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Oficios en la pared

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Texto: María José Ralli - Fotos: Jorge Aloy

En la esquina de Artigas y Morón, en Flores, una fachada de 350 metros cuadrados se convirtió en un territorio de trabajo colectivo, experimentación visual y arraigo barrial. El mural Oficios y transformaciones –que crece desde 2013 sobre el frente del Centro de Formación Profesional 24 (CFP24)– es una obra monumental y a la vez el lenguaje con el que una comunidad decidió contar cómo se transforma la materia y cómo se transforman las personas.

El proyecto nació como impulso docente y terminó cristalizado en la cooperativa Esquina Mural, formada en 2022, aunque el trabajo arrastra más de una década de investigación formal, pruebas de materiales, talleres comunitarios y organización solidaria. 

«El mural está pensado desde la arquitectura. La arquitectura es un volumen, no una superficie plana que se estira y ya», explica David Correa, director artístico junto con Claudia Golzman, también impulsores del proyecto. «Pensamos en espectadores móviles y espectadores quietos. ¿Cuáles son los puntos de fuga? ¿Dónde se detiene la mirada? Hay un punto fijo que es la esquina: ahí la gente se frena para que no la pase por arriba un auto y mira el mural», cuenta David, que hace observar el mural desde la ochava diagonal, apuntando cada detalle. 

Ese enfoque –punto fijo, punto móvil– marcó el rumbo del proyecto.

Entre 2013 y 2017, el grupo estudió ritmos urbanos, fugas, bloques geométricos y desplazamientos posibles para que la obra «dialogara» con el movimiento real. «Un mural –agrega Claudia Goldzman– no es una pintura grande ni una figuración ampliada. Tiene múltiples capas: la figuración, la estructura y el estudio del volumen. La maqueta que nos guía, puesta a la altura de los ojos, nos sirve para ver cómo se va a leer el mural al caminar».


Paredes que hablan
La idea surgió con la necesidad de que la comunidad reconociera lo que ocurría dentro del CFP24. «Había muchos vecinos que vivían a tres cuadras y decían que nunca habían sabido lo que pasaba acá. Entonces pensamos que las paredes tenían que hablar», recuerda Goldzman. Para eso trabajaron con urnas por curso, donde docentes, estudiantes y vecinos propusieron temas e imágenes. El eje simbólico apareció rápido: qué entra y qué sale de la escuela.

Esa pregunta se resolvió en una estructura visual que representa oficios y procesos: cerámica, esmaltado, cocina, herrería, madera, vitrales, mosaiquismo. «La escuela recibe materia prima y la devuelve transformada; nosotros también entramos de una manera y salimos de otra», dice Goldzman.

La obra combina mosaico, vitral con vidrio horneado, herrería, madera, cemento y piezas en alto relieve. Los colores se organizan en pares complementarios –rojo/verde, azul/naranja, amarillo/violeta– para generar unidad plástica. También aparece un espiral áureo que metaforiza el tiempo y la continuidad del proyecto. Los bloques geométricos responden a una lógica monumental: «Viene de una escuela antigua que nos permite decir cosas combinando planos volumétricos y diferentes ángulos para construir un espacio plástico», resume Correa.


El origen
La historia de Esquina Mural tiene como antecedente la experiencia previa de Correa y Goldzman en la cooperativa Contraluz Mural, donde realizaron trabajos para movimientos sociales, sindicatos y fábricas recuperadas. La propuesta no prosperó y la llegada al CFP24 renovó la apuesta.

La creación formal de la cooperativa se produjo recién en 2022, en pandemia, cuando el grupo, hoy integrado por 17 personas, necesitaba una figura jurídica para sostener el trabajo y generar ingresos, aunque estos siguen siendo modestos y complementarios.

«La escuela nos presta el espacio y somos parte del CFP. Después de más de diez años acá, yo dije: “No puedo seguir siendo estudiante; o me sacan de ese lugar o generan algo jurídico”. De ahí surgió la idea de formalizar la cooperativa», cuenta Correa. Funciona, dice, como una forma solidaria de organización y aprendizaje.

El proyecto se sostiene con donaciones, materiales aportados por empresas, artistas y ceramistas y el acompañamiento del CFP24.

Entre las colaboraciones decisivas aparece el Banco Credicoop, que aportó andamios, materiales y, recientemente, una computadora.

«Los ingresos salen de donaciones, de la cooperadora de la escuela y de pequeños porcentajes destinados al grupo», puntualiza Correa.


Comunitario y en expansión
«Los martes para nosotros son sagrados», dice Correa. El trabajo es lento pero constante, y se complementa con momentos de formación y visitas a murales y obras de referencia. Nadie llegó al proyecto como especialista: «Ninguno tenía mucha experiencia en mosaico», recuerda Goldzman y añade que «todos aprendimos a cortar, esmaltar, armar piezas. Es un proceso de creación constante y de transmisión».

La Legislatura porteña declaró Oficios y transformaciones como proyecto de interés cultural, lo que le otorga un reconocimiento institucional que, por ahora, «es solo un expediente». Mientras tanto, al compás de las semanas el mural sigue creciendo;  ya avanzó por toda la calle Artigas y proyecta extenderse por Morón.

En la ochava, una figura piramidal de cuerpos asciende hasta tocar el techo y sostiene la frase que corona la obra y sintetiza su espíritu: «La igualdad como premisa, no como promesa», de Rancière. Una esfera luminosa descansa sobre una gran pirámide: la idea de que el oficio, el trabajo colectivo y la enseñanza pública pueden ser un punto de partida para imaginar nuevas formas de ser en comunidad.

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