Agenda | Libros

La peligrosa hipnosis de la admiración

Tiempo de lectura: ...
Sonia Budassi

La vida privada
Valeria Tentoni
Seix Barral
208 páginas

Sutil. Con su prosa rica en descripciones, Tentoni mantiene en vilo al lector.

Un viaje a un lugar incierto, con motivos indeterminados: solo sabemos, con el correr de las páginas, que la narradora busca conocer a una fotógrafa, autora de diarios célebres. La joven lectora, semidormida, baja de un colectivo de larga distancia en una parada sobre la ruta. Podría ser la provincia de Buenos Aires u otra. El lector completará las descripciones con su propia memoria y proyección geográfica. Solo se nos informa, además, que es un pueblo pequeño a la vera de un río y que, frente a él, una isla alberga a la escritora de culto, que por momentos creemos famosa.

La vida actual de Virginia Mountweazel permanece revestida de misterio. La pasada, fue narrada en aquella única obra autobiográfica. Su reclusión resuena a casos paradigmáticos de retiros del mundo, esa actitud cuasi monacal desarrollada por celebridades como J.D. Salinger, Thomas Pynchon o incluso J.P. Donleavy, con su vuelta de Estados Unidos a Irlanda hacia aquel lujoso palacio señorial a su medida. 

La admirada autora vive aislada y permanece esquiva. Es la única habitante en aquel terreno, a una distancia de minutos en lancha del pueblo. Allí sus fans dirigen cartas: no todos. Su dirección postal es un bien tan preciado que implica, para obtenerlo, cambio de favores, o dinero.

Primera novela de Valeria Tentoni, La vida privada reactualiza temas clásicos –la identidad y el simulacro, el territorio y el mapa que es, en fin, el problema de la representación– y merodea con elegante sutileza sobre las implicancias de quien trabaja con el lenguaje para contar historias y para divulgarlas, como el personaje de Merino, el bibliotecario. En este relato no hay redes, no hay chats, ni IA: nos devuelve al mundo analógico con naturalidad.
Bahiense de nacimiento, Tentoni también es periodista y poeta.

Tentoni elige pocos personajes –los del pueblo, con apenas un par de gestos, nos envuelven en sus dramas tan cotidianos y poco estridentes como profundos– y paisajes concretos, casi siempre abiertos. Sin embargo, su prosa, rica en descripciones físicas de verdulerías, pájaros, objetos útiles como una lancha o simbólicos como un elefante de cerámica, y ciertas humoradas, genera una sensación de intriga propia de un thriller psicológico.

Sin ingenuidad, Tentoni se separa de la narradora-fan, cuando cita lugares comunes identificables en declaraciones de muchos artistas conocidos: «¿Y por qué me quiere hacer hablar? Yo no quiero hablar (…) Lo que tenía que decir, ya lo escribí». Pero el ego trip de Virginia Mountweazel tiene su propio espejo, dislocado, en la mirada de la otra, y su juego de seducción no erótico. «La mujer de los diarios se desvanece frente a mis ojos: su juventud y sus anécdotas ya no son lo que eran. Yo misma me desvanezco con ellas. No entiendo por qué me corresponde de esta manera, en qué momento logré desactivar su desconfianza».

Como un mecanismo de encastre inquietante, perfecto e inestable a la vez, la novela parece preguntarse, más allá de sus peripecias narrativas, sobre el valor o disvalor de aquella máxima tan citada de Coleridge, con su invitación a repensar a la literatura como una máquina de suspender nuestra incredulidad.

Estás leyendo:

Agenda Libros

La peligrosa hipnosis de la admiración