Agenda | Teatro

Juguetes perdidos

Tiempo de lectura: ...
Ezequiel Obregón

Cuando dejé de volar
Autor: Pablo Gorlero
Director: P. Gorlero
Intérpretes: J. Dodds, G. Aguirre, T. Rotenberg Hirsh, M. A. Botindari, D. Ferrari
Sala: Raúl González Tuñón del CCC

Cuarto propio. El protagonista, Jerónimo (Dodds, a la derecha), regresa a la casa familiar.

Foto: Pablo Gorlero

En tiempos en los que la virtualidad se impone contra lo tangible, Cuando dejé de volar resulta un bienvenido retorno a aquella infancia en la que los juguetes, además de cuidarse, proponían un imaginario que se amplificaba con el tiempo. La llegada de cada cumpleaños, cada Navidad, cada Día del Niño, con frecuencia significaban el acrecentamiento de un tesoro que, en muchos casos, persiste bajo la forma de coleccionismo ya dentro de la adultez.

Pablo Gorlero, su autor y director, nos propone un cuento en el que se fusionan aquel regreso al primer cuarto propio y una historia de coraje y superación personal. El puntapié de esa historia lo da Jerónimo (gran trabajo de Jerónimo Dodds), un joven que ingresa a su habitación en medio de un plan para vender la que fue su casa. Sin esperarlo, se abre ante él un portal directo a su infancia, a partir de la aparición de algunos «juguetes-fantasmas» y de aquel niño que supo ser (rol alternado entre Gonzalo Aguirre y Teo Rotenberg Hirsh). Con asombro y alegría, Jerónimo entablará con ellos un diálogo que lo llevará a plantearse qué partes de su historia vale la pena revisar para poder seguir en la senda de la adultez.

Gorlero es también el autor de las letras que, con gracia e inspiración, nos hablan de valores que los tiempos digitales muchas veces marginan. Ya el simple hecho de que esos juguetes se conserven bien (con algunos «faltantes», como el espectador podrá apreciar), nos rememora que muchos de nosotros supimos ser los hacedores de nuestro propio entretenimiento, cuando las modas existían, pero la experiencia era una hermosa manera de ampliar nuestra visión de mundo.

Por otra parte, no solo se nota la materia artesanal en la concepción del espectáculo, sino también en el delicado diseño de los títeres a cargo de Alejandra Farley, que son una de las claves emotivas de Cuando dejé de volar. Son los «otros personajes», que integran distintas técnicas con un solvente trabajo vocal y corporal de los performers Mariano Agustin Botindari y Diego Ferrari. Esta impronta emparenta a la pieza con la saga de Toy Story (en breve se estrenará la quinta película), pero mucho más con los trabajos de Jim Henson, aquel genio creador de Los Muppets y Laberinto, otra fábula sobre el dolor que implica crecer, aunque sea inevitable.

Párrafo aparte merece el trabajo de diseño de vestuario de Luis Skupien y diseño de escenografía de Vanesa Abramovich, ambos funcionales para la sala en la que se presenta el espectáculo y con una estética algo retro que nos pondrá «del lado de Jerónimo» ni bien nos sentemos en la butaca.

Las coreografías de Marina Svartzman, a tono con la propuesta dramatúrgica, no abandonan la impronta lúdica; fusionan con gracia la corporalidad adulta con la infantil y nos restituyen a ese tiempo añorado que, cerca del final, se revelará como el espacio del dolor, sí, pero de la reconciliación con el propio pasado para poder avanzar hacia el futuro.

El teatro musical actual cuenta con una apreciable cantidad de «tanques» que se pueden hacer gracias a una apabullante cantidad de jóvenes talentos que se destacan en medio de la parafernalia escenotécnica en la que se cifra parte del éxito. Sin embargo, no deben dejar de conmovernos obras como Cuando dejé de volar, en las que el detalle, el cuidado puesto en lo mínimo y el valor emotivo no se achican a la hora de impactarnos.

Estás leyendo:

Agenda Teatro

Juguetes perdidos

Dejar un comentario

Tenés que estar identificado para dejar un comentario.