4 de agosto de 2026
El cruce de migrantes marroquíes hacia el enclave español dejó casi un centenar de muertos. Qué hay detrás de una tragedia que se repite y qué actores tratan de capitalizarla.

En la frontera. Un grupo de migrantes en la zona del espigón de El Tarajal emprende el cruce a nado.
Foto: Getty Images
Entre el 30 y 31 de julio, una nueva escena de crueldad azotó nuestros agónicos principios humanos. Decenas de miles de marroquíes, la mayoría varones muy jóvenes, nadaron durante horas desde su país para alcanzar el territorio vecino de Ceuta (un enclave de 18,5 kilómetros cuadrados, en la punta africana del Estrecho de Gibraltar), zona que pertenece a España desde 1668.
Casi un centenar de esos jóvenes murió ahogado durante la travesía. Mientras sucedía este éxodo masivo, desde sus puestos de frontera y en un gesto absolutamente inusual, las temibles fuerzas de seguridad de Marruecos, que en otro momento hubieran actuado sin titubear, se mantuvieron inmóviles y dejaron hacer. Desde la Corona marroquí no hubo ninguna reacción oficial. El peso mediático y político de la catástrofe recayó sobre el jefe del Gobierno español, el socialista Pedro Sánchez.
No es la primera vez que en esta sensible frontera hispano-marroquí se producen avalanchas migratorias. Si bien los datos oficiales de Naciones Unidas señalan que los migrantes por guerra, hambre, pobreza o persecución, en 2026, se focalizaron, mayoritariamente, en Afganistán, Sudán y Siria –sin hablar de lo que padecen los habitantes de El Líbano y Gaza–, el Mediterráneo siempre ha sido una zona crítica.
Según la Organización Internacional para las Migraciones, solo en el primer cuatrimestre de 2026 cerca de 1.300 personas han muerto al intentar cruzar ese mar para alcanzar las costas europeas. La zona de Gibraltar, sin embargo, no es la peor. Según la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), la ruta del Mediterráneo oriental y central concentra el 60% de las llegadas irregulares. Paradójicamente, dice Frontex, entre enero y junio de 2026 hubo un 37% menos de intentos de migración que en el mismo período de 2025; no obstante, las muertes aumentaron.
Causas de una huida masiva
La política de «equilibrio fiscal» implementada por la monarquía marroquí ha profundizado dramáticamente la grieta económico-social, sobre todo en el interior del país, alejado de las áreas turísticas. En estas zonas, la desigualdad social es amplia y el acceso a la educación y la salud más que deficiente.
La huida masiva de jóvenes que intentaron pisar en Ceuta suelo europeo para soñar con un futuro mejor no es casualidad. Con las políticas neoliberales de Marruecos, el desempleo y la falta de oportunidades han crecido. Datos oficiales indican que el 37% de los jóvenes de ese país está sin trabajo y es muy difícil que lo obtengan.
En esta ocasión, sin embargo, el episodio no parece haber sido apenas una fuga espontánea sino una operación mediático-política que recorrió varios actores y continentes: Estados Unidos, Israel, la Unión Europea (con el Gobierno socialista español como epicentro) y la zona africana del Magreb.
Si se analiza con perspectiva política, el uso espurio de los migrantes (forzados por las guerras o por la pobreza que genera un capitalismo financiero cada vez más asfixiante) fue ganando terreno. Primero fue el crecimiento de los negocios ilegales de las mafias. Luego el uso de las proclamas xenófobas de extrema derecha para ganar elecciones.
Más tarde, en Gobiernos de ultraderecha, como el de Jair Bolsonaro en Brasil o Donald Trump en Estados Unidos, la xenofobia y la persecución se convirtieron en políticas de Estado. La naturalización de los discursos del odio y del miedo (dos caras de la misma moneda) pasaron a ser parte del «sentido común» y permitieron justificar e implementar medidas represivas cada vez más militarizadas.
El actual incidente en Ceuta pareciera estar mostrando que el drama de los inmigrantes ha escalado un peldaño más y que puede ser usado también para operaciones de disciplinamiento (¿de desestabilización?) contra un Gobierno, como el de España, que no se pliega a las directrices del «orden basado en reglas» occidental.
Además del silencio del rey Mohamed VI de Marruecos (quien dejó hacer), llamó la atención la inmediata reacción punitiva, en cadena, de Estados Unidos, Israel, Italia y otros países europeos contra La Moncloa.
Liderados por Italia y Dinamarca, 22 países enviaron una carta durísima oponiéndose a la política migratoria de España (no firmaron Francia, Portugal e Irlanda). Además, la premier italiana, Georgia Meloni, encabezó la idea de expulsar a España («temporalmente») del espacio comunitario Schengen, una idea jamás adoptada (ni siquiera imaginada) en la UE.
Simultáneamente, desde EE.UU., Trump y su canciller Marco Rubio acusaron a Sánchez de alentar la inmigración ilegal y la vocera de la Casa Blanca apuntó contra Madrid por «aplicar políticas de extrema izquierda y globalistas incluida la facilitación de la migración masiva». Todas reacciones demasiado coordinadas como para ser espontáneas.

Pedro Sánchez. Conferencia del presidente español en su visita a Ceuta.
Foto: Getty Images
Presiones y disputas
Vale la pena observar qué molesta de Pedro Sánchez para entender a dónde apuntan las presiones y cuáles son las políticas que se buscan bloquear. El socialista se negó a aumentar el gasto militar hasta el 5% del PBI exigido por EE.UU. para la OTAN. Tampoco permitió el uso de las bases militares de Rota y Morón de la Frontera (bajo otros Gobiernos españoles usadas libremente por el Pentágono) para los aviones que participan de la guerra contra Irán.
En 2025, Sánchez, como pocos mandatarios en el mundo llamó «genocidio» a la guerra en Gaza, fue muy crítico con el premier israelí Benjamin Netanyahu y anunció medidas «para apoyar a la población palestina». No es casualidad que el sábado el ministro de Seguridad israelí, Itamar Ben-Gvir, con ironía genocida se burlara en X felicitando a Sánchez «por su profundo compromiso de acogida de inmigrantes y diversidad humana».
En el drama humanitario que explotó en Ceuta son muchas las variables que están en juego. Trump, en un posteo, mató tres pájaros de un tiro: no solo apuntó contra Sánchez y las políticas que defienden los gobiernos socialistas, sino que –ensalzando sus propias leyes criminales contra la migración– atacó a los demócratas norteamericanos como Joseph Biden y pidió votos a su gestión con vistas a las elecciones del próximo 3 de noviembre.
A nivel geopolítico, también hay mucho en juego: el paso comercial de Gibraltar (tan estratégico como los estrechos de Ormuz o Bab al Mandeb), la consolidación de EE.UU. e Israel en el norte de África (Marruecos es un aliado de Tel Aviv y ha reconocido el Estado de Israel) y el constante debilitamiento de la Unión Europea que no encuentra cómo superar la caótica situación interna son apenas algunos de los puntos en disputa en este mundo en transformación.
