11 de mayo de 2023
«La balada de Astor Piazzolla» está incluida en el disco Fines de Cabrera y es una de las obras más hermosas dedicadas al bandoneonista. Durante años el músico uruguayo se convirtió en uno de los coleccionistas más importantes de su obra. «Era un enfermo. Me caminaba todas las disquerías de Montevideo buscando grabaciones», recuerda. Pero esa relación que terminó en fascinación empezó de otra manera. «Nunca lo había escuchado a Piazzolla, porque había adquirido la idea de mi padre de que no valía la pena escucharlo. Un músico mayor del barrio me avivó. Iba mucho a su casa para charlar, pasar algunos rudimentos de piano, me prestaba discos, hablábamos de esto y lo otro, un tipo muy interesante. Y un día tenía un disco de Piazzolla sobre el piano. Entonces no sé cómo le comenté algo que decía mi padre, que Piazzolla era un asesino del tango. El loco me mira y me dice: “¿De qué estás hablando? Agarrás ese disco, te lo llevás para tu casa, lo escuchás y después me decís que te pareció”. Así fue. Lo llevé para mi casa, lo empecé a escuchar en el tocadiscos de mi padre y fue un golpe: lo mismo que había experimentando unos años antes con Los Beatles, João Gilberto y la bossa nova. Me sacudió Piazzolla».

