11 de septiembre de 2026
Mientras los días de descanso de argentinos en destinos nacionales se reducen, los viajes al exterior crecen mes a mes y el ingreso de turistas extranjeros no alcanza para equilibrar las salidas.

Rutas argentinas. El turismo se sostiene en volumen, pero cada vez más condicionado por el bolsillo.
Foto: NA
Los datos oficiales sobre turismo en Argentina muestran que el sector atraviesa una dinámica cada vez más desbalanceada: mientras una parte de los destinos nacionales logró sostener la actividad durante las vacaciones de invierno, el movimiento de viajeros residentes continúa por debajo de los niveles de años anteriores y la salida de argentinos al exterior mantiene una magnitud muy superior al ingreso de turistas extranjeros. Durante el séptimo mes del año, según el Indec, ingresaron al país en total 830.200 visitantes no residentes por todas las vías de acceso, de los cuales 466.200 fueron turistas. Mientras que, en el mismo período, las salidas al exterior sumaron 697.200 turistas –un 17,3% menos que en julio del año pasado–.
Entre abril y junio ingresaron por Ezeiza y Aeroparque 562.500 turistas no residentes, un 21,8% más que en igual período de 2025, pero al mismo tiempo salieron 892.600 turistas residentes, un 6,2% menos interanual. La diferencia fue de 330.100 turistas a favor de los viajes al exterior. En términos de divisas, el desequilibrio también fue significativo: el turismo receptivo generó en ese trimestre un gasto de 608,8 millones de dólares, frente a 1.360,7 millones del turismo emisivo, una diferencia negativa de 751,9 millones de dólares.
Por un lado, el consumo turístico interno continúa condicionado por la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento de los servicios.
Por otro, el precio del dólar sostenido por la política de atraso cambiario oficial reduce la competitividad de los destinos argentinos medidos en moneda extranjera y favorece que una parte de quienes tienen capacidad de ahorro encuentre más atractivo viajar al exterior.
El turismo se convierte así en uno de los sectores donde se expresa con mayor claridad la discusión sobre los precios relativos de la economía.
Los datos muestran que el turismo receptivo no está atravesando una expansión continua que permita hablar de un ingreso masivo de visitantes, mientras que la demanda de los argentinos por viajes al exterior mantiene una escala considerable. Sin embargo, no es correcto afirmar que el turismo extranjero haya desaparecido de Argentina. Por el contrario, en el acumulado de los primeros siete meses de 2026, el turismo receptivo sumó 3.364.100 turistas, un 7,6% más que los 3.126.600 registrados entre enero y julio de 2025.

Arribos. Cerca del 70% de los viajeros en junio, provenían desde países limítrofes, con Brasil a la cabeza, con el 30,8%, seguido por Uruguay y Chile.
Foto: Jorge Aloy
El problema para la economía local es que ese crecimiento resulta insuficiente para compensar la magnitud de los viajes de residentes hacia otros países. El 69,2% del turismo receptivo de junio provino de países limítrofes. Brasil representó 30,8% del total, Uruguay 14,2% y Chile 12,8%. El peso de los mercados regionales implica que una parte importante de la evolución del turismo extranjero depende de países cuyos visitantes también comparan permanentemente los precios relativos de Argentina con los de sus propias economías. El turismo receptivo aporta actividad, pero Argentina está gastando en viajes internacionales más del doble de lo que ingresa por el turismo receptivo. El saldo turístico del segundo trimestre terminó en rojo por 751,9 millones de dólares.
Interno
Por su parte, el turismo interno mantiene en lo que va de 2026 un nivel de movimiento que, a primera vista, podría impresionar como de recuperación. Sin embargo, detrás de la cantidad de viajeros aparece otro dato que permite observar con mayor precisión el impacto de la crisis económica: se viaja por menos tiempo, se decide sobre la fecha y se recorta el consumo durante la estadía. Los relevamientos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) muestran que el turismo se sostiene en volumen, pero con un comportamiento cada vez más condicionado por el bolsillo. El último fin de semana largo, el 17 de agosto, movilizó a 1.074.171 turistas por el país y generó un impacto económico directo de 245.907 millones de pesos. La cantidad de viajeros fue 24,2% superior a la de 2023, último antecedente comparable para esa fecha. Pero el gasto total, medido en términos reales, cayó 6,3%. La estadía promedio también se redujo: pasó de 2,3 a 2 días, mientras que el gasto diario fue 13,2% menor a precios constantes. El resumen del informe de la Cámara es que viajó más gente, pero permaneció menos tiempo y gastó menos. El dato muestra una transformación de la manera en que los argentinos pueden hacer turismo en un contexto de ingresos que no alcanzan con la misma facilidad para sostener consumos fuera del hogar. Lo mismo sucedió en Semana Santa. El fenómeno se repite en los fines de semana largos y permite observar una característica del consumo durante la actual etapa económica: el turismo interno no desaparece, pero se adapta a la pérdida de poder adquisitivo. Las familias reducen la cantidad de noches, buscan destinos cercanos, esperan hasta último momento para decidir y seleccionan con mayor cuidado dónde gastar. El dato no es menor, porque el viajero que acorta su estadía también reduce comidas en restaurantes, compras, excursiones, entradas, combustible y otras actividades. Una noche menos de hotel puede implicar varias decisiones de consumo que dejan de realizarse.
