1 de mayo de 2026
A 50 años del inicio de la dictadura cívico-militar «los aparecidos» se hacen presentes. Esta vez, en el emblemático centro de detención cordobés. Luchas, tecnologías y trabajo para dar cierre a un duelo de décadas.
Pedacitos. Pedacitos o fragmentos, son las palabras repetidas por los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado instaurado por la última dictadura cívico-militar, cuando declaraban ante la prensa, luego de que su abogado les confirmó la aparición de restos óseos genéticamente identificados, en los predios del ex Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio (CCDTyE) La Perla. «Fue una revolución terrible recibir el llamado de nuestro abogado Ramiro Fresneda», contó María Soledad Nívoli a la Radio Gospel, de Río Cuarto. La noticia era que Mario, su papá, fue el primero de los 12 desaparecidos en ser identificado. «Fue un torbellino, un montón… No hay palabras para contar lo que se siente: alivio, paz y gratitud hacia a los profesionales intervinientes. Lograron lo imposible», sostuvo.
Un caso de identificación particular fue el de Graciela Geuna. La filiación de su compañero, Jorge Omar Cazorla Rech, se resolvió a través de la presencia de una medallita. Geuna lo relató en el cierre del acto por el 24 de marzo en Córdoba. «Yo soy la de la medallita», afirmó, y contó que se la había regalado a su marido cuando se sintieron en peligro. La pieza, que dio certeza de la presencia de Jorge en el terreno, apareció durante las excavaciones en las hectáreas de tierra removida y tapada de bosque nativo. Mario y Jorge son dos de los 12 desaparecidos identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) con colaboración del Instituto de Medicina Forense del poder Judicial cordobés, en Loma del Torito, próximo al ex CCDTyE. La nómina se completa con Carlos Alberto D’Ambra Villares; José Nicolás Brizuela; Raúl Oscar Ceballos Cantón; Alejandro Jorge Monjeau López; Ramiro Sergio Bustillo Rubio; Adriana María y Cecilia María Carranza Gamberale; Oscar Omar Reyes; Eduardo Jorge Valverde Suárez; Sergio Julio Tissera Pizzi; y Elsa Mónica O’Kelly Pardo.
Trabajo acumulado
Al conocerse la información, recién en ese momento se tomó real dimensión del trabajo acumulado de los equipos forenses para recuperar indicios que, en el mejor de los casos, terminan certificando las identidades de los desaparecidos. En Córdoba, por ejemplo, en 2004 se creó el Equipo de Geología Forense de la Universidad Nacional de Río Cuarto que junto con antropólogos comenzaron a estudiar los sitios de posibles excavaciones en busca de enterramientos clandestinos de los militantes ejecutados en La Perla. «Así iniciamos una manera de actuar interrelacionando las informaciones que teníamos del juzgado y de los equipos de antropología y geología. Empezamos a excavar en distintos lugares tomando como referencia los testimonios de los sobrevivientes de La Perla, que nos decían que salían camiones con detenidos por los predios del Tercer Cuerpo de Ejército y que eran ejecutados cerca de fosas cavadas entre los montes», reconstruye Guillermo Sagripanti, doctor en Ciencias Geológicas y profesor de la UNRC. Hasta 2025, los resultados escaseaban. Pero el descubrimiento el año pasado de una fotografía militar aérea de 1979, aceleró el trabajo de campo en ese territorio de 14.000 hectáreas. «En esa fotografía encontramos evidencias antrópicas, es decir, unas líneas más oscuras que denotaban el trabajo de máquinas en una especie de terraplén artificial en la Loma del Torito. Allí excavamos 470 trincheras hasta ahora, que cubren 4 hectáreas y suman una longitud de más 10.000 metros lineales, donde aparecieron evidencias dispersas de pequeños restos óseos que sirven para elaborar los perfiles genéticos que nos traen a la luz las identificaciones de las víctimas de La Perla», contó el geólogo.
«En abril tenemos pensado volver a los predios de los campos del Tercer Cuerpo de Ejército, esperando que el terreno esté seco. Ya no para excavar sino para redoblar esfuerzos y duplicar los recursos humanos que se ocuparán de zarandear los sedimentos encontrados», explica Silvana Turner, coordinadora del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en las tareas de campo. «Llevamos trabajadas 4 hectáreas de las 10 que nos faltan. Es muy importante tener presente que estos hallazgos no aparecieron mágicamente, son años y años de trabajo acumulado. Hay que entender que estos restos no están en fosas comunes primarias (las que contienen cuerpos enteros) sino que son pequeños restos que se cayeron de palas mecánicas cuando excavaron la tierra para removerlos y trasladarlos a otro lugar de enterramiento, ante la llegada de una inspección de la Comisión Interamericana de Derecho Humanos. ¿Dónde se los llevaron? no sabemos, estamos buscando», sostiene Turner.
Los huesos hablan
«En estos mesones acomodamos los restos óseos recibidos y realizamos primero una ficha numeral, fragmento por fragmento, para tener los nombres y sus referencias y así inventariarlos. Al final del reconocimiento de cada hallazgo óseo se le adjudica un código de barra y se envían al último laboratorio, el genético», detalla La antropóloga Anahí Ginarte, a cargo del Servicio de Antropología Forense del Instituto de Medicina Forense del poder Judicial de Córdoba que colabora por convenio con el EAAF. El bioquímico Carlos Vullo es el director del Laboratorio de Genética Forense del EAAF, de la ciudad de Córdoba, y hace hincapié, al igual que el resto de los forenses, en la particularidad del sitio del hallazgo en Loma del Torito, una trinchera removida que presenta un gran desafío para los genetistas. Los mejores materiales para analizar son dientes, fémures y tibias, pero en este caso, llegan muchos pequeños huesos, proclives al ataque de bacterias y hongos, que pueden hacer inservible la evidencia. Comenta que trabajan con 23 marcadores genéticos de ADN y un banco de datos con un software de comparación masiva. «En 2008 lanzamos desde el EAAF la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas (ILID) en hospitales públicos y obtuvimos muestras de miles de personas, de las cuales podemos conocer su gen para comparar estas muestras de familias con los perfiles de las personas a las que queremos identificar. Podemos decir que nuestros resultados alcanzan el 99,99 por ciento», resume orgulloso Vullo.
Pedacitos, fragmentos, pequeños restos óseos, trabajo de campo, pruebas genéticas, años de trabajo acumulado que recrea la Memoria de los crímenes de Estado, para conocer la Verdad y obtener Justicia.






