Trump y Kim: detrás de la paz

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Al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, le gustan las sorpresas. Después de participar del G-20 en Japón, visitó la República de Corea y decidió entrar en el territorio de la República Popular Democrática de Corea, más conocida como Corea del Norte, para visitar a su líder, Kim Jong-un, a quien ahora define como su amigo. Como no podía ser de otra manera, se jactó de ser el primer presidente en cruzar la famosa frontera, aunque habría que aclarar «en ejercicio», ya que Bill Clinton, como expresidente, estuvo en ese país en 2009.
Lo hizo de manera ostentosa para diferenciarse de Barack Obama y señalar que su política traería la paz mientras que –con su antecesor– estarían en guerra.
Si bien es cierto que Trump ya piensa en su reelección en 2020 y a cada uno de sus actos hay que analizarlo también en clave electoral, no es menos cierto que en Corea del Sur y en Japón respiran aliviados si Trump ayuda a que se eviten las pruebas militares norcoreanas que van dirigidas a sus territorios.
De hecho, quien más celebró este tercer encuentro entre Trump y Kim fue el presidente de la República de Corea porque dijo que se avanzaba en el proceso de terminar con las hostilidades en la península, dividida desde 1953, ya que su capital Seúl está a apenas 40 kilómetros de la frontera que divide ambas Coreas.
Trump, fiel a su estilo, un día ataca duramente a Kim pero al siguiente puede decir que es su amigo. Una encuesta difundida en junio por el Boletín de Cientistas Atómicos de los Estados Unidos reveló que un porcentaje importante de la población avala un ataque nuclear a Corea del Norte. Hoy a Trump lo beneficia políticamente hablar de paz. Pero en la primera potencia mundial nunca se descarta la guerra.

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