Opinión

Ricardo López

Presidente de FAESS*

Un paso afuera de la organización internacional

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Agenda global. Distribución de vacunas por parte de la OMS en Samoa en 2023.

Foto: Getty Images

Tras los anuncios realizados en 2025, el 17 de marzo pasado se oficializó la salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El Gobierno argumentó que el organismo «pretende imponerse por encima de los países miembros» y que las decisiones sobre salud deben ser tomadas exclusivamente por los argentinos. Otros motivos aludidos fueron el costo del pago anual (5 millones de dólares) y el desacuerdo con las recomendaciones formuladas por la OMS en la reciente pandemia de Covid-19. Cabe agregar que esta decisión está motivada en seguir la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de retirarse de la organización.

Argentina ingresó en 1948 a esta organización según lo establecido por la Ley 13.211. Es decir, el país se sumó a la OMS con el aval del debate y aprobación del tema en el Congreso Nacional. Ahora se revierte esa decisión sin consulta ni pedido previo de ninguna sociedad científica o colegio médico.

La OMS reúne más de 190 países integrados en la Organización de las Naciones Unidas. En sus 75 años de historia registra hitos notables tales como la erradicación de la viruela con la vacunación masiva en 1980, que había provocado 300 millones de muertes. También la casi erradicación de la poliomielitis a nivel mundial desde el año 2020. Ha participado en la asistencia ante varias epidemias promoviendo acuerdos de colaboración entre países, y llevado a cabo misiones humanitarias en guerras y conflictos étnicos. La OMS es pionera en la provisión y promoción de vacunas. Y en el 2021 puso en marcha acciones para preservar la salud ante el cambio climático.

Luces y sombras
La organización internacional no impone conductas a sus países asociados. Solo actúa como organismo rector de la salud mundial. Su misión es coordinar, asesorar y proponer estándares. La gran mayoría de las disposiciones que emite la OMS (como el uso de barbijos, las cuarentenas o los protocolos de tratamiento) son «recomendaciones técnicas». Los países son libres de adoptarlas, modificarlas o rechazarlas según su propia legislación y soberanía.

Respecto a la actuación de la OMS en la reciente pandemia de Covid, es cierto que recibió críticas por algunas decisiones contradictorias respecto a la prevención y el aislamiento, así como la provisión igualitaria de vacunas. También ha recibido críticas la creación de un nuevo acuerdo sobre pandemias que se debatió intensamente tras el Covid-19. Es importante aclarar que el texto final de este acuerdo (adoptado en mayo de 2025) establece explícitamente que la OMS no tiene poder para dictar leyes nacionales ni obligar a vacunaciones o cierres de fronteras. La membresía no implica ninguna cesión de soberanía. Culpar a la OMS de las causas del fallecimiento de 6,5 millones de personas en la pandemia no resiste el menor análisis. Ni en el mundo ni en nuestro país. Aquí, las decisiones (buenas y malas) fueron tomadas por el anterior Gobierno argentino y no por la OMS. Un estudio, publicado en 2024 en la revista científica The Lancet, destacó que Argentina tuvo un menor exceso de mortalidad en comparación con sus vecinos de la región (entre ellos, Brasil, México y Bolivia), sugiriendo que las medidas de salud pública ayudaron a mitigar el golpe inicial a pesar de las dificultades económicas. Sin embargo, son válidas las críticas a la prolongación innecesaria de la cuarentena y su impacto en lo económico y social, medidas tomadas por el Gobierno.

En tanto, uno de los países que no cumplió muchas de las recomendaciones de la OMS, Estados Unidos, con grupos antivacunas que hoy están el Gobierno del presidente Trump, sufrieron la peor cantidad de muertes.

Así, EE.UU. reporto más de un millón de muertos (casi la sexta parte de las víctimas fatales en todo el mundo), con imágenes desgarradoras que hemos visto en televisión. Algo similar sucedió en Brasil, entonces gobernado por el ultraderechista Jair Bolsonaro.

Visión sesgada
El Gobierno de Javier Milei ha decidido que el país se retire de la estructura global (Ginebra), pero mantenga su membresía en la estructura regional (Panamericana). Aunque institucionalmente son entidades separadas, están profundamente entrelazadas. En lugar de recibir informes de la OMS, Argentina está firmando convenios de reciprocidad de información con acuerdos con países vecinos.

El principal perjuicio de esta decisión es la profundización del aislamiento del mundo real, a partir de una visión sesgada de la realidad sanitaria mundial. Pero también la salida de la OMS implica quedar afuera de programas de colaboración y participación científica ante nuevas epidemias, la pérdida de participación en el desarrollo conjunto y comercialización de vacunas generadas en el país, así como la necesidad que habrá que afrontar de financiar una red propia de laboratorios de vigilancia. Además, es muy probable que este aislamiento trabe acuerdos comerciales, por caso, el ingreso buscado a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un organismo que exige estándares técnicos muy estrictos. En el área de salud, la OCDE utiliza las estadísticas y protocolos de la OMS como base para evaluar a sus candidatos. Y habrá que ver el impacto en el reciente acuerdo Mercosur-Unión Europea, así como otros futuros tratados comerciales. En suma, estamos ante una decisión que solo trae perjuicios para el país, adoptada en el marco de un acto inconsulto con los profesionales médicos y científicos (así como a la población), siguiendo la opinión de las políticas del actual Gobierno estadounidense.

*FAESS: Federación Argentina de Entidades Solidarias de Salud

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