Economía

¿Baja la inflación?

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Diego Rubinzal

Más allá de los festejos del Gobierno, el índice de precios de Argentina se resiste a frenar, si bien se desacelera. Limitaciones del modelo, crecimiento de la pobreza y proyecciones pesimistas. 

Termómetro. Para la Casa Rosada la inflación núcleo es el número importante, porque mide si la suba de precios general se frena genuinamente.

Foto: Jorge Aloy

El Indec informó que la inflación de agosto fue del 1,7%. El dato, ¿es positivo o negativo? Una lectura atenta sugiere que la respuesta admite matices.

Como era de esperar, el Gobierno festejó porque fue menor que la de julio (2,1%). Además, se ubicó en el nivel más bajo de los últimos 14 meses. Lo cierto es que esa mirada positiva se relativiza cuando se amplía el análisis.

En primer lugar, la baja de agosto estuvo influenciada por una caída (-0,9%) de los precios estacionales (por ejemplo, el descenso de los paquetes turísticos por el final de las vacaciones de invierno). En ese sentido, la inflación núcleo (que elimina el impacto de los componentes estacionales y precios regulados) se mantuvo en 1,8%, el mismo nivel que en julio.

En segundo lugar, la Canasta Básica Total (utilizada para determinar la línea de pobreza) aumentó un 2,6% en agosto, casi un punto por encima del IPC general. Es la mayor suba en cinco meses. Ese dato anticipa un incremento del porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza e indigencia en las próximas mediciones estadísticas. Para el semestre febrero−julio de 2026, la Universidad Di Tella proyectó una tasa de pobreza del 31,4%, tres puntos por encima del número del semestre anterior.

En tercer lugar, la inflación acumulada en el período enero−agosto 2026 llegó al 21,3%, algo superior al 19,5% del mismo segmento de 2025.


Lejos de cero
En esa línea, el titular de la consultora PxQ, Emmanuel Álvarez Agis, sostuvo que «la baja de la inflación (en agosto) tiene el impacto de los mismos factores estacionales que habían explicado la suba del mes anterior. Como era de esperar, este plan de desinflación, que tiene como principal herramienta el ancla fiscal, se trabó en un lugar esperable: una inflación que para los estándares argentinos por ahí es baja, pero que para cualquier país es alta».

Canasta básica. Aumentó 2,6% en agosto, casi un punto por encima del IPC general. Anticipa un crecimiento de hogares por debajo de la línea de pobreza e indigencia.

Foto: Jorge Aloy

A mediados de agosto de 2024, el exvocero Manuel Adorni había sentenciado que la inflación era «un tema que, desde lo técnico, está terminado». Bueno, no estaría pasando eso. Tampoco se corroboró el pronóstico lanzado por Javier Milei a finales del año pasado. En una entrevista periodística, el presidente argentino había sostenido que «la política monetaria tiene un rezago. Para mitad del año que viene o agosto, la inflación va a converger a cero, y algo. Seguro va a empezar con cero». Ni tema terminado, ni empezó con cero.

Está claro que el Gobierno supo cosechar el apoyo social por la baja inflacionaria del año pasado, más allá de los costos económico−sociales. Sin perjuicio de eso, la estrategia antiinflacionaria está mostrando sus límites para perforar un piso inercial que, como plantea Álvarez Agis, es bajo para los estándares argentinos, pero muy alto para cualquier otro país.

En una nota reciente, el influyente periódico británico Financial Times afirmó que «la lucha contra la inflación (argentina) se está estancando». Por su parte, las consultoras que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), publicado por el Banco Central, proyectan que la inflación anual rondará el 30% en 2026. Un valor similar al del año pasado. La inflación argentina se revela, una vez más, como un bicho muy difícil de dominar.

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