Cultura

Ferias de libros en todo el país

Tiempo de lectura: ...
Diego Sasturain

Entre agosto y noviembre llega la temporada alta de esta clase de eventos en todo el país. Desde Chubut hasta Jujuy, un repaso de los principales encuentros y las características que los distinguen.

Entre agosto y noviembre las ferias del libro proliferan en todo el país. Es la temporada alta para el puestero que va llevando sus libros de un evento a otro. Algunos tienen librerías con locales propios, pero otros se dedican exclusivamente a esta actividad itinerante. Apuestan por unos días y hacen cálculos muy finos, ajustan expectativas, seleccionan el tipo de material porque conocen el perfil de cada lugar. Ganan y pierden, pero siempre están ahí.

En agosto, los feriantes elegirán entre ir a Comodoro Rivadavia, Tandil o Bragado. Para septiembre las opciones son muchas: Concordia o Neuquén, pero también La Matanza, Berazategui, Almirante Brown y Malvinas Argentinas, en el conurbano bonaerense. En octubre será el turno de Córdoba, Chajarí, Río Grande, Santa Rosa o Rawson. Y en noviembre de Río Gallegos, Lanús, Junín o Balcarce. Hay ferias de todo tipo: caras o baratas, grandes o más modestas, largas –de hasta diez días– o de apenas tres, nacionales, provinciales y hasta municipales. Los libreros se cruzarán en algunas y en otras no, pero son parte central de esta actividad.

Dependiendo del tamaño y de la convocatoria, en los stands –ya sean de editoriales o librerías– se pueden conseguir las últimas novedades, títulos de sellos locales y publicaciones universitarias. Son un espacio de venta importante en ciudades donde no hay tantas librerías, un tejido que se vería afectado por una eventual derogación de la Ley del Libro, tal como promueve el Gobierno nacional.

Si las grandes cadenas de librerías o de supermercados pudieran vender tanto físicamente como online a precio de dumping, las pequeñas tiendas y las ferias se verían desplazadas. La Cámara Argentina del Libro –organizadora de las ferias nacionales y que incluye a las principales editoriales– se opone férreamente a la derogación de la ley. En la Argentina los textos no llevan impreso el precio en la tapa, como ocurre en otros países, pero la existencia de una lista de valores fijos implica una relativa paridad de condiciones entre grandes y pequeños actores. La desregulación del sector abriría la puerta a una concentración aún mayor.

Quienes tal vez no se verían tan afectados serían los feriantes, que ofrecen todo el espectro del mercado de saldos: libros infantiles, de cocina, best sellers de años pasados, sagas, ciencia ficción, cómics y clásicos literarios en ediciones populares. En algunos casos se permite la venta de usados y de materiales escolares. También ofrecen chequelibros, que se entregan a alumnos de primaria y secundaria para que puedan acceder a distintos títulos.

Variedad y autogestión
Cada encuentro es muy importante para la comunidad en la que se realiza. Según Raquel Insermini, responsable del que se lleva a cabo en Oberá, que tuvo su edición número 49 entre el 4 y el 12 de julio, «lo mejor es la unidad y la fraternidad de los libreros, que por años vienen a la ciudad y ya son como nuestra familia». Este año estuvo dedicada a Carlo Collodi y su personaje Pinocho.

En paralelo a la de Misiones se hicieron las de La Rioja y Corrientes: es el comienzo de la temporada alta. «La gente busca actualidad literaria, ya que la población de Misiones no tiene fácil acceso a la Feria Internacional de Buenos Aires. También acuden mucho a las charlas y conferencias, así como a las presentaciones de libros. Y especialmente se está dando la asistencia a las de escritores misioneros», comenta Insermini.

La de Jujuy abrirá entre el 7 y el 15 de agosto. Su responsable, María Eugenia Jaldin, señala que «es más que un evento de venta de libros. Significa la defensa de un esfuerzo autogestivo e independiente que cada año reúne a miles de personas. Es un espacio multidisciplinario y gratuito, que se convirtió en una plataforma cultural en donde se visibilizan los talentos locales y regionales».

Este año, la feria cumple 20 años. «En la edición de 2025 asistieron más de 100.000 personas. Normalmente realizamos una convocatoria abierta para seleccionar la programación y recibimos entre 180 y 250 propuestas. Este año superamos las 460. Hay público para todas», destaca. «Se produce un contacto especial de los autores con sus lectores, pero también hay muchas actividades y una demanda creciente de títulos y temáticas nuevas», completa.

La de Neuquén tiene lugar del 11 al 20 de agosto y es la más grande de la Patagonia. Su directora, María Eugenia Zicavo, señala que «es la tercera a nivel nacional, después de la Feria del Libro de Buenos Aires y la de Córdoba. Es una de las que más apoyo brinda a sus escritores y editoriales locales, y eso es algo muy valioso, porque fortalece la identidad cultural de la ciudad y genera un puente directo entre los autores neuquinos y sus lectores. Tenemos un espacio especial para las editoriales locales porque el municipio acompaña y subsidia esos espacios».

En cuanto a lo que buscan los visitantes, Zicavo lo resume con el concepto de «variedad. La feria les permite acceder a sellos y catálogos que muchas veces no encuentran en sus lugares de residencia. Eso la vuelve una oportunidad muy valiosa para descubrir libros, autores y propuestas nuevas». Las presentaciones, charlas y conferencias, además, son una parte importante de la agenda local. A la hora de cerrar las puertas, los feriantes evalúan los resultados: Oberá, por caso, este año estuvo por debajo de las expectativas previas. En las cuentas finales, los márgenes de ganancia a veces son muy chicos. Entonces llega el momento de guardar los volúmenes en cajas con sumo cuidado y preparar el regreso, mientras se piensa en cuál será la próxima.

Estás leyendo:

Cultura

Ferias de libros en todo el país

Dejar un comentario

Tenés que estar identificado para dejar un comentario.