Economía

El precio global del dinero

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Cristian Carrillo

La Reserva Federal subió su tasa de interés y sacudió las condiciones financieras internacionales. A nuestro país no solo le afecta los refinanciamientos en dólares, sino también la inversión empresarial.

FED. La Reserva podría volver a subir las tasas dos veces antes de fin de año. El escenario para las economías emergentes se resentirá.

Foto: Shutterstock

La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) volvió a subir la tasa de interés de referencia y modificó las condiciones financieras internacionales en un momento en que Argentina intenta reconstruir el acceso al crédito externo, atraer capitales privados y convertir las inversiones anunciadas en desembolsos efectivos. El organismo aumentó en 25 puntos básicos el rango de los fondos federales, que pasó a ubicarse entre el 3,75% y 4%, en una decisión aprobada por unanimidad por los doce integrantes del Comité Federal de Mercado Abierto.

El movimiento no implica solamente un mayor costo para el Tesoro argentino cuando deba refinanciar deuda en dólares. También modifica la ecuación que utilizan las empresas para decidir si una inversión se realiza ahora, se reduce en su magnitud o se posterga hasta que las condiciones financieras sean diferentes. Ese segundo canal adquiere importancia porque la inversión privada argentina ya atraviesa una nueva fase de contracción, luego del rebote registrado durante buena parte de 2025.

La FED justificó el incremento a partir de la persistencia de la inflación estadounidense por encima de su objetivo y sostuvo que la decisión contribuirá a un retorno más rápido hacia el 2%. Al mismo tiempo, las nuevas proyecciones del Comité elevaron la mediana esperada para la tasa de referencia a fines de 2026 desde 3,8% hasta 4,1%. La proyección central para fines de 2027 también se ubica en 4,1%, mientras que para 2028 se reduce a 3,9%. Esto implica que el escenario que enfrentan las economías emergentes no es el de una rápida vuelta a un dinero internacional barato.

El Banco Central que conduce Santiago Bausili ya había advertido en agosto que el mercado internacional presentaba condiciones más restrictivas. En su Informe de Política Monetaria correspondiente al segundo trimestre señaló que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a diez años se aproximaban al 4,7% y que los mercados de futuros descontaban un aumento adicional de 25 puntos básicos en la tasa de la FED.

La decisión finalmente concretada agrega presión sobre una economía que necesita dólares para varios objetivos simultáneos. El Gobierno busca refinanciar vencimientos, acumular reservas, recuperar el acceso al mercado voluntario de deuda y atraer inversiones destinadas a ampliar la capacidad productiva y aumentar las exportaciones. Las empresas argentinas que necesitan financiamiento externo enfrentan la misma modificación del precio internacional del dinero, aunque con una diferencia sustancial respecto de Estados Unidos: deben pagar además una prima asociada al riesgo argentino.

Impacto. El encarecimiento del crédito en Estados Unidos eleva la tasa de descuento de las empresas.

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Calendario de inversiones
La relación entre tasas de interés e inversión no se reduce al costo de una cuota o al rendimiento que debe pagar una empresa por un préstamo. Cuando una compañía analiza un proyecto de largo plazo, compara el desembolso inicial con los ingresos que espera obtener durante los años siguientes y utiliza una tasa para calcular cuánto valen esos ingresos en el presente. Si esa tasa aumenta, los proyectos con retornos más lejanos pierden atractivo relativo, incluso cuando el proyecto conserve su rentabilidad operativa.

Ese mecanismo permite entender por qué una suba de la tasa de la FED puede tener un efecto sobre la inversión argentina aun cuando una empresa no tome directamente un crédito en Estados Unidos. El costo internacional del capital funciona como una referencia para inversores y bancos, mientras que los proyectos de países emergentes deben ofrecer una rentabilidad adicional para compensar el riesgo.

En ese contexto, la decisión empresarial puede no ser abandonar una inversión, sino esperar. Una ampliación de una planta, la compra de maquinaria, la construcción de un depósito, una nueva línea de producción o una obra de infraestructura pueden continuar dentro del plan estratégico de una compañía, pero con un cronograma diferente. La empresa puede optar por conservar liquidez, reducir el endeudamiento y esperar mejores condiciones para realizar el desembolso.

El Índice de Inversión Bruta Interna Mensual elaborado por Orlando J. Ferreres & Asociados registró una caída interanual del 8,1% en julio y acumuló un retroceso del 7,8% durante los primeros siete meses de 2026. La inversión estimada para ese mes fue de 7.401 millones de dólares y representó el 17,5% del PBI en volumen desestacionalizado. La caída no estuvo concentrada en un único componente. La inversión en maquinaria y equipos retrocedió un 9,9% interanual en julio, mientras que la construcción disminuyó un 6%. En los primeros siete meses del año, maquinaria y equipos acumuló una baja del 11,8% y la construcción del 2,7%. Dentro del equipamiento, los bienes nacionales cayeron un 4,5% y los importados un 13,7%.

El comportamiento contrasta con la recuperación que había registrado la inversión durante 2025. El IBIM había crecido un 26,6% interanual en el primer trimestre de ese año y 27,6% en el segundo, pero el crecimiento se redujo al 12,4% en el tercero y al 0,9% en el cuarto. Durante los dos primeros trimestres de 2026 volvió a registrar variaciones negativas.

El diagnóstico del Centro de Estudios Económicos del Banco Provincia coloca esa evolución dentro de una perspectiva más amplia. El informe sostiene que «la inversión es el componente de la demanda interna que más cayó entre 2023 y 2026», y señala que la Formación Bruta de Capital Fijo se ubicó en el primer trimestre de este año un 11% por debajo del promedio de 2023.

La misma fuente compara el comportamiento argentino con el de otros países de la región y encuentra que durante 2024 y 2025 la inversión acumuló en Argentina una caída cercana al 4%, mientras que el promedio de los demás países considerados aumentó casi 7%.
A esta dinámica se agrega el comportamiento del crédito. El Índice de Difusión de la Encuesta de Condiciones Crediticias permaneció en terreno negativo para las empresas durante el segundo trimestre, con un registro de −2,6%, por séptimo trimestre consecutivo, mientras los préstamos empresariales disminuyeron un 1,8% frente al primer trimestre. Para el tercer trimestre, la encuesta anticipó «un sesgo levemente restrictivo en los estándares crediticios asociados al segmento de las empresas a nivel general».

La combinación entre crédito más restrictivo en el mercado local y un mayor costo del capital internacional puede hacer que el momento de invertir pase a ser una variable central. En una economía con capacidad productiva sin utilizar, las empresas además tienen un argumento adicional para esperar: antes de ampliar una planta o comprar equipamiento nuevo deben evaluar cuánto de la capacidad existente pueden colocar en el mercado.

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