Política | IMPACTO DEL PROGRAMA ECONÓMICO

Zona de promesas

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Alberto López Girondo

Mientras crece el rechazo a su gestión, el Gobierno insiste con anunciar un crecimiento inminente y el fin de la inflación. El desgaste de la palabra oficial se expresa también en las redes sociales, antes espacio fértil para el mileísmo.

Penumbras. En el foro de AMCHAM, Milei aseguró que «si no nos acompañan, no pasa nada, nos volvemos a casa».

Foto: NA

La maldición de abril se volvió a repetir para el Gobierno libertario. En febrero de 2024, cuando recién estrenaba su mandato con una devaluación brutal que licuó ingresos a toda la población, Javier Milei avisó que los peores meses serían los dos siguientes, aunque anticipó «una especie de V: tocaremos fondo para luego rebotar». En mayo, tanto el presidente como el ministro Luis Caputo aseguraron: «Lo peor ya pasó» y prometieron un crecimiento inexorable porque el fenómeno de la inflación estaba en vías de extinción. Incluso en diciembre de ese año el entonces vocero Manuel Adorni se permitía un posteo en X con el texto «Inflación en Argentina Q.E.P.D.» cuando el Indec marcó 2,4% para noviembre.

Los mismos mensajes de «autoayuda» fueron expelidos por Luis Caputo en 2025 y hace unos días, en el foro de la Cámara de Comercio de EE.UU. en Argentina (AmCham), cuando el IPC de marzo volvió a dar un respingo y trepó al 3,4%, octavo mes de incremento desde el ahora idílico 1,9% de agosto pasado. «A partir de abril vamos a ver una desaceleración de la inflación muy importante y mayor crecimiento», dijo. No prometió ver una luz al final del túnel, fue más ambicioso: «Los próximos 18 meses serán los mejores de las últimas décadas».

El actual ministro de Economía también integró el gabinete de Mauricio Macri y contrajo (adecuado verbo para indicar algo como una enfermedad) la primera deuda con el FMI del siglo XXI, siendo titular de la cartera de Finanzas. Fue en su segundo discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso que el entonces mandatario nacional recurría a la misma muletilla. «Lo peor ya pasó y ahora vienen los años en los que vamos a crecer. Las transformaciones que hicimos empiezan a dar frutos, a sentirse».

Luego, se recuerda, «pasaron cosas». Esas mismas promesas se suceden con funcionarios que utilizan el mismo recetario para combatir una inflación que, a pesar de que la sociedad volvió a aceptar mayoritariamente el argumento de que «esta vez sí», no cesa de padecer las consecuencias de ajustes sobre ajustes sin fin. 

Habrá que decir que con los mismos que armaron el paquete de deuda no podría esperarse algo demasiado diferente, habida cuenta de que en la caja de herramientas solo tiene una motosierra. A tal punto que otra vez el FMI tuvo que agudizar un salvataje, de 1.000 millones de dólares, y que nuevamente el apoyo del secretario del Tesoro de EE.UU. facilitó empréstitos del Banco Mundial y avales para hacer frente a vencimientos de deuda. O sea, se repiten augurios que, con la baja reiterada de ingresos fiscales por la brutal contracción económica, solo decantan en más recortes presupuestarios donde duele más. Ejemplo: los servicios de PAMI, una obra social que está en la mira porque «es un seguro para autos que siempre chocan», como dijo alguna vez la actual senadora Patricia Bullrich, o de acuerdo al ministro de Salud Mario Lugones, es inviable porque cubre a más de cinco millones de ciudadanos que se empecinaron en vivir más de 80 años. Para colmo, hay unos 6.000 que superan los 100 años. O sea, nacieron cuando, según Milei, comenzó la decadencia argentina. 

Y mientras el Adorni-Gate, el $Libra-Gate y el caso Andis dan pasto a investigaciones periodísticas y judiciales, aparecen nuevos beneficiados con generosos créditos del Banco Nación. Eso, sumado a la constatación de que Adorni disfrutó de más de un fin de semana de vacaciones lujosas, dan cuenta de una nueva casta, aunque las antiguas dinastías no se quedan afuera.

Carrera por el 2027
Causaron cierto revuelo las palabras de Milei en el encuentro en la AmCham cuando sugirió que el plan que lleva adelante no tiene giro y señaló, ante una audiencia integrada por empresarios del sector que Mauricio Macri definió como Círculo Rojo, que «si no nos acompañan, no pasa nada, nos volvemos a casa».

Más allá de las críticas que despertó la frase, por eso de que ellos se pueden ir e incluso conseguir conchabo en la actividad privada, pero el tendal de víctimas de sus proyectos no tendrá los mismos privilegios de los que circularon cerca de la Casa Rosada estos años, denota un cierto registro de que no perciben que está garantizada la reelección, como creían hace un par de meses. 

Los datos duros reflejan un rechazo cada vez mayor a la figura de Milei, que ya promedia en todas las consultoras en más del 50% y algunas más del 60% de repudio a su gestión. Donde más preocupación tiene el Gobierno es en las redes sociales, un territorio que lo llevó al triunfo en 2023 y sustentó hasta ahora las extravagancias tanto del presidente como de sus acólitos. Un estudio de la consultora Zuban Córdoba revela un escuálido volumen de las métricas digitales y hasta la indiferencia ante las réplicas de los trols a sueldo del Estado. 

Por eso hay quienes ya se prueban el traje y se peinan para la foto de las elecciones del año que viene. Es lo que intenta el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, el primo del expresidente, quien mientras 150 intendentes de todo el país y de todos los partidos marcharon al Ministerio de Hacienda a reclamar por los recortes presupuestarios y la no aplicación del impuesto a los combustibles para obras públicas en los distritos, sigue con su estrategia de mostrarse feroz con los sectores más vulnerables de la sociedad. Un arma que calca del oficialismo nacional, pensando que es por ese lado que cruzará la Plaza de Mayo para calzarse la banda residencial.

De tal manera que a los desalojos impiadosos que el alcalde porteño exhibe gozoso en las redes, se apunta para competir con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, el opositor que se vislumbra a esta altura como de mayor chance. Lo hizo primero con la decisión de privilegiar la atención en salud para los ciudadanos con domicilio registrado en la Ciudad de Buenos Aires. Ahora, con la extensión de ese bloqueo tan particular a todas las áreas y servicios de CABA a los bonaerenses, que desde ahora serán ciudadanos de segunda en la Capital Federal de la nación que integran y cuya bandera prometen defender, respetar y amar en 4º grado de la escuela primaria.

«Durante años, la Ciudad se hizo cargo de lo que otros no hacen. La incompetencia del otro lado de la General Paz la pagaban los porteños con sus impuestos. Se terminó», escribió, con gesto solemne, en X.

Si esperaba respuesta del mandatario provincial, se quedó con las ganas. Kicillof no lo subió al ring y la réplica vino de sus ministros, el de Desarrollo de la Comunidad, Andrés Larroque, y su mano derecha y titular de Gobierno, Carlos Bianco. Uno ironizo: «¡Qué tipo con ‘coraje’ sos, Jorge Macri!». El otro le sugirió encontrar «dónde disponer sus residuos». La orgullosa y exclusiva Ciudad de Buenos Aires genera unas 7.000 toneladas diarias de basura que van a parar al Complejo Ambiental Norte III del CEAMSE, en la localidad bonaerense de José León Suárez.

Kicillof, a todo esto, había viajado a España para mantener encuentros con dirigentes socialistas y participar en Barcelona de la Movilización Global Progresista, un foro del que participan, entre otros, los presidentes Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Claudia Sheinbaum (México), junto con el anfitrión, Pedro Sánchez. Milei, por su parte, iba a Israel, invitado por el primer ministro Benjamin Netanyahu. Allí recibirá una medalla del presidente israelí, Isaac Herzog, por su «incansable apoyo» a ese país y su compromiso «con los familiares de las víctimas» de los ataques del 7 de octubre de 2023. El martes 21 se convertirá en el primer mandatario extranjero en encender la antorcha con que se inaugura la celebración de la fundación del Estado de Israel.

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