Economía

Un superávit engañoso

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Diego Rubinzal

Una motosierra que lastima en partidas que afectan la vida cotidiana y un futuro cercano anclado a privatizaciones son los ejes principales del equilibrio libertario de las cuentas públicas.

Recaudación impositiva. En julio se verificó la séptima caída real interanual consecutiva en varios de los principales impuestos.

Foto: Prensa

El resultado fiscal de julio arrojó un superávit primario de 2,96 billones de pesos. A su vez, el superávit financiero (luego de abonar los intereses de la deuda) fue de $244.897 millones. En el acumulado del año, el superávit primario representa el 0,9 por ciento del PBI, no tan lejos de la meta anual comprometida con el FMI (1,4%). Como se sabe, el equilibrio de las cuentas públicas es uno de los pilares del programa económico. Es más, el Gobierno lo elevó a la categoría de principio innegociable en el denominado Pacto de Mayo.

En el último informe del staff report del FMI, los técnicos rescataron que «la política fiscal se ha mantenido prudente y coherente con el objetivo general del Gobierno en materia de resultado de caja. El superávit primario federal alcanzó el 1,4% del PIB en 2025, lo que permitió obtener un superávit de caja global equivalente al 0,2%». Sin perjuicio de eso, el staff del organismo apuntó que «esta medida excluye los pagos de intereses correspondientes a los bonos cupón cero, que se registran “por debajo de la línea”. Si se incluyera “por encima de la línea” el componente real de los intereses capitalizados, el déficit global ascendería aproximadamente al 0,8% del PIB».

Este tecnicismo requiere una breve explicación. Los intereses devengados de algunos títulos públicos (conocidos como letras capitalizables) recién son registrados como un gasto al momento de su cancelación. Como esa deuda suele refinanciarse (rolearse en jerga financiera), los intereses no se «pagan», sino que se incorporan al valor del nuevo título. En otras palabras, el diferimiento de la carga financiera se convierte en una mayor deuda. En resumen, el superávit actual se transformaría en déficit si se computaran los intereses «ocultos» en las letras capitalizables.

En términos generales, el equilibrio de las cuentas públicas puede obtenerse de diferentes maneras (mayor recaudación impositiva, recorte de gastos, o una combinación de ambas). En la actualidad, el superávit fiscal continúa concentrado en la «motosierra», porque los ingresos cayeron 4,6% en términos reales, en los primeros siete meses del año. Aun así, el superávit primario se redujo un 18% interanual real en el mismo período. La consultora ACM agrega que «al extraer los ingresos derivados de privatizaciones, la caída del superávit primario se ampliaría hasta 26,6% real, lo que sugiere que una porción no menor del resultado acumulado descansa sobre una fuente que no es recurrente».

Corredores viales. El déficit de infraestructura en rutas de todo el país es una clara consecuencia de la motosierra libertaria.

Foto: Patricio Murphy


Rutas argentinas
En síntesis, la débil actividad económica genera menores ingresos tributarios obligando a nuevos recortes del gasto para mantener el superávit fiscal contable. Esa motosierra incluye un cúmulo de partidas (salarios, jubilaciones, salud, educación, discapacidad, obras públicas) que impactan en la vida cotidiana. En los últimos días estuvo sobre el tapete el deterioro de la infraestructura vial a raíz de la subejecución del fideicomiso Sistema Vial Integrado (SisVial). Ese fideicomiso administra un porcentaje de la recaudación del Impuesto a los Combustibles.

Los montos involucrados no son menores. El precio de los combustibles aumentó 558% desde noviembre de 2023. Un relevamiento de la Fundación Encuentro precisó que «esa brecha se tradujo en una pérdida concreta de poder de compra: un salario privado promedio permitía cargar 26,3 tanques de 50 litros en noviembre de 2023, mientras que hoy solo alcanza para 16,4. Una caída del 38%».

Por su parte, el impuesto a los combustibles aumentó algo más del 1.200%, desde noviembre de 2023. Eso implicó 1,5 billones de pesos derivados al SisVial en los últimos dos años y medio. Sin embargo, el Ejecutivo solo ejecutó el 26% en obras de infraestructura vial. En una entrevista radial, el vocero Adrián Ravier sostuvo que «una parte de esos impuestos va a Vialidad y la otra parte la dispone el ministerio de Economía como parte de lograr el equilibrio fiscal de una situación muy compleja que heredamos». Ese reconocimiento oficial motorizó denuncias penales de las diputadas Marcela Pagano y Victoria Tolosa Paz.

Lo cierto es que la falta de mantenimiento de las rutas nacionales es un reclamo compartido por gobernadores de distinto signo ideológico. En el panorama «La economía del miedo», el economista Claudio Scaletta sostiene que «lo único que se le ocurre al Gobierno es privatizar. Quizá ello contribuya, en el mediano plazo, a mejorar el mantenimiento de algunos corredores de alto tránsito y, por lo tanto, rentables, aunque aumentando, al mismo tiempo, el “costo argentino”. Difícilmente alcance para compensar el déficit de infraestructura». Rutas argentinas, rutas argentinas, hasta el fin. 

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