5 de mayo de 2026
La riqueza de cada uno de los argentinos cayó en la última década y no encuentra piso. Economía partida entre ganadores y perdedores y el fin de la credibilidad en las promesas a futuro.

Deterioro. La caída del PIB per cápita supone una menor capacidad de consumo y menor productividad.
Foto: Diego Martínez
La economía real sigue empecinada en contradecir al presidente y a su ministro de Economía. En ese marco, las explicaciones que ambos idean dejan gusto a poco en los oídos y sobre todo en los bolsillos de la población. Desde autopercibirse como el más perjudicado por el deterioro de su salario real y ufanarse de ello, por parte de Javier Milei, hasta argumentar que la caída del 2,6% de la actividad económica en febrero ‒el mayor descenso desde fines de 2023‒ fue consecuencia de «dos días hábiles menos y un paro general», por parte de Luis Caputo, nos dejan casi sin respuesta ante manifestaciones tan «fondo de olla».
Y si bien Milei y Caputo para justificar sus aseveraciones ponen como ejemplo de crecimiento a los sectores hoy más dinámicos de la economía, como minería, energía, agro e intermediación financiera, lo cierto es que, en la actualidad, los argentinos producen y consumen menos por habitante que hace diez años.
Un informe de la consultora privada de Economía & Energía (ECEN) midió la evolución del Producto Bruto Interno (PIB) per cápita desde 2015 hasta 2025. En el trabajo, relevaron que el PIB per cápita retrocedió cerca de un 6%, una caída que refleja no solo estancamiento, sino un deterioro en la capacidad de generar riqueza por habitante. Además, concluyó que este deterioro expone un problema estructural, que además no encuentra piso.
Pero, ¿qué mide el PIB per cápita? Mide con mayor precisión la riqueza de un país. Se calcula dividiendo el Producto (el valor de todos los bienes y servicios producidos en un país durante un período de tiempo determinado) entre el número de habitantes. Además, se utiliza para comparar el nivel de bienestar entre diferentes países y, especialmente, para para analizar la evolución económica de un país a lo largo del tiempo.
El retroceso del PIB per cápita supone, a nivel cotidiano, una menor capacidad de consumo, menor productividad y, en el caso argentino, delinea una economía que, aunque crece por momentos, en algunas etapas, no logra mejorar estructuralmente el bienestar de sus habitantes. Todos somos un poco más pobres que hace 10 años, ya que podemos consumir menos bienes y menos servicios.
En 2025, el PBI per cápita fue de 16.119 dólares (a valores de 2004), un 5,4% por debajo del récord registrado en 2011 (17.045), el mayor de la serie histórica, de acuerdo a la estadística elaborada por la organización Fundar. En ese año récord, Argentina era el país con mayor PBI per cápita de la región. 14 años después retrocede posiciones y queda por detrás de Chile, Uruguay y Panamá, según la consultora.
Además, este deterioro convive con una economía partida. La disparidad con claros «ganadores», como el agro, energía y minería, y la intermediación financiera, y otros que no repuntan, como el comercio, la industria y la construcción, vuelve muy débil cualquier recuperación porque el crecimiento queda concentrado en pocos motores y, vaya sorpresa, no derrama sobre el resto.
Comparación regional
Si la comparación hace foco en la región, además de encender alarmas, derriba un mito generalizado por Gobiernos de distinto signo político: el estancamiento es consecuencia de los shocks externos.
Buena parte de los países sudamericanos mejoró en la última década sus niveles de ingreso por habitante, mientras que Argentina aparece entre los peores desempeños. Mientras Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Perú, Ecuador y Paraguay lograron expandir su PIB per cápita en más del 8%, Argentina solo creció al 2,5% entre 2015 y 2025. Sin embargo, al considerar un aumento poblacional cercano al 8,5% –según datos del INDEC–, el resultado neto fue una caída del 5,7% del PBI per cápita, de acuerdo con el último informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia. Así, el país se ubicó en el puesto 233 sobre un total de 250 países con información disponible en materia de «performance de crecimiento», según las estadísticas del Banco Mundial.
El informe de ECEN subraya, además, que mientras América Latina creció a un promedio del 1% anual desde 2011, Argentina retrocedió a una tasa del 0,8% anual. La única gran economía latinoamericana cuyo ingreso por habitante es hoy menor al de hace más de diez años y que la sitúa en un escenario similar al de economías en crisis humanitarias profundas.
Una de sus consecuencias fue la pérdida de liderazgo. Argentina pasó de encabezar el ranking de ingreso por habitante en la región a ser superada por Chile, Uruguay y Panamá. La consultora concluye aseverando que el país no enfrenta un ciclo recesivo, sino que su bajo crecimiento es ya un problema estructural.
Este retroceso del PBI per cápita tiene, además, una dimensión política, ya que cuestiona y pega en el corazón del ideario de todo programa económico neoliberal que repite casi como un mantra que los sacrificios presentes redundarán en una mejora futura. Sin embargo, si día a día, si generación tras generación, esa riqueza por habitante cae, esa promesa se tensiona. Y desenmascara cada vez más la esencia del proyecto neoliberal libertario: el de dar forma a un populismo para ricos.
