Opinión

Juan Carlos Junio

Dirigente cooperativista

Encrucijada para la democracia

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La calle habla. Centenares de miles de personas se movilizaron en Buenos Aires y en todo el país en defensa de la educación pública.

Foto: Getty Images

En los últimos días se ha ido generando el crecimiento de un fenómeno contradictorio, incluso se podría decir que se acentúan antagonismos de carácter político, social y cultural que atraviesan a nuestra sociedad.

En primer lugar, se registra un dato trascendente en la política, que es la creciente presencia en las calles de manifestaciones masivas, de carácter opositor al Gobierno. Desde el gran evento del 24 de marzo en todas las plazas del país, con cientos de miles de personas reivindicando los valores de memoria, verdad y justicia que a esta altura constituyen una seña de identidad de argentinos y argentinas; un primero de mayo con actos y protestas del movimiento sindical; y el reciente pronunciamiento de la comunidad universitaria, del que se habla en términos de cientos de miles o incluso de más de un millón de personas participando en las decenas de marchas realizadas el martes 12 en todo el país en defensa de la universidad y la educación pública.

Esa presencia de la ciudadanía en las calles es un rasgo participativo muy importante, ya que la democracia fundada en la revolución francesa, que establece la división de poderes, se consolida con el funcionamiento pleno de esos tres poderes del Estado, pero a su vez debe estar rodeada de la presencia ciudadana ejerciendo sus derechos, entre ellos, el derecho a la protesta.

Por el otro lado surgen por parte del Gobierno nacional y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ciertos rasgos autoritarios que rebajan y comprometen al propio sistema democrático. Quizás este sea el punto sobre el que más sea necesario reflexionar, así como enfatizar en la defensa de un tipo de democracia auténtica, respetuosa de las diversidades y de los conflictos inherentes a las tensiones económicas y políticas.


Batalla cultural
Me refiero a dos cuestiones principales. Por un lado, un raid comunicacional del presidente de la Nación, en sendas entrevistas realizadas en plataformas de streaming partidarias de su Gobierno. Allí, y en sus permanentes publicaciones en la red social X, Javier Milei reaccionó con violencia contra todo lo que considera oposición, descalificó a las manifestaciones populares y se refirió con insultos al periodismo en general, y particularmente esta vez apuntó a una periodista que comparte idearios de derecha pero que en su momento se pronunció en favor de la despenalización del aborto. Así, el presidente se va deslizando hacia un lugar de intolerancia con cualquier forma de disenso u oposición a sus políticas y sus ideas, en el marco de lo que considera una batalla cultural que lleva adelante con su particular lenguaje y metodología.

Simultáneamente, en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, se produjo un fenomenal operativo, con el título pomposo de «Tormenta Negra», en el que el jefe de Gobierno, Jorge Macri, desplegó sobre 15 barrios populares 1.500 efectivos de fuerzas de seguridad con el pretexto de combatir al narcotráfico, con magros resultados. En realidad, y a la vista de la campaña publicitaria que Macri viene desplegando bajo la consigna «ley y orden», en la que destaca su «lucha» contra vendedores ambulantes, inmigrantes, personas en situación de calle y vecinos del Conurbano, todo indica que fue una acción de carácter político inscripta en la disputa que mantiene con la senadora Patricia Bullrich, con quien eventualmente podría competir por la jefatura de Gobierno. Es una suerte de torneo que define quién despliega una política represiva más potente, más dirigida a expulsar y agredir a los pobres para influir e impactar en sectores medios de la Ciudad.

Verborragia. Milei descargó descalificaciones, agresiones e insultos a opositores y periodistas en su paso por Carajo.


La verdadera tormenta negra
En este contexto hubo una respuesta de gran trascendencia del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien ubicó el tema en su justa medida de carácter político. García Cuerva, en una misa masiva, realizada en la Parroquia Cristo Obrero del Barrio Mugica (ex-Villa 31), expresó: «Para quienes hemos experimentado la vida en los barrios y para los vecinos, tormenta negra se llama el narcotráfico, tormenta negra se llama la falta de trabajo, tormenta negra se llama cuando el Estado se retira, tormenta negra se llama cuando los pibes no tienen posibilidades. Eso es tormenta negra. Y hace rato, hace años, hace décadas que lo sufren nuestros barrios». En el evento, los vecinos le entregaron al arzobispo una carta en la que le piden un canal de diálogo y de paz frente a la violencia que sufren cada día. Entre otros religiosos que acompañaron a García Cuerva, estaba el padre Lorenzo «Toto» de Vedia, quien manifestó: «Las villas no necesitan ningún show mediático de hostigamiento».

En definitiva, con esta fuerte campaña, Jorge Macri deja de lado la real necesidad de la Ciudad: afrontar los problemas sociales que vive la población. En los barrios populares viven cientos de miles de personas, en una ciudad que, mal que le pese al jefe de Gobierno, tiene grandes contrastes.

No podemos más que reclamar, en el país y en la ciudad, que predominen valores democráticos y de convivencia en nuestra ciudadanía, que las tensiones que surgen de la economía y la política se administren en ese marco y no en una suerte de in crescendo de descalificaciones. Sabemos, por experiencia, que las violencias verbales generan otro tipo de consecuencias. Como cooperativistas, desde siempre apelamos al respeto y la defensa de una democracia que sea auténticamente participativa, que incluya a todas y todos los ciudadanos en el marco de un ejercicio pleno de sus derechos.

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