1 de julio de 2021
Cuando Twitter resolvió suspender la cuenta de Donald Trump tras los violentos incidentes ocurridos en el Capitolio en enero pasado, inmediatamente la cultura de la cancelación pasó a estar, una vez más, en el ojo de la tormenta. «Las empresas privadas no deberían arrogarse el derecho de bloquear contenidos de un presidente legítimo. Creo que eso corresponde que lo hagan los poderes democráticos, en este caso el poder legislativo o el poder judicial. Sin embargo, hasta ahí, no lo inscribiría en una cultura de la cancelación», opina Becerra. En cambio, sí percibe como expresión del fenómeno lo sucedido poco después con la plataforma de la red social Parler, frecuentada por simpatizantes de Trump y de grupos de ultraderecha en general, cuando fue removida de las app stores de Amazon, Apple y Google. «Están quitándole todas las válvulas de expresión a ese sector que, aunque esté en las antípodas de mi pensamiento y tenga comportamientos ciertamente antidemocráticos, también tiene formas de expresión que no lo son», concluye.
