Tarde otoñal. Rebequita y Tobías en el bar de siempre, disfrutando el anochecer. ¿Disfrutando? Bueno, digamos pasándolo lo mejor posible en este siglo informático y febril.–Tobías de mi alma en pena, tengo miedo, tengo mucho miedo.–Pero, ¿qué te ocurre, Rebequita...