Política | MILEI Y LA OPINIÓN PÚBLICA

Entre el rechazo y el desencanto

Tiempo de lectura: ...
Demián Verduga

Encuestas diversas coinciden en el registro de un clima social adverso para el Gobierno, que conserva un piso de apoyo. Las consecuencias de la política económica se hacen sentir incluso entre quienes votaron al presidente.

El peso del ajuste. Los sondeos detectan una visión crítica mayoritaria de la gestión de Milei.

Foto: NA

Hay una tensión en el aire. Se percibe al caminar por la calle, al comprar en la verdulería, al subir al colectivo. El mal humor impera. Las quejas sobre el valor de todos los bienes básicos para la subsistencia proliferan en las conversaciones entre compañeros de trabajo, amigos, familiares.

Es un clima que contrasta con el resultado que arrojaron las elecciones legislativas en octubre del año pasado, cuando el partido del presidente Javier Milei, La Libertad Avanza (LLA), se impuso en 14 de los 24 distritos del país. Si se repasan las imágenes de aquel 26 de octubre, se verá que no hubo euforia por el resultado. No hubo festejos masivos. Fue más bien como un suspiro de alivio para amplios sectores de la sociedad que pensaron que si Milei perdía podría haber una catástrofe financiera.

Había motivos para creer eso. La amenaza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se produjo a pocos días de la elección. Trump advirtió públicamente que dejaría de darle apoyo monetario a la Argentina si Milei perdía las elecciones. Era un escenario marcado por las turbulencias financieras que se habían desatado luego de la derrota de LLA en la provincia de Buenos Aires, un mes antes.

Todo este repaso es para marcar que, quizás, los datos que arrojan las últimas encuestas sobre el respaldo al Gobierno nacional no sean contradictorios con ese resultado electoral. Hay que barajar la posibilidad de que en octubre de 2025 no haya habido un respaldo al «modelo» de Milei sino temor a un cataclismo.


En picada
Son varios los sondeos que muestran que el presidente y su Gobierno están transitando el peor momento con la opinión pública. La consultora brasileña Atlas Intel –una de las que acertó en 2023 el triunfo de Milei– midió al presidente en el mes de marzo y el resultado fue lapidario. La desaprobación del mandatario argentino llegó al 61%. Al medir la imagen de un jefe de Estado se mezclan valoraciones personales y desempeño de gestión. La multiplicación de las denuncias de corrupción que salpican a Milei y su hermana Karina colabora con la caída de imagen.

Sin embargo, en el terreno de la acción de gobierno no le va mucho mejor. El 57,4% tiene una visión negativa sobre el desempeño del ejecutivo nacional. Un 30% lo considera bueno y un 12% regular. ¿Las causas? No hay una respuesta lineal. Algunos indicios aparecen en los sondeos: un 65% de los consultados por Atlas, por ejemplo, considera que la situación económica es mala.

La última medición de la consultora Proyección suma datos en el mismo sentido. Sobre su situación económica personal en los últimos meses, el 70% de los encuestados respondió que estaba igual de mal o peor. Un 20% dijo que se mantuvo igual de bien y solo un 8% que mejoró.

Queda claro al mirar los sondeos que Milei parece haber consolidado un núcleo duro de respaldo que ronda los 35 puntos. Es muy similar al que tuvo el expresidente Mauricio Macri a lo largo de su mandato. Esto arroja algunos interrogantes: ¿Milei ha quedado reducido al respaldo del antiperonismo histórico que siempre va a acompañar lo que se ponga enfrente del partido Justicialista? ¿Ya no es un dirigente que cruza fronteras y junta votos de segmentos del electorado que en otros tiempos votaron al peronismo? Son preguntas que solo se responderán con certeza cuando haya elecciones y se pueda cruzar la cantidad de votos con datos geográficos y de condición económica. Por ahora vale señalar que en las encuestas la caída ha sido constante desde fin del año pasado. Caída que persiste cuando se pregunta sobre el futuro.

En la encuesta de Proyección, el 60% dijo que creía que estaría igual de mal o peor. Un 39% –núcleo duro– contestó que igual de bien o mejor. Ese es un dato central. En el último año del Gobierno de Macri, cuando la crisis empeoraba cada día a pesar del salvataje multimillonario del FMI, el jefe de Gabinete de aquel momento, Marcos Peña, decía que Cambiemos peleaba contra el «pesimismo». Una digresión: jamás se le ocurrió pensar que quizás el desánimo era el efecto del plan económico que estaban aplicando.

Volviendo el punto: los planes de ajuste conservadores siempre tienen como combustible político la promesa de un mañana mejor. «Hay que pasar el invierno», dijo Álvaro Alsogaray en 1959. Hace casi 70 años que la derecha repite la misma fórmula. Milei es un personaje más carismático de lo que fue Alsogaray. Logró convencer a una franja muy amplia de la población de que al final de este desierto estaba la tierra prometida. El tiempo pasa y en el horizonte sigue viéndose solamente arena.

El combustible para que la población soporte el ajuste estructural es la fe en que en algún momento habrá prosperidad. Cuando esa confianza se debilita, cuando pasa el tiempo y las cosas solo empeoran, los Gobiernos conservadores comienzan a perder respaldo social. Es lo que le está ocurriendo a Milei.

Además, la guerra
A esta perspectiva oscura sobre la situación económica del presente y el futuro se suma la guerra en el Golfo Pérsico, que amenaza con modificar el sistema de alianzas internacionales, siempre y cuando la escalada no termine arrastrando a todo el planeta a una catástrofe.
Milei asumió una posición de alineamiento absoluto en respaldo a la acción bélica de Estados Unidos e Israel contra Irán. Ningún país latinoamericano tiene la misma postura. Brasil y México, puede argumentarse, tienen Gobiernos progresistas que reivindican la autonomía respecto de EE.UU., pero el presidente ultraderechista chileno Antonio Kast ha sido mucho más cuidadoso en sus declaraciones sobre el conflicto que Milei. En la misma línea se ubicó el multimillonario mandatario de Ecuador, Daniel Noboa, y el salvadoreño Nayib Bukele. Los tres son aliados de Trump y han mantenido distancia respecto de este conflicto.

En Europa, los países que son parte de la OTAN decidieron no sumarse a la guerra. La OTAN está transitando su momento más crítico desde su creación en 1949.

Este panorama global impacta en la valoración de la opinión pública sobre el presidente. Una encuesta de Zubán-Córdoba cerrada a mediados de marzo hizo dos preguntas sobre el tema. Acerca de la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán, un 72% dijo estar en contra, un 14% a favor y un 12% no contestó. Al ser consultados por la posición asumida por el Gobierno argentino, un 66% manifestó su desacuerdo, un 20% se pronunció a favor y un 12% no respondió.

A la mayoría de los argentinos no suele interesarles demasiado lo que ocurre a nivel internacional. La política exterior de un Gobierno casi nunca es el motivo de su aprobación o rechazo. Sin embargo, es otra gota en la catarata del enojo con el Gobierno de Milei.

Estás leyendo:

Política MILEI Y LA OPINIÓN PÚBLICA

Entre el rechazo y el desencanto

Dejar un comentario

Tenés que estar identificado para dejar un comentario.