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La guerra del crudo

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Cristian Carrillo

El conflicto en Oriente Medio y las escaladas en el Estrecho de Ormuz reconfiguran las disputas por el control del suministro global del hidrocarburo. Debilitamiento de la OPEP e incertidumbre.

Restricción. Por el paso marítimo transitan 20 millones de barriles diarios de crudo y derivados, el 25% del comercio marítimo de petróleo.

Foto: Getty Images

La decisión de Emiratos Árabes Unidos de abandonar la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) coincide con una escalada bélica en Medio Oriente y la incertidumbre sobre el libre tránsito de naves en el estrecho de Ormuz. El precio del petróleo se dispara y reconfigura las disputas por el control del suministro global, con Estados Unidos intentando recuperar influencia sin garantizar estabilidad. El resultado es que el precio internacional del petróleo volvió a ubicarse en niveles máximos en medio de la guerra en Medio Oriente y un escenario geopolítico en rápida mutación.

El barril de Brent del Mar del Norte, referencia global, superó los US$ 119, su valor más alto desde los primeros meses del conflicto en Ucrania en 2022 tras el anuncio, aunque algunos analistas especulan que el impacto de largo plazo sea una baja del crudo. En paralelo, el WTI estadounidense trepó por encima de los US$ 107 el barril. La suba responde a un factor central: la incertidumbre sobre el tráfico en el estrecho de Ormuz, un paso clave por donde circula cerca del 20% del crudo mundial.

«El Wall Street Journal reportó que Trump les dio instrucciones a sus asesores para preparar un bloqueo extendido sobre el Estrecho de Ormuz, en un intento por forzar a Irán a volver a la mesa de negociaciones. La señal despeja toda duda sobre una desescalada rápida y refuerza el sesgo alcista en los precios», indicó la consultora PPI en su informe matutino. El endurecimiento de la estrategia estadounidense se combina con un conflicto sin resolución a la vista. 

Esto sugiere un estancamiento prolongado: los combates están en gran medida detenidos, pero no surge ninguna solución duradera, y el tráfico en el estrecho sigue siendo incierto.

En ese marco, los precios del petróleo incorporan no solo el riesgo actual sino la expectativa de interrupciones sostenidas en la oferta.

Sin embargo, en paralelo a la escalada militar, se produjo un movimiento de fuerte impacto estructural: la salida de Emiratos Árabes Unidos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Se trata de uno de los principales productores del mundo y, sobre todo, del segundo con mayor capacidad ociosa, es decir, con posibilidad de aumentar rápidamente su producción.


Oferta mundial
Durante décadas, la OPEP funcionó como un mecanismo de coordinación de la oferta global. Sus miembros controlan alrededor del 38% del suministro mundial y cerca del 79,5% de las reservas comprobadas. Aunque su influencia disminuyó respecto de los años setenta, el cártel aún tiene capacidad de incidir en los precios.

La salida de Emiratos introduce un factor de desorden en ese esquema. Según un análisis difundido por la BBC, «los Emiratos Árabes Unidos querían aprovechar la considerable capacidad en la que habían invertido», ya que las cuotas de producción de la OPEP limitaban su expansión. En términos concretos, pasaría de un techo de entre 3 y 3,5 millones de barriles diarios a una potencial producción cercana a los 5 millones. Ese cambio puede no tener efectos inmediatos –en un contexto donde el problema central es el bloqueo físico del transporte– pero sí modifica las perspectivas de mediano plazo.

Artilugio. El retiro de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP como una herramienta indirecta para debilitar la capacidad de coordinación de la organización.

Foto: Getty Images

El movimiento emiratí también se inscribe en una disputa política más amplia. Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, venía cuestionando el rol de la OPEP y presionando para aumentar la producción global y contener los precios internos de los combustibles. La decisión de Emiratos se estima alineada con esa estrategia, en un contexto en el que Washington busca incidir en el mercado sin depender de acuerdos multilaterales ni resolver el conflicto con Irán. En ese contexto, la salida de la OPEP sería una especie de herramienta indirecta para debilitar la capacidad de coordinación del cartel. Menos disciplina en la oferta implica mayor volatilidad de precios, pero también abre la puerta a incrementos de producción que podrían moderar las subas si se normaliza el comercio.

Así, por un lado, Washington mantiene capacidad de presión militar y financiera. Por otro, no logra garantizar estabilidad en regiones clave para el suministro global ni evitar disrupciones que impactan directamente en los precios. La amenaza de bloqueo en Ormuz es, en ese sentido, una señal de poder, pero también un factor que tensiona el mercado que busca estabilizar. El resultado es un equilibrio inestable. La OPEP aparece debilitada, pero no reemplazada por un nuevo mecanismo de coordinación. Estados Unidos gana margen de maniobra, pero no controla las variables centrales del mercado. Y los países productores del Golfo, incluso aliados de Washington, enfrentan costos crecientes en un conflicto que erosiona sus economías.

En paralelo, algunos analistas advierten que el actual ciclo de precios altos podría no ser permanente. «No conviene descartar que pueda caer hasta cerca de los US$ 50 en algún momento del próximo año», señala el informe de la BBC, en caso de que se resuelva el conflicto y se normalice el tránsito en Ormuz. Esa posibilidad convive con otra tendencia de fondo: la transición energética. La electrificación del transporte, especialmente en China, ya redujo la demanda en alrededor de un millón de barriles diarios. En ese contexto, la decisión de Emiratos también puede interpretarse como una estrategia para monetizar reservas antes de un eventual cambio estructural en el consumo global.

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