Opinión

Juano Villafañe

Director Artístico del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini

Discurso, industria y derechos

El escritor Guillermo Saccomanno inauguró la 46° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con un discurso disruptivo. Saccomanno instaló radicalmente temas y formas que no son comunes en las inauguraciones más formales y movilizó ciertos estados conservadores que suelen permanecer instalados como parte del sentido común y de la cultura de los buenos modales. Es cierto que todas las cosas se pueden decir de diversas maneras, pero el acto irreverente suele ser más conmovedor y movilizador. Podríamos decir que es una tradición artística y literaria el acto irreverente. Hoy, incluso, puede ser irreverente decir solo la verdad y nada más que la verdad, aunque parezca políticamente incorrecto.
El discurso de Saccomanno apuntó al desarrollo de la cadena de valor y producción en la industria del libro. En primera instancia, el lugar que ocupa el escritor en esa cadena productiva. Puso en cuestionamiento el sentido del trabajo intelectual que para muchos sigue siendo desvalorizado, reinstaló la idea de que la literatura no solo tiene valor de uso y de placer, sino también tiene valor de cambio, y muy particularmente en las redes y grandes sistemas de comunicación, donde no se reconocen los derechos de autor.
Por cierto, a la industria del libro hay que contemplarla integralmente entre imprentas gráficas, editores, distribuidores, librerías. Hay que tener en cuenta los costos de producción, la venta del libro y, por cierto, el impacto de la pandemia. Esta 46º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires significó también un punto de partida fundamental para reactivar y relanzar la industria editorial en el país.
Es necesario discutir políticas integrales para el libro. Desde la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) estamos planteando la necesidad de una Ley Nacional del Libro y la Lectura, que se reconozca por ley el Derecho de Autor Colectivo para los escritores y una ley que proteja el patrimonio literario argentino. En relación con una Ley Nacional del Libro y la Lectura y la indispensable creación del Instituto Nacional del Libro y la Lectura hay que pensar que integre a los escritores y que se puedan impulsar nuevos catálogos del libro dirigidos a los autores y al público lector, para reactivar el trabajo literario remunerado, así como planes de lectura integradores que les permitan también a los escritores formas dignas para vivir y a la vez fomentar la presencia del libro en la educación.
Entre lo planteado por el autor de Cámara Gesell queda por discutir si el Estado no debería respaldar económicamente la edición de cada Feria del Libro de Buenos Aires y que los escritores con su trabajo intelectual, en presentaciones, festivales, concursos, conferencias, tengan también un reconocimiento económico. También es una deuda que los escritores tenemos con nosotros mismos la necesidad de discutir políticas integrales en relación con la producción literaria vinculadas con la industria del libro, la Ley del Libro y la Lectura, los derechos de autor colectivos y las formas en que el Estado y la actividad privada se puedan complementar.
Las palabras de Guillermo Saccomanno abrieron un debate que va más allá de las polémicas sobre sus formas y contenidos. Tuvo fundamentalmente esa virtud, volver a colocar temas en contraste, contradicciones, antiguas reivindicaciones de los escritores y por cierto también la necesidad de que la industria del libro vuelva a tener la presencia que tuvo en nuestro país y en toda Latinoamérica. Para la próxima inauguración de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires deberíamos haber acordado las reivindicaciones de los escritores, los derechos de autor colectivos, la defensa del patrimonio literario y la necesaria Ley del Libro y la Lectura, para que sean realidades que podamos debatir sobre nuevos estados que fortalezcan a la industria del libro integralmente. «Del autor al lector» fue una consigna que resume con claridad lo que implica la literatura como punto de partida y al lector como destinatario definitivo del libro, quien es el que completa justamente el sentido de una industria cultural tan importante en nuestro país.