1 de noviembre de 2021
2017, con la multitudinaria marcha en Plaza de Mayo contra el fallo de la Corte Suprema que habilitaba el 2×1 a genocidas, fue otro de los momentos bisagra en el periplo que Analía Kalinec realizó para conocer la verdad sobre la historia de su padre genocida. A esa marcha fue con Liliana Furió, también hija de un genocida. Esa misma semana se publicó una nota titulada «Marché contra mi padre genocida», en la que Mariana Dopazo, autorreferenciada como «exhija» del genocida Miguel Etchecolatz, hacía público su testimonio. El texto tuvo un fuerte impacto social y generó que otros hijos e hijas de genocidas se expresaran en las redes sociales. Entonces Analía y Liliana empezaron a escribirles y a los pocos días, el 25 de mayo, nació la agrupación Historias Desobedientes: hijas e hijos de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia. El mismo día de la fundación del colectivo, acordaron que participarían con bandera propia a la semana siguiente, el 3 de junio, en la manifestación de Ni Una Menos. Desde entonces, la agrupación creció exponencialmente, con encuentros internacionales, publicaciones de libros e inspiraron el surgimiento de agrupaciones similares en otros países.
–¿Fue inesperado el surgimiento de este colectivo y su rápido crecimiento?
–No sé si tan inesperado porque a otros les tenía que estar pasando lo mismo. No puede ser que un padre esté preso acusado o condenado por crímenes de lesa humanidad y al interior de la familia hagan como si nada. En realidad, pueden hacerlo, de hecho, lo estaba constatando en mi familia, pero siempre tiene que haber alguien que pueda poner algo en palabras. Y bueno, eso es atravesado por un contexto histórico. Cuando asume un Gobierno como el de Mauricio Macri, que no ahorró improperios en relación con los desaparecidos, con la lucha de las Madres, que no disimula su desprecio frente a todo esto, cuyo punto máximo fue el intento del 2×1, no es casual que surja Historias Desobedientes. Nos encontramos porque estaba latente, ya había habido un caldo de cultivo para que estas preguntas existan, para que esto quede evidenciado, incluso al interior de estas familias tan cerradas, tan endogámicas. Me la paso hablando, dando notas, con Historias Desobedientes también hemos salido en un montón de medios. Pero Clarín y La Nación nunca hicieron ninguna mención de este colectivo. Y no es anecdótico, es un hecho social importante para la construcción de la memoria colectiva. Ellos construyen otro sentido, y ese sentido es el que consumen estas familias de las cuales nosotros venimos. Es muy difícil penetrar en esos discursos, en esas representaciones sociales, está muy blindado el tema. Por eso creo que hay que pensar en políticas públicas orientadas a los descendientes de los genocidas, me parece que sería algo de mucha potencia y bastante innovador.
