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La otra cara del Mundial

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Silvina Molina

«El relato inclusivo de la FIFA es solo declamativo», dice la exjugadora y actual entrenadora Mónica Santino, quien reflexiona sobre el poder y los negocios detrás de la pelota. La lucha de las mujeres contra las desigualdades que persisten.

Foto: Paola Olari Ugrotte

Mónica Santino, exfutbolista y actual DT, quiere que Argentina sume su cuarta estrella en el Mundial de fútbol que comienza el 11 de junio y se disputará, por primera vez en la historia, en tres sedes: Estados Unidos, Canadá y México.

Desde «esta patria que es el fútbol», como define al deporte más popular, analiza el próximo mundial desde una mirada política y feminista. Así, descree de la democratización de este Mundial, de los discursos inclusivos de la FIFA, y rescata el aporte del fútbol femenino a través de su historia. 

Santino fundó La Nuestra Fútbol Feminista en Villa 31 en 2007 y fue declarada Personalidad Destacada del Deporte en la Ciudad de Buenos Aires. Es una apasionada del fútbol que integra y genera comunidad. Desde ese enfoque, entonces, reflexiona sobre la copa del mundo 2026.

–Este Mundial ampliando con número histórico de selecciones -48- y tres países como sedes, ¿implica una democratización del fútbol?
–No creo que implique necesariamente una democratización del fútbol, aunque el discurso oficial de la FIFA y de sus dirigentes lo justifique, y que por fuera pareciera eso porque más países tienen chances tanto de participar como de ser sedes. En realidad, no es una ampliación de ningún derecho a jugar, sino más bien una ampliación del negocio. Está directamente vinculado a los derechos televisivos. De ninguna manera es una democratización, más bien es la fortaleza de la FIFA, del negocio gigantesco, enorme de la industria; el espectáculo que significa el fútbol de varones en estos tiempos. Y después, bueno, las condiciones en que llegan los jugadores: extenuados, lesionados. Son los obreros de esta industria y son los que pertenecen a la élite del fútbol mundial. También hay mucha desigualdad de un país a otro de acuerdo a su desarrollo futbolístico, tanto en lo deportivo como en el plano económico, así que no, la democratización queda muy linda en los discursos, pero me parece que está lejos del verdadero interés que es económico.

–¿Con qué realidades dialoga este Mundial?
–El Mundial dialoga con un momento geopolítico de altísima intensidad. Dialoga con un mundo completamente en conflicto, con un país que va a hacer sede –Estados Unidos– cuyo presidente es un agresor, un personaje canallesco, vulgar, que ha decidido emprender guerras en regiones para disputarse el poderío económico con China. En otras épocas, como durante la Segunda Guerra Mundial, se paraba, no se jugaba. Recién tuvimos Mundial de nuevo en 1950. Es una demencia pensar que con lo que ocurre en algunas zonas, por más que estén lejos de Estados Unidos, Canadá y México, el Mundial se juegue en el país que agrede. Han sacado a Rusia de un Mundial de Qatar 2022 por la guerra con Ucrania, pero acá no pasa nada. Todo eso me parece que es una locura, me parece que el diálogo es de locura, un diálogo de locos.

–¿Conocés algunas medidas de FIFA para este Mundial que sean inclusivas?
–No, me parece que las cuestiones inclusivas de FIFA son más bien declamativas. Cuando se piensa en quiénes pueden ir a la cancha a ver los partidos, bueno, ya ahí tenés la primera exclusión que es económica, muy muy grande. Hay miles y miles de fanáticos alrededor del mundo que nunca podrían llegar a pagarse un viaje ni a sacar una entrada. Miles que capaz no acceden a la televisión paga para poder ver los partidos. Sin ir más lejos, en Argentina, donde se verán gratis solo los partidos de la selección. Entonces, me parece que esas medidas pueden ser de declaración de principios, como el no al racismo, no a tal cosa, no a la otra. El fútbol es esperanza, pero no conozco una medida para que el Mundial sea inclusivo.

–El fútbol femenino, y los mundiales, han ganado protagonismo. ¿Siguen las desigualdades? 
–El crecimiento del fútbol femenino fue vertiginoso, exorbitante, sobre todo en los últimos años. Se están disputando finales de Champions League a cancha llena y con enormes partidos de fútbol, y se están jugando procesos de eliminatorias en muchos países. En Sudamérica es la primera vez que se juegan eliminatorias, porque antes se clasificaba directamente. El cambio fue muy muy rápido, el protagonismo se va ganando, y el año que viene vamos a tener el primer Mundial de Fútbol Femenino en Sudamérica que se va a disputar en Brasil. Eso es muy importante, y bueno, deseando muchísimo que la selección argentina clasifique. Y claro que las desigualdades siguen. Para que una jugadora equiparara su sueldo con el que cobraba Neymar no hace mucho tiempo, había que juntar siete u ocho planteles de primera línea de Europa. Todos esos sueldos juntos, de todas esas jugadoras, serían el sueldo de Neymar. Nos pueden decir que el fútbol masculino nos lleva mucho tiempo de desarrollo, de crecimiento y que muchas de esas desigualdades tienen que ver con ciertos discursos o formas de ver la vida mucho más conservadora donde todavía se piensa que las mujeres no podemos jugar al fútbol.

Lo que pasó en el Mundial de Nueva Zelanda con la selección de España puso más el foco en todo eso que en el rendimiento deportivo de las jugadoras, hizo que ese beso no consentido de Luis Rubiales a Jenni Hermoso catapultara la salida de quien era el mandamás del fútbol español. Hay un impacto ahí en cómo muchas mujeres se plantan, dicen, denuncian, se oponen de alguna manera al poder. Megan Rapinoe se negó a ir a la Casa Blanca a recibir los saludos de Trump por haber ganado el Mundial de Francia en el 2019, y ahí hay algo que los varones debieran mirar, algún pie de lucha donde jugadores y jugadoras se planten frente al poder real que controla el fútbol. Me parece que eso puede tener algún puente de influencia entre un fútbol y otro.

–¿Por qué es importante el antecedente del primer Mundial femenino no oficial que se jugó en México en 1971?
–Es muy importante en cuanto a la recuperación histórica del fútbol femenino. Para que no se lo piense como una actividad que se puso de moda, como que de golpe a las minas se les ocurre jugar. El fútbol femenino argentino, y en el mundo, tiene una historia con prohibiciones, con obstáculos, con no poder jugar. Ese Mundial no fue reconocido por la FIFA, de ahí la importancia del rescate histórico y el poder homenajear en vida a las jugadoras de la selección argentina que fueron parte con el Día de la Futbolista Argentina, que es el 21 de agosto porque ese día en 1971 esa selección goleó a Inglaterra en el Estadio Azteca.


Construir representación
Santino rescata los libros, el trabajo de Ayelen Pujol, y de otras periodistas por recuperar la memoria histórica del fútbol femenino. «Eso nos permite ir construyendo una representación de la mujer futbolista en la cultura, que era algo que estaba completamente vedado. Adentrarnos en ese Mundial del 71, con los feminismos en la calle y el ingreso a la agenda del movimiento de mujeres con el derecho al juego y el fútbol fue importantísimo. La clave es ir armándonos historia, y no pensar que siempre fueron los varones, también tenemos mujeres para poder mirarnos y reconocernos».

–Considerás que le falta feminismo a este Mundial, ¿por qué?
–En general falta feminismo en muchas cosas, ¿no? Estamos asistiendo a un momento antiderechos. Yo vinculo al feminismo con la lucha contra las opresiones. Y vaya si hay opresión de ese pulpo gigante que es la FIFA, y de ese negocio inmenso que significa el fútbol. Entonces, creo que la falta de feminismo tiene que ver con no poder pararse frente a esos poderes. Yo no digo que los jugadores no vayan a jugar, que es el sueño de cualquiera, pero no obedecer, no acatar mansamente. Me parece que ahí falta feminismo. No hace falta ser mujer para ser feminista. Los varones pueden organizarse y tomar otra conciencia.

–¿Cómo se relacionan la situación económica del país y la pasión de los argentinos por el fútbol? 
–No hay mucha intensidad de clima previo al Mundial como, me parece, había en el 2022. Creo que tiene que ver con el contexto social y político que estamos atravesando, penurias económicas, pluriempleo, poco tiempo. Creo que hay un combo de todo eso, pero estoy segura de que cuando la pelota empiece a rodar y Argentina juegue contra Argelia el 16 de junio, bueno, va a pasar lo que nos pasa siempre con el fútbol, porque es nuestra cultura, nuestra religión, porque juega la selección y nos conmueve. Somos una patria, una tierra de fútbol. Eso no tiene que ver con hacer análisis por el lado de que el conjunto de la gente queda anestesiada y se olvida de un Gobierno que se la hace pasar mal, es otra cosa. Hablamos del amor por el juego, porque es un juego de pueblos. Yo puedo entrar en contradicción porque me morí de odio con la imagen de Messi y De Paul escoltando a Trump, pero voy a hinchar por Messi y De Paul, voy a hinchar por la selección argentina, porque soy argentina y porque amo el fútbol. El Mundial puede ser usado políticamente, claro. Fue utilizado por una dictadura militar, sin ir más lejos. ¿Por qué no sería usado por un Gobierno como el de Milei? Y quizás asistamos, una vez más, a ese tironeo que ocurrió en 2022 entre la AFA y el Gobierno. Más allá de todo, quisiera que Argentina sea campeón y gane su cuarta estrella. Es difícil, pero cuando suena el silbato y la pelota rueda, no hay que olvidarse de que es fútbol, un deporte donde todo puede pasar.

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