10 de abril de 2024
Erika Lederer tiene 47 años, nació en Salta y es hija de un genocida. Por eso habla de su expadre, el capitán del Ejército Ricardo Lederer, partero de la maternidad clandestina que funcionó en Campo de Mayo, quien se quitó la vida en agosto de 2012 cuando recuperó la identidad Pablo Gaona Miranda, el nieto 106 identificado por Abuelas de Plaza de Mayo. «Él había firmado su certificado falso de nacimiento y temió ir preso. No quería romper el pacto de silencio», afirma Erika. Tras hacer público su caso comenzó a referirse a su progenitor como «ex» padre. «Tramité una desfiliación. Como dice Mariana Dopazo, la hija de Miguel Etchecolatz, no le permito más ser mi padre», explica.
«A los nueve años me di cuenta de que las cosas que hacía mi viejo no estaban bien, los hogares de milicos son casi centros clandestinos, por la violencia. Le pregunté si había matado y me dijo que sí, entonces ahí se me generó un quiebre», cuenta. «Con los años y las lecturas me di cuenta de que la historia no era como me la habían contado, y siempre lo confronté a medida que me iba enterando, por ejemplo, que era amigo de Ramón Camps o sobre los vuelos de la muerte de los que participó, todo lo que no me cerraba», agrega.
–¿Su expadre trabajó también en empresas privadas?
–Sí. Quiero resaltar eso, la complicidad civil que tuvieron los milicos, cuyos capitales e intereses hoy manejan el país. No es casual que Techint haya colonizado el Ministerio de Trabajo, son las mismas empresas que propiciaron el golpe de Estado, que proporcionaban lugares para centros clandestinos y hacían las listas negras de los compañeros desaparecidos. Cuando se fue del Ejército mi viejo recaló en Techint como médico legista. Fue parte del Operativo Independencia, pasó por la Policía Bonaerense, Astilleros Astarsa y Acindar, en todos esos lugares hubo desaparecidos. También fue carapintada. Nunca se arrepintió y decía que lo volvería a hacer.
–¿Considera que falta juzgar la pata civil del genocidio?
–Claro. Y si bien hemos logrado más condenas que las que hubo en la Alemania nazi, todavía falta. Los procesos son lentos y muchas veces ellos gozan de la impunidad biológica. Nosotros les damos un juicio justo con todas las garantías, ellos hacían asesinatos viles, picaneaban a un pibe desnudo y lo tiraban al mar. Desde sectores liderados por Villarruel, Cecilia Pando y la agrupación Puentes de la Legalidad están tratando de impugnar los juicios con vericuetos procesales.
–¿Por qué se hizo la prueba de ADN?
–Abuelas de Plaza de Mayo me contactó porque pensaban que podía ser apropiada. Me dio negativo. Luego del intento fallido del 2×1 escribí por una red social llamando a juntarse a otros hijos de genocidas para aportar datos a la Justicia. Me llamaron dos compañeras y enseguida se formó el colectivo que en su momento fue Historias Desobedientes y hubo una división, porque tenemos diferentes modos de llevar adelante las banderas de Memoria, Verdad y Justicia. Así formamos la Asamblea Desobedientes.
