9 de mayo de 2026
A sala llena se presentó la biografía de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo. Agradecimientos, anécdotas y la lucha de un movimiento que es presente.

Brunet, Gorini, Bertoia y Bonafini. La biografía de la mujer que eligió no callar.
Foto: Jorge Aloy
Un carrusel con fotografías blanco y negro de Hebe Pastor de Bonafini en distintos momentos y situaciones de su vida en la pared del fondo de la sala Ernesto Sábato, recibía al público que minutos antes de la hora de convocatoria ya había ocupado todos los asientos disponibles. Cuatro sillas en el escenario resaltaban la ausencia de una de las convocadas para la presentación de Hebe, la biografía, del periodista y escritor Ulises Gorini. Quien faltaba era María del Rosario Carballeda de Cerruti, una de aquellas 14 primeras madres que se dieron cita en la Plaza de Mayo para reclamar por la aparición de sus hijos e hijas.
Sin embargo, una vez ubicados los panelistas en la mesa, una de las fundadoras de Marea Editorial, Constanza Brunet, fue la encargada de leer una carta enviada por María del Rosario, quien, en apenas unas líneas, condensó la historia del movimiento. «Hace 33 años que dejé la Asociación donde superé mis días más difíciles, pero también donde encontré el grupo de mujeres más lúcidas y con los valores e inteligencia natural mejor expresados ante los dramas vividos en esos días», comenzó la carta que plasmó una presencia distinta de la única sobreviviente de las primeras épocas de Madres, que cuenta hoy con 98 años.
A continuación, fue el turno de Alejandra Bonafini que, en una intervención intimista, compartió un poema de su autoría dedicado a su madre, para luego relatar algunas de las enseñanzas dejadas por Hebe como, por ejemplo, mirarse a los ojos y conocerse cara a cara para saber por qué peleamos. En estos tiempos de redes sociales, de falta de contacto directo, de pocos encuentros, Alejandra propuso presentarse a la persona que tenía al lado con su nombre de pila, «para que esto sea una charla entre amigos», señaló. Mabel, Miriam, Gandhi, Alejandro, Pablo, entre otros resonaron en la sala de inmediato.
La periodista Luciana Bertoia, a su turno, adelantó que iba a referirse al libro como profesional y como lectora. Comenzó resaltando la extensión y profundidad de la obra, en tiempos de textos cortos y con mínima producción. «Es una obra macerada, construida en base a la confianza con Hebe, pero sin una mirada condescendiente», aseguró. «La historia de Hebe se inserta en la historia del país, en la historia de los movimientos de derechos humanos. La historia de las Madres una historia que se cuenta en diálogo, en discusión con otros organismos de derechos humanos. Donde Madres de Plaza de Mayo significó poner el cuerpo (en la Plaza) para reclamar por esos cuerpos que faltaban, los cuerpos de sus hijos y de sus hijas», sostuvo la periodista, investigadora de derechos humanos. Al hablar de la determinación y de la lucha de Hebe, rememoró una anécdota que cuenta Gorini en el libro. Un espía anota en el parte de inteligencia sobre la presidenta de Madres: «No es ni la más alta, ni la más fornida, ni la más grandota. Pero es Hebe».
Para cerrar, Ulises Gorini –también abogado y director de Acción–, dedicó varios minutos de su exposición, tras lamentarse por la ausencia de María del Rosario, a repasar y resaltar las marcas que dejó su trabajo en Madres, y en particular, su relación con Hebe. «María del Rosario fue una gran amiga y un soporte político de Hebe en muchos momentos».
Tras agradecer a Alejandra Bonafini su participación en la presentación de la biografía de su madre, Gorini recordó una anécdota de su primer entrevista con Hebe. Tras finalizar el reportaje, el periodista le agradeció el tiempo entregado por ella. «La militancia no se agradece», le dijo Hebe con una contundencia y claridad con la que el autor se familiarizaría los años siguientes. También hubo tiempo para que Gorini se refiera a la construcción del texto durante casi cuatro décadas, el género elegido y la transformación de esa mujer de los suburbios platenses, que de un día para otro abandona ese hogar construido gracias al Estado de Bienestar, que abandona incluso su apodo desde niña, Kika, para convertirse en Hebe. Esa mujer que aún hoy, a tres años y medio de su muerte, es presente. Porque Hebe es Hebe.
