20 de septiembre de 2026
El oficialismo impulsa un nuevo blanqueo, recortes en educación y discapacidad y un proyecto que enmascara medidas represivas detrás de la soberanía. La distancia entre el discurso presidencial y la vida cotidiana de millones de argentinos.

Las huestes encumbradas en el oficialismo aceleraron y el pasado jueves lograron aprobar en el Senado la llamada «Ley de Inocencia Fiscal II», que otorga todavía más beneficios a quienes tengan dólares no declarados. Para un Gobierno que recurre tanto a los postulados de la Escuela Austríaca de economía como a George Orwell, el nombre de la normativa finalmente aprobada con votos de LLA, el PRO y amigos provinciales es altamente ilustrativo de un mundo distópico en que el presidente Javier MIlei parece sentirse representado. Un mundo en el que un evasor es un héroe, el consumo vuela y millones de argentinos (¿8, 10, 15?) salieron de la pobreza. Un mundo en el que bajo el manto del proyecto de presupuesto 2027 se puede insistir en derogar leyes de financiamiento en discapacidad y a las universidades o con la solemnidad de defender la soberanía en Malvinas se escabulle un remake de la doctrina se seguridad nacional, muy al paladar de Donald Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio, por cierto.
La normativa que promueve un nuevo blanqueo tiene el objetivo de conseguir como sea los «dólares del colchón» (de los otros) que preocupan al ministro de Economía. Pero también son un resguardo para que los «héroes» de hoy no sufran consecuencias el día de mañana. A la seguidilla de sobreseimientos de las últimas semanas a íntimos del oficialismo –Mauricio Macri, Federico Sturzenegger, Luis Caputo mismo, entre otros– se le sumaron los hermanos del titular de la cartera de hacienda, Flavio Luis Nicolás Caputo, Hugo Luis Pascual Caputo y Rosana Pía Caputo en la causa por el financiamiento de la agrupación ultraderechista Revolución Federal.
Lo de tratar de meter bajo cuerda en el presupuesto una reforma a las leyes votadas y confirmadas por el Congreso fue cuestionado incluso por la senadora Patricia Bullrich, que participa en la mesa política oficialista y jura que fue algo que apareció entre gallos y medianoche. «Me sorprendió que el presupuesto llegue con la introducción de cambios en la ley de Discapacidad. Si siendo jefa de bancada no me entero de esas cosas, se resienten las relaciones. Estaría bueno corregir esas cuestiones», dijo en algunos medios. ¿Cómo fue que apareció esa modificación? Puede ser el famoso «si pasa pasa» o una trampa cazabobos: un tema puesto para que se negocie mientras otros asuntos tanto o más espinosos queden firmes. Y la ley tiene mucho hilo del que cortar en cuanto a reducciones presupuestarias en cuestiones sociales, educación, ciencia e investigación, mientras se incrementan los gastos en vigilancia, seguridad y equipamiento militar.
Al mismo tiempo, entre las «lindezas» que se van descubriendo, no figura el estimado de lo que se deja de recaudar por el RIGI, que el diputado de Unión por la Patria, Guillermo Michel, calcula en 3.359 millones de dólares.
Peligro escondido
No fue la única artimaña que el oficialismo intentó en estos días. El mismo jueves se anunció el proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional. Con el escudo del repentino nacionalismo presidencial, se plantean cuestiones reñidas con la Constitución y las leyes que la democracia se dio tras la dictadura cívico-militar. Así, crea un Consejo de Seguridad Nacional con amplios poderes para definir supuestas amenazas, y permitiría la intervención de las Fuerzas Armadas en asuntos de seguridad interior.
Lo más grave es que penaliza a quienes se considere que actúan por orden de un «Estado extranjero u organizaciones extranjeras» y que en el marco de esta supuesta injerencia «procuren alterar procesos electorales o manipular la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva». Se parece demasiado a las leyes de Estados Unidos que limitaron los derechos civiles desde el 11-S de 2001. «Qué tiene que ver esto con la soberanía en Malvinas?» argumentan los más suspicaces.
Peor: el marco en el que alguien podría ser acusado es tan deletéreo como el de los años 60/70 durante las dictaduras que devastaron la región. Es que en el fondo es el plan escriturado en el Escudo de las Américas al que adhirieron Milei y los Gobiernos derechistas latinoamericanos en marzo pasado. Esto representa un peligro para la ciudadanía, que podría sufrir todo tipo de arbitrariedades en manos de personajes con la potestad de disponer de la vida y la libertad de cualquier persona solo por una sospecha o ni siquiera. Por una inquina personal. Eso ya se vivió en el país en los años de plomo. Civiles y militares no deberían olvidarlo.
Experimento
Un hecho se llevó «todas las marcas» mientras los analistas desmenuzaban las leyes de presupuesto y de soberanía. Fue el despido del personal civil que cumplía servicios en la Quinta Presidencial y su reemplazo por efectivos de la Casa Militar. Las versiones sobre las razones son de lo más variadas y en ninguna Milei queda bien parado, razón que explicaría un posteo en X altamente insultante contra los periodistas en general. Desde que de ese colectivo defenestrado salieron filtraciones sobre gastos exorbitantes en carne, hasta caprichos personales del mandatario, incluso se habló del envenenamiento de uno de sus perros, de los que no se puede hablar, según el decreto 780/2024. La explicación oficial habla de amenazas a la seguridad en el contexto de la futura visita del papa León XIV. Lo que en todo caso desnuda esta novedad es un abismo entre la percepción del presidente y el resto de los mortales.
No es que ese «Mundo Milei» sea ahora una novedad. Se recordará que en la campaña de 2023 se discutió una declaración del actual presidente acerca de su aceptación de la venta de bebés, o que no terminó de decir si estaba de acuerdo con la democracia. Otra frase del entonces candidato para ese álbum: «El Estado es el pedófilo en el jardín de infantes, con los nenes encadenados y bañados en vaselina».
Ya presidente, en 2025, en un encuentro del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), dijo: «¿Qué pasa si la cantidad de gente en la economía está constante, la tasa de natalidad igualada a la tasa de mortalidad? ¿Para qué voy a crear puestos de trabajo si la cantidad de gente no cambia?». Hace unos días, también en IAEF, sobre eso de que la gente no llega a fin de mes, replicó, burlándose: «¿Ustedes se pusieron a pensar qué les pasaría si durante 15 días no tienen plata? ¿De qué van a vivir, del aire? ¿Qué van a comer? ¿Aire? ¿Qué van a beber? ¿Aire? ¿Creen que eso es sostenible?».
En el colmo del paroxismo, Milei reposteó, como siempre que sucede, una nota de un medio extranjero sobre él, mofándose de quienes alguna vez dijeron que era un «fenómeno barrial». Henchido de orgullo porque afuera hablan de él, sin importar si bien o mal, como recomendaba Oscar Wilde, con tal de que hablen. En este caso, fue The Economist, influyente medio financiero británico. «El experimento liberal de Javier Milei está en dificultades», titula una nota en la que detalla los problemas que atraviesa la economía nacional («menos gritos y más crecimiento», le espeta) ante lo que, destaca, «el presidente se muestra inflexible».
La línea de pensamiento en la que se encolumna Milei, la de los Friedrich von Hayek et al, sostiene que «un estadista es el que piensa en la próxima generación y no en la próxima elección». Y él viene avisando que no tiene drama en volver a su casa si pierde la reelección porque puede vivir tranquilamente de dar conferencias. O sea que no está en su voluntad escuchar a quienes le susurran algún cambio a un modelo que está llevando a millones a la desesperación. En su entorno no piensan lo mismo, pero por las dudas se están preparando para que el futuro no los encuentre a la intemperie.
