Informe especial | Patricia Gomes

Por un feminismo interseccional

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Patricia Gomes, afroargentina, activista afrofeminista y antirracista, abogada y docente de la Universidad de Buenos Aires, integrante además del Consejo Asesor ad honorem del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, habla de las consecuencias que el racismo estructural tiene en las mujeres negras y de la necesidad de un feminismo interseccional, es decir que contemple cómo la etnia, el género y la clase social interactúan generando múltiples opresiones para las mujeres.
–¿De qué forma el racismo estructural atraviesa a las mujeres afrodescendientes en la Argentina? ¿Qué ocurre en el día a día?
–Ser mujer negra en una sociedad sumamente racista tiene serias consecuencias en la vida cotidiana. Hay dificultades para acceder a trabajos formales, calificados, no es casualidad que la mayor parte de nuestras mujeres siguen haciendo los mismos trabajos de la época de la colonia: limpieza, cuidados, recién ahora las nuevas generaciones podemos acceder a un poco más. Por otro lado está esta cuestión de cómo se considera el cuerpo de las mujeres negras: hay una hipersexualización, pareciera que todo está habilitado para los cuerpos negros, nos vemos más acosadas que cualquier otra mujer en la calle, burladas, ridiculizadas y los medios de comunicación refuerzan todo esto además. Hay toda una construcción del cuerpo negro como inferior, bestializado.
–¿Por qué es importante la interseccionalidad en el feminismo?
–La interseccionalidad, este concepto creado justamente por una mujer negra a fines de los 80 en Estados Unidos trascendió y fue tomado por los diversos feminismos e incluso por los Estados. Es innegable que los movimientos feministas lograron instalar en la agenda de los países los temas vinculados con la histórica opresión de género, pero sigue habiendo una deuda pendiente al hablar de la racialidad. Existe una matriz de opresión, no solo de género sino de clase y de raza. Las mujeres que ocupan cargos importantes en la política son todas blancas. Por poner un ejemplo: en los Encuentros Nacionales de Mujeres que se vienen haciendo desde hace 35 años, recién en 2016 se hizo por primera vez un taller de mujeres negras y afrodescendientes. Cuando se reclamaba tener el propio taller la respuesta de las organizadoras de esos encuentros, mujeres cis, blancas, era que ya «había un taller de migrantes, para qué quieren un taller nuevo». Esto refleja que el propio feminismo piensa que las mujeres negras somos migrantes.
–¿Qué políticas públicas son necesarias para eliminar el racismo estructural?
–Pensar que el racismo se resuelve solo con la educación es casi utópico, el racismo es todo un sistema, habría que eliminar el capitalismo. La educación, por supuesto, es necesaria para revertir los contenidos vigentes en todos los niveles educativos, porque además es un lugar donde se reproducen los discursos racistas y las prácticas. Actualmente estamos transitando el Decenio Internacional de los Afrodescendientes que fue instalado por Naciones Unidas que va desde 2015 a 2024 y en este contexto Argentina tomó muchas medidas importantes en favor de las comunidades afro como la creación de la Mesa Interministerial de Políticas Públicas para las comunidades afro que está coordinada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. También se creó dentro de la Secretaría de Derechos Humanos una Dirección Nacional de Equidad Étnico Racial, el INADI tiene una comisión de Reconocimiento Histórico a las Comunidades Afroargentinas, tenemos el Día de las Mujeres Afrodescendientes, logramos la inclusión en el Censo de 2010. Se está avanzando, pero no se puede revertir varios siglos de marginación y estructuras de poder en poco tiempo.

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