25 de septiembre de 2026
Los datos sobre la cantidad de argentinos que no alcanza a cubrir la canasta básica publicados por el INDEC develan la distancia entre el discurso oficial y la realidad del país.

Sin red. En un semestre 2 millones de personas pasaron a formar parte del universo de personas pobres.
Foto: Jorge Aloy
El discurso oficial siempre intenta explicar/justificar/legitimar un rumbo determinado. La cercanía de ese mensaje con la «realidad» es harina de otro costal. Por ejemplo, el debate sobre los números de la pobreza es bastante ilustrativo de la distancia entre relato y «verdad».
En la última publicación del INDEC, el porcentaje de personas por debajo de la línea de pobreza alcanzó al 32,3% en el primer semestre de 2026. Eso implica un alza de 4,1 puntos porcentuales respecto a la medición anterior.
El dato publicado por el INDEC es un valor promedio semestral. Utilizando los microdatos del Instituto estadístico oficial, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina estimó la evolución de la tasa de pobreza en los últimos trimestres. La tendencia es claramente ascendente: 26,9% (III trimestre 2025), 29,9% (IV Trimestre 2025), 30% (I Trimestre 2016) y 34,6% (II Trimestre 2026).
Aun así, el Gobierno destaca que la tasa de pobreza bajó del 52,9% en el primer semestre del 2024 al 32,3% actual. Ese mensaje encierra un par de «trampitas».
En primer lugar, el shock económico mileista implicó una fuerte suba de la pobreza en el tramo inicial de su gestión. La tasa de pobreza «heredada» es bastante menor (41,7%) al valor elegido como momento «cero» para la comparación.
En segundo lugar, los números no son comparables por cuestiones metodológicas. En relación a este punto, el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales del Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas (CEDLAS) de la Universidad Nacional de La Plata identificó tres aspectos que afectan la medición de pobreza: en primer lugar, el período de referencia de los ingresos (mes calendario inmediato anterior a la entrevista realizada por los técnicos del INDEC) difiere del utilizado para la valorización de la canasta de bienes y servicios (mes de la encuesta). Ese desfasaje temporal siempre supone una subestimación de los ingresos. Lo que sucede es que ese fenómeno es más intenso en épocas de alta inflación, tal como ocurrió en la última etapa del Gobierno de Alberto Fernández. En ese caso, la tasa de pobreza está «inflada» artificialmente.
En segundo término, la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) sufrió algunas modificaciones en el último tiempo. Esos cambios permitieron disminuir el nivel de subreporte de ingresos. Esa mejora en la captación de datos implicó una caída del número de pobres (al superar el límite monetario de la canasta respectiva), aunque no se hayan modificado sus condiciones materiales de vida. Por último, el uso de patrones de consumo desactualizados para valorizar la línea de pobreza. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) actual se calcula en función a una canasta de bienes y servicios relevada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (Engho) 2004-2005. Claramente, los patrones de consumo tuvieron fuertes modificaciones desde entonces. La inflación sería más elevada con una canasta construida en función de los resultados de la Engho 2017-2018.
La Consultora Equilibra construyó una medición alternativa corrigiendo esos sesgos. Los últimos resultados reflejan que la pobreza habría crecido levemente (del 44,1 al 44,9%) en la gestión Milei. En sus últimos discursos, el presidente argentino sostuvo que «sacamos a 14 millones de argentinos de la pobreza». Los datos parecen mostrar otra cosa.
