Economía | CADENA CÁRNICA

Bifes en zona de tensión

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Cristian Carrillo

El enfrentamiento comercial entre China y EE.UU. golpea de lleno al segmento nacional de carne vacuna. Restricciones externas, límites productivos internos, derrumbe del consumo y alza de precios.

Presión. En los primeros once meses de 2025, Argentina exportó 654.800 toneladas de carne vacuna; 458.360 tuvieron como destino el mercado chino.

Foto: Senasa

La escalada comercial entre China y Estados Unidos vuelve a reordenar los flujos de comercio global y coloca a la carne vacuna argentina en una zona de tensión que combina restricciones externas, límites productivos internos y efectos visibles en los precios locales. La decisión del Gobierno chino de aplicar medidas de salvaguarda a las importaciones de carne vacuna impacta de manera directa sobre el principal destino de exportación del complejo cárnico argentino y profundiza los problemas que genera la decisión de los productores de privilegiar el mercado externo por sobre el abastecimiento interno.

Desde el 1° de enero, el Ministerio de Comercio de China fijó para Argentina un cupo anual de 511.000 toneladas de carne que mantiene el arancel vigente del 12,5%. Todo volumen que supere ese límite queda alcanzado por un arancel adicional del 55%, lo que encarece de forma sustancial la operatoria exportadora. En los primeros once meses del año, Argentina exportó 654.800 toneladas de carne vacuna, de las cuales 458.360 tuvieron como destino el mercado chino. La diferencia entre el cupo asignado y el volumen efectivamente exportado anticipa un ajuste forzado en los envíos o una pérdida de rentabilidad para los frigoríficos.

China es el principal comprador de carne argentina, con una participación que ronda el 70% de las exportaciones totales. El mercado chino absorbe cortes de bajo valor relativo para el consumo local, pero cumple un rol central en la ecuación del negocio, ya que permite colocar grandes volúmenes y sostiene el nivel de faena. La imposición de un techo arancelario introduce un factor de incertidumbre adicional en un contexto internacional marcado por la disputa comercial entre las dos principales economías del mundo.
La reconfiguración es una síntesis entre Estados Unidos y China. Washington busca ampliar su presencia en mercados estratégicos mientras Beijing combina compras selectivas con medidas defensivas sobre su producción local. Durante su anterior presidencia, Donald Trump había cuestionado el ingreso de carne argentina al mercado estadounidense, aunque luego habilitó cupos y, más recientemente, volvió a destacar la compra de carne al país como parte de la relación bilateral. La mayor demanda de cuota por parte de Estados Unidos no alcanza para compensar el peso específico del mercado chino ni la magnitud de las nuevas restricciones.

Stock ganadero. Argentina mantiene un nivel de faena elevado con señales de estancamiento.

Foto: Senasa


La guerra en la góndola
El impacto externo se cruza con una dinámica interna marcada por la caída del consumo y la suba persistente de los precios. Según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva), en diciembre de 2025 los precios en mostrador de los distintos cortes de carne bovina aumentaron 11,2% respecto de noviembre. En términos interanuales, la suba fue de 69,9%, es decir, cerca de 39 puntos porcentuales por encima de la inflación general de la economía, que se ubicó en 31,5%.

Desde noviembre de 2023, los precios de la carne en góndola acumularon un incremento de 330,1%, mientras que el nivel general de precios avanzó 257,5% en el mismo período, de acuerdo con el mismo informe del Ipcva. La diferencia muestra que la carne vacuna se encareció por encima del promedio de la economía, aun en un contexto de consumo en retroceso.

Las mayores subas de diciembre se registraron en cortes de consumo masivo. El asado aumentó 14,4%, el matambre 13,9%, el vacío 13,5% y el bife ancho 12,6%. Estos movimientos se produjeron en paralelo a una baja en otros componentes de la canasta alimentaria, como algunas hortalizas, lo que refuerza el peso específico de la carne en el gasto de los hogares.

Desde el punto de vista productivo, Argentina mantiene un nivel de faena elevado, pero con señales de estancamiento en el stock ganadero. Los informes de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) advierten que la sostenibilidad del actual esquema exportador depende de inversiones de largo plazo que no se concretan al ritmo necesario.

La presión exportadora, combinada con restricciones externas como las impuestas por China, reduce los márgenes de previsibilidad para productores y frigoríficos. Aunque en 2025 −con menos exportaciones que el año anterior− se conjugaron varios factores. Por un lado, la suba del precio internacional de la carne y por otro, una reconfiguración de los destinos de exportación, con una menor participación de China y un mayor peso de mercados de alto valor
como Estados Unidos, la Unión Europea e Israel, que ganaron protagonismo frente a una demanda china más retraída en la primera mitad del año.

El consumo interno, en tanto, continúa en niveles históricamente bajos. La pérdida de poder adquisitivo y la suba de precios explican una caída sostenida del consumo per cápita, que se ubica por debajo de los promedios históricos. Por los constantes aumentos de precios, la carne vacuna cede espacio a otras proteínas más accesibles, mientras que el precio en góndola se mantiene desacoplado de la evolución general de los ingresos. Argentina queda así atrapada entre un mercado externo que impone condiciones y un
mercado interno que no logra absorber la producción a precios compatibles con los ingresos.

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