Mundo | «NO A LA GUERRA»

Sánchez, un paso adelante en Europa

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Ricardo Gotta

Como ya ocurrió con Gaza, el presidente español rechazó el conflicto bélico promovido por EE.UU. e Israel en Irán. La ira de Trump, el impacto en la UE y la presión de la ultraderecha. Opina Juan Carlos Monedero.

Mensaje contundente. Discurso del mandatario en Soria, ciudad española situada al este de la comunidad autónoma de Castilla y León, el 7 de marzo.

Foto: Getty Images

La bravuconada del presidente de Estados Unidos Donald Trump, exigiéndole a Pedro Sánchez, su par de España, el aumento del gasto en defensa al 5% del PIB español (es del 2%) parece del pasado lejano, aunque ocurrió hace solo unos meses. La actualidad se devora todo: el sábado 28 de febrero, aún resonaba el eco del primer bombardeo sobre Teherán y el líder español debió distraer la íntima celebración de su cumpleaños 54 –nació el 29 de febrero de 1972–. Esa tarde recibió en La Moncloa a un grupo selecto de auxiliares y a la plana mayor del PSOE. No dejó margen: «Vamos a estar donde siempre: en contra. Como estuvimos en Gaza». Mantuvo su convicción ante la tibia reacción de sus vecinos de continente. Previó que el anuncio no debía pasar del martes siguiente y dio coordenadas a su jefe de Gabinete Diego Rubio para que redactara un discurso que luego él mismo hizo más virulento. La presión de Washington para operar militarmente en las bases españolas de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) se hacía insostenible. Con la frase «No a la Guerra» en la pantalla gigante, días después, en Soria en un acto partidario bajo el lema «Cambiemos el futuro», Sánchez se plantó: «Rechazamos la acción militar unilateral de EE.UU.-Israel, así como las del régimen iraní y la Guardia Revolucionaria. No podemos permitirnos otra guerra devastadora en Oriente Próximo». Luego, mientras Trump desataba su ira y amenazaba con cortar las relaciones comerciales con España, Sánchez no modificó su discurso: «Nuestra posición no es ingenua. No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y para nuestros intereses». 

Distintas reacciones
Por soberbia o por ingenuidad, Trump ni remotamente había previsto la reacción española. Cuentan en Europa que el canciller alemán Friedrich Merz, horas después, salió demudado del Salón Oval tras escuchar las diatribas del presidente de EE.UU. contra España; el primer ministro británico, Keir Starmer; la OTAN y la UE. Es que, contrario a lo que pareció en un principio, la defensa de la legalidad internacional de parte de España, sirvió como disparador para que en Europa otros países exhibieran la incertidumbre sobre cuánto durará la guerra, con el impacto económico creciente que conlleva: causa pánico el cierre del estrecho de Ormuz. Horas antes era inimaginable sospechar que el presidente del Consejo Europeo, el portugués António Costa, admitiera una charla con Sánchez para expresar «la plena solidaridad de la UE con España». Incluso resurgió el tan enmascarado conflicto sobre Groenlandia. «No hay amenazas contra un solo país, se amenaza a toda la UE. Hay unidad de pareceres. Ya ocurrió con Groenlandia», admitió uno de los vices de esa comunidad, Stéphane Séjourné, hombre de Emmanuel Macron, quien no es justamente como Lula da Silva o Claudia Sheinbaum, presidentes de Brasil y México, respectivamente. Era de esperar: ambos expresaron su apoyo a España ante los improperios del magnate estadounidense.

Entramado complejo
«En Europa estamos en un momento en donde si pones un tuit diciendo que te parece mal un genocidio, ya te consideran Gandhi. Es tal el deterioro entre los liderazgos y el seguidismo a EE.UU. que cualquier posición medianamente crítica, pues hay que celebrarla. Representa a millones de europeos que están contra Trump», resume Juan Carlos Monedero a Acción, quien suele ser muy crítico de Sánchez, desde una posición de izquierda.

El entramado es complejo. España sigue perteneciendo a la UE y a la OTAN. A fines de la semana pasada, cuando Irán golpeó la base británica de Akrotirien, Chipre, decidió incorporarse a los Ejercicios Fanal-19 y enviar su más moderna fragata, la Cristóbal Colón, como escolta del portaaviones francés Charles de Gaulle y de navíos de la armada griega en el Báltico, para darle protección a Chipre (aunque no está en la OTAN). ¿Un retroceso? Según Monedero «aunque el argumento sea colaborar en defensiva, si hay una respuesta iraní, vuelan el barco y matan a soldados españoles, pues lo de No a la Guerra se convertirá en algo declarativo. Celebramos pero tenemos ciertas prevenciones».

En una Europa en crisis política y económica, España muestra un crecimiento enmarcado en datos como que su tasa de desempleo es la menor en dos décadas, aunque no escapa a las vicisitudes de la guerra: el valor de los combustibles pegó un salto. Además, el Gobierno apeló a medidas coyunturales enfocadas en proteger hogares vulnerables. Tanto el Partido Popular como Vox (al estilo Milei, aunque con tono más prolijo) de inmediato se alinearon con el bloque occidental: vivaron los ataques y la muerte del ayatolah Ali Jamenei; pero rápido advirtieron que, por caso, la italiana Giorgia Meloni, tan cercana a Gonzalo Abascal, líder de Vox, pegaba giros en el aire, presionada por la opinión pública y por la imagen que tiene Sánchez en Italia. Volteretas que incluyeron al titular del PP, Alberto Núñez Feijóo, quien acabó por aceptar, sin ruborizarse: «Todos queremos parar la guerra». Tal vez, recordó cómo acabó la imagen de José María Aznar con su apoyo a la guerra de Irak en 2003.

Monedero dice que su país está «muy tensionado». Apunta: «La derecha quiere tener el Gobierno como sea. Cuando no gobierna, considera que le hurtan su lugar natural. Históricamente ha dado golpes de Estado. En el 36, en el 81 y el blando cuando Podemos estuvo a punto de entrar en el Gobierno. Y conspiró contra Felipe González, en alianza con los medios de comunicación».

Sánchez tiene muñeca política, gran experiencia, osadía y es perpicaz en política internacional. Pasó sus últimos ocho años en La Moncloa. Tiene predicamento en Europa, a veces mayor que en su tierra. ¿Crecerá su imagen con el «No a la Guerra»? ¿Podrá detener el avance opositor advertido en las compulsas de Extremadura y en Aragón, que se reafirmaría en Castilla y Andalucía? Un antecedente bien visto fue el rechazo oficial a la masacre de Gaza, ante las chapucerías del PP. Por eso, Sánchez fue el sábado 8 a Soria. «Sánchez es un prestidigitador y un superviviente. No se caracteriza por posiciones ya no digo radicales sino coherentes con principios básicos del socialismo. Sabe respirar el ambiente social y suma apoyo cuando parece que se le agotan los conejos de la chistera; pero dan lo mismo las razones por las cuales está contra de la guerra. Lo importante es que la cuarta economía europea lo está. Ahora corresponde a la ciudadanía en las calles y la presión parlamentaria hacer que ese No a la Guerra no sea solo una válvula de escape electoral», concluye Monedero.

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