque sin bandoneón no tocaba y si no tocaba no comía. Yo cubría un circuito de cantinas, buscaba el mango donde fuera. Además, era un instrumento que yo quería mucho: me lo había comprado mi viejo, con mucho esfuerzo, ahorrando pesito por pesito.
Yo no junaba a nadie en Buenos Aires, solo a Astor. Lo iba a ver mucho en vivo. Recuerdo que iba a 676, el local que quedaba sobre la calle Tucumán. Estaba totalmente poseído por su música. Un día le conté lo del robo, que me había quedado sin bandoneón. “Yo te presto uno mío”, me dijo. Fue un gesto que no olvido más. Al poco tiempo me dijo que me lo quedara, que se lo pagara cuando pudiera. Pasó el tiempo, me recuperé económicamente, y le decía una y otra vez de pagárselo.
Astor siempre me respondía lo mismo: “Dejate de joder”. Lo conservo con mucho cariño. Es un fueye hermoso».
