De cerca

«Me gusta estar acá»

Tiempo de lectura: ...
Bárbara Schijman

Aunque triunfó en los grandes escenarios del mundo, Elena Roger prefiere actuar frente al público argentino. El éxito de Invasiones I y la gira con su propio concierto. La huella de Evita, Piaf y Mina en su carrera.

Foto: Jorge Aloy

Antes de los grandes escenarios, de los premios y de los personajes que marcarían su carrera, hubo una llave. Era 1992 y Elena Roger era una adolescente cuando participó junto a sus compañeros en Feliz Domingo, el histórico programa conducido por Silvio Soldán. Con un fragmento de la ópera La Sonámbula, ganó en la prenda «Yo sé» y luego consiguió el viaje de egresados a Bariloche para todo su curso al abrir el «cofre de la felicidad». «Fue la primera vez que gané algo con mi arte. Porque gané la prenda y después agarré la llave, número nueve, no me lo voy a olvidar. «Ay, esto es algo», dije. Recuerdo la sensación. Hoy digo que aquello era una señal», comparte.

Actriz y cantante, Elena Roger protagonizó obras emblemáticas de la comedia musical en Londres, Nueva York, Buenos Aires y Madrid. Evita, Piaf, Passion y Mina, che cosa sei?! son algunos de sus trabajos más destacados y por los cuales obtuvo un gran reconocimiento del público y la crítica. A nivel internacional se desempeñó bajo las órdenes de grandes directores como Jamie Lloyd, Jonathan Butterell y Michael Grandage, entre otros. Como intérprete de canciones lleva editados tres discos de manera independiente. Incursionó en cine, televisión y plataformas digitales. A lo largo de sus más de tres décadas de trayectoria, recibió numerosos premios y distinciones tanto en la Argentina como en el exterior.

Tras culminar una primera temporada de funciones en el Teatro San Martín con Invasiones I: No bombardeen Buenos Aires, la ópera rock que enlazó los sucesos de 1806 y 1807 con el cancionero de Charly García, la reconocida artista repasa el éxito de la obra y comparte intimidades de la gira que la llevará a recorrer el país de aquí a fin de año. Además, los comienzos, los vínculos indispensables, los grandes escenarios y las salas más queridas, los personajes que la han marcado, el país y las emociones.    

–¿Cómo fue la experiencia de protagonizar Invasiones I?
–Fue un viaje muy interesante. Esto surge de algo que se le ocurrió a Ricardo Hornos, que me trae la idea de las Invasiones Inglesas con música de Charly García. Las dos cosas me llamaron mucho la atención. Primero, todo lo que tenga música de Charly no le veo un fracaso atrás ni algo que no sea grato de hacer, porque es una gran música. Además, Ricardo unió todas las épocas de Charly y puso todo al servicio del relato de esta obra. Para tener una heroína mujer, tomó el mito de Casandra e hizo este rol, que para mí es el hilo conductor de todo. Sin embargo, hay muchos protagonistas en la escena, un elenco increíble de hombres y mujeres que han hecho un gran recorrido en la comedia musical. ¿Qué me pareció interesante del proyecto también? Que era un musical ópera rock, pero con música argentina y con una historia argentina: hablaba de nosotros.

–Hablabas recién de Casandra, y pienso también en otras mujeres que encarnaste a lo largo de tu carrera: Piaf, Evita, Mina. ¿Qué te atrae de estos personajes?
–Evita vino sola, no la busqué. Lo de Mina vino por mis ancestros italianos; a mí me gustaba mucho cantar en italiano. Más que descubrirla, me la presentó Valeria Ambrosio y me enamoré de su historia, pero la canté nada más, no la interpreté. Sí tiene que ver mucho el poder de sus canciones: a mí me gusta cantar, y fuerte. Piaf también me la presentaron, pero busqué hacerla y encontré no solo su poder como gran líder, gran cantante, sino también su vulnerabilidad y su payasito. Un rol protagónico tiene que mostrar algo, algo de salir, de ser un ave fénix, de levantarse. Si no, siento que no es interesante.

–En varias ocasiones confesaste que Piaf fue un antes y un después en tu carrera. ¿Qué significó encontrarte con una figura tan potente y con una vida tan extrema?
–Las dos veces que hice Piaf estaba muy puteadora, incluso en mi casa. En eso me tomaba mucho Edith. Y en lo rea. Además, soy de barrio y no me costaba nada ir a ese lugar, como que me alimentaba. Pero no siento que me tome tanto: lo hago en el escenario y después salgo. Sí, Piaf fue una bisagra en mi carrera. Aprendí mucho del personaje y me dio muchas satisfacciones. Creo que es el que más se parece a mí, donde más pude volverme ese personaje. Pero Mina también fue un cambio en mi carrera, y Evita lo mismo. Esos tres roles me cambiaron la vida.

–Actuaste en grandes escenarios de Broadway, Londres y Madrid, pero decís que en Argentina podés «ser más artista que afuera». ¿Por qué?
–No es lo mismo cantar en Londres, donde tal vez me conocen pero no sienten orgullo de mí como puede sentirlo un argentino, que sabe que nací en Barracas y que logré actuar en algunos de los escenarios más importantes del teatro. La sensación para el artista es otra: no es lo mismo actuar para un público que te muestra su orgullo que para otro al que le gusta lo que hacés y punto. Me gusta estar acá. Siento que también puedo aportar acá. Y soy de acá: afuera soy siempre una extranjera, esa es la realidad. Me gustó mucho trabajar allá y no diría que no si me sale nuevamente la oportunidad, pero bueno, a mí me gusta estar acá.

–Empezaste a estudiar canto lírico a los 15, pero antes hubo experiencias y anécdotas que fueron sugiriendo un camino: Amadeus en familia, crecer rodeada de música. ¿Sentís que todo eso fue construyendo, de algún modo, tu vocación?
–Lo de Amadeus fue increíble, re-importante. Es una película muy hermosa, a los tres hermanos nos gustaba mucho verla. Siento que elegir esta profesión se dio de una manera muy natural. Un poco todo empezó porque tenía escoliosis en mi espalda y entonces empecé a estudiar danzas clásicas, pero me gustaba, entonces seguí estudiando. Y después vino el canto. Cuando llegó el momento de elegir qué hacer, si ir a estudiar a Ciencias Económicas o qué, no había mucha chance. Un poco puede ser que por vaga haya dicho: «Si estuve todos estos años ensayando todo esto que me encanta, me divierte y la paso re-bien, ¿por qué no me voy a dedicar a eso?».

–¿Entonces?
–Entonces decidí estudiar para ser maestra de canto y de piano. Fui al Colón y en el Colón me bocharon. Entonces fui al Conservatorio Superior de Música «Manuel de Falla». Ahí estudié unos años y, en el 95, audicioné para Pepe Cibrián. Ya había dado otras audiciones, pero esa fue la primera vez que estuve con gente profesional, en el Luna Park, haciendo El Jorobado de París II. En ese momento me encontré con mi tribu. Todo se dio naturalmente. Entonces, no sé si fue una decisión. Fue seguir siendo feliz en la decisión.

Foto: Jorge Aloy

–¿Quiénes fueron tus grandes referentes?
–Estaba enamorada de Gene Kelly, porque era el bailarín que, para mí, la rompía con el tap. Me encantaba. Me gustaba mucho ver las películas de Lolita Torres, aunque yo no quería ser como Lolita Torres, ni como Libertad Lamarque, ni como Niní Marshall, pero veía esas películas y siempre había música en ellas. Bueno, Jerry Lewis, la comedia. Escuché mucho, mucho, mucho, a Barbra Streisand. Muchísimo. A los veintialgo, cuando empecé con la comedia musical. Mina, cantantes italianas. Y después había gente que yo admiraba y que eran mis compañeros. Por ejemplo, Omar Calicchio y Alejandra Radano. Venían haciendo carrera, y lo que ellos hacían y cómo se manejaban en la vida, en el ambiente y en las cosas que elegían, para mí era todo un ejemplo.

–En alguna oportunidad dijiste que compartir escenario con Serrat fue un momento muy significativo. ¿Qué otros recuerdos quisieras guardar para siempre?
–El hecho de que Serrat me haya llamado para compartir un concierto con él en la Plaza Vaticano fue increíble. Yo estaba embarazada, y cantar con él, pero también cantar las canciones que yo interpreto, me dio un lugar muy privilegiado. Me pareció muy generoso y muy hermoso, y eso sí me lo llevo. Haber estado en los escenarios de Inglaterra, en el teatro inglés, también es un gran sueño. Otro momento increíble fue cuando fuimos a Purmamarca a hacer unos conciertos en escenarios naturales. O tocar con orquestas infanto-juveniles en Misiones. El arte y el canto te llevan a hacer y a vivir cosas que son, para mí, muy emocionantes. No solo estar en los grandes escenarios del mundo, sino también cosas mínimas, pequeñas. Esas cosas las agradezco muchísimo.

–Luego de Invasiones I comenzaste una gira nacional con un concierto de piano y voz. ¿Qué significa para vos llevar esta propuesta por el país?
–Este es un concierto que venimos haciendo ya desde el año pasado con Nicolás Guerschberg, donde recorremos las canciones que me acompañaron a lo largo de mi carrera, como las de Piaf, las de Evita, Piazzolla, pero también las que estuvieron alrededor mío en todo este devenir de la música. Es muy lindo el recorrido, porque un poco relato la historia de mi carrera y de mi vida. No soy una artista de hacer muchas giras, pero es algo que empecé a cultivar y no quiero abandonar. Siento que está esa conexión con el público y que es interesante.

–Este tipo de propuesta tiene algo muy íntimo, que parece estar muy presente en tu manera de hacer.
–Lo tiene, sí. A mí me gusta mucho el sonido del piano, la voz. Pero después entendí que era una propuesta un poco para bajar el ruido de la vida, como el ruido externo. La música es muy bella y escuchar bandas es hermoso, pero esto lleva a un punto todavía más profundo, interno y simple. Y desde la simplicidad, la sensibilidad y lo íntimo, creo que uno puede bajar tanto que puede abrir su corazón todavía más. En eso siento también que el público se termina de conectar muy bien, y yo lo disfruto un montón.

Estás leyendo:

De cerca

«Me gusta estar acá»