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Polymarket, o el mundo como casino

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Esteban Magnani

¿Volverá Jesús a la Tierra? ¿Quién va a ganar el Mundial? ¿Cuál será el índice de inflación de Argentina? Todo puede ser objeto de una apuesta en la plataforma que más ha crecido en los últimos meses. Predicciones, trampas y negocios.

Jugar por jugar. Una exhibición de Polymarket muestra datos sobre la popularidad de posibles candidatos para las próximas elecciones estadounidenses.

Foto: Getty Images

La democracia se basa en la idea de que la inteligencia colectiva es superior a la individual. Según este argumento, lo que sabemos entre todos siempre es más que lo que sabe cada individuo y en los grandes números prima el mejor argumento. Si bien se cita a las hormigas o las bacterias como ejemplo, no está tan claro que esto funcione a nivel humano, menos en tiempos que se destacan por la dificultad para llegar a consensos razonados.

Aun si no cuenta con una sólida justificación científica, la idea marida a la perfección con la necesidad de justificar una plataforma de «mercado de predicciones» como Polymarket, en donde se suman miles de pequeñas opiniones para dirimir cuestiones de todo tipo. La empresa fue creada por Shayne Coplan en 2020. Se trata de otro joven tecnoemprendedor que abandonó la universidad para perseguir su carrera. También se parece a sus predecesores en la grandilocuencia a la hora de presentar su proyecto: según él, Polymarket «es la cosa más precisa» generada por la humanidad a la hora de pronosticar todo tipo de eventos en el mundo real. En un mundo en el que el mercado de futuros permite especular sobre el precio del petróleo, el dólar o la soja, la idea no parece tan rara.

¿Cómo funciona? Por debajo de la fina capa de marketing, lo que hacen los usuarios es poner su dinero detrás de sus ideas: si creen que tal equipo va a ganar un partido pueden poner ahí su dinero, lo mismo con la fecha del ataque a Irán, si Jesús retornará en 2025 o si Volodímir Zelenski usará un traje en la próxima reunión con Trump. Otros temas más polémicos como si la guerra nuclear estallará antes de fin de año fueron dados de baja.

En la práctica, una vez abandonados los argumentos más grandilocuentes, lo que queda es una casa de apuestas cuyo éxito se basa sobre todo en dos variables: el uso de criptomonedas que permiten ocultar (en principio) a los apostadores, y en comisiones inexistentes al comienzo, y que ahora son bajas comparadas con las de otras plataformas. Sus ingresos son bajos de momento, pero es frecuente en estos emprendimientos perder dinero unos años para crecer en usuarios y recuperarlo luego.


Hagan juego
Polymarket fue creado en 2020, pero despegó al acertar el candidato ganador en las elecciones presidencial de Estados Unidos en 2024, supuestamente, mejor que las encuestas. Eso generó una atención que atrajo a nuevos apostadores en un círculo virtuoso. Los usuarios simplemente tienen que asociar una billetera con criptomonedas para poner su dinero detrás de los vaticinios que hace, una forma de jugarse por lo que cree que ocurrirá. De esta forma se construyen consensos mayoritarios que indicarían qué va a ocurrir con un tema determinado.

Sin embargo, no hace falta ser muy escéptico para ver que se trata de una casa de apuestas, algo que llevó a las autoridades estadounidenses a multarla y prohibirle operar en varias ocasiones. Las cosas cambiaron con la segunda llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su explícito apoyo al mundo cripto que eliminó las investigaciones en curso. No solo eso: su hijo, Donald Jr., decidió invertir en la plataforma, lo mismo que popes del mundo tecno como Peter Thiel. Todo indica que, con esta legitimidad desde la cúpula del poder, el camino hacia adelante está allanado, aunque en varios estados la lucha judicial continúa adelante tanto con Polymarket como con Kalshi, otra plataforma con la que comparte varios rasgos.

Los problemas actuales pasan por otro lado: por ejemplo, se apostaron 160 millones de dólares sobre si el presidente de Ucrania Volodímir Zelenski se vería en público con un traje antes de julio de 2025. Cuando apareció en una cumbre de la OTAN usando camisa y saco negros, pero no corbata, Polymarket, que se reserva el derecho a indicar el resultado, decretó que era un traje. Quienes sostenían que no lo era disputaron el dictamen y lograron un fallo favorable por parte de una nebulosa organización dedicada a estos entuertos y la plataforma cambió su fallo.

Algo menos gracioso le pasó al periodista israelí Emanuel Fabian, quien reportó la caída de un pequeño misil cerca de Jerusalén y comenzó a recibir mensajes diciéndole que estaba equivocado: Fabian, sorprendido, corroboró con fuentes oficiales la noticia y no se desdijo. Más tarde llegaron amenazas de muerte para él y su familia si no «corregía» su artículo explicando que en realidad eran restos de un misil interceptado. Al parecer, la noticia había afectado a quienes habían apostado 23 millones de dólares a si estallaría alguna bomba sobre suelo israelí antes del 10 de marzo.

Este par de ejemplos son solo una muestra de lo que ocurre al transformar el mundo en un casino. Por ejemplo, una cuenta que apostó a último momento sobre la fecha del secuestro de Nicolás Maduro ganó 400.000 dólares y hay sospechas de que la hizo alguien asociado a Stephen Charles Witkoff, ligado al entorno de Trump.

Del mismo modo, Gannon Ken Van Dyke, uno de los soldados que intervino en el secuestro del presidente venezolano, apostó sobre la fecha de su caída. Los 33.000 dólares que puso desde varias cuentas en la semana anterior al hecho le rindieron 400.000. Pese a sus esfuerzo por no dejar rastros, fue detectado por la Justicia y seguramente le espera la cárcel.

Justamente, este es uno de los mayores problemas de la plataforma: las apuestas de personas con información interna sobre lo que va a ocurrir. Un ejemplo local: 15 minutos antes de que el Indec publicara el índice de inflación de febrero, una cuenta apostó fuerte a que el resultado sería de 2,9% y acertó el pleno. Luego de una denuncia de la Lotería de CABA y otras organizaciones la Justicia decidió bloquear el sitio en todo el país, aunque actualmente volvió a estar accesible.

Evidentemente, aquellos que aprovechan información interna para apostar o influyen para que las cosas ocurran como pronosticaron son más importantes que la inteligencia colectiva a la hora de generar vaticinios correctos.


Estafa, estafa, que algo queda
El fenómeno es global y ha permitido que, pese a las denuncias por distintas formas de manipular las apuestas, la cotización de la plataforma se mantenga por encima de los 9.000 millones de dólares. Mientras tanto Coplan, el fundador, insiste en que el dinero no es lo importante sino todo lo que gracias a Polymarket se genera: la «información útil». No es el primer gurú tecnológico que se enriquece mientras hace promesas mesiánicas.

En un clima de creciente angustia económica y discursos que atraen sobre todo a los varones jóvenes con pocas opciones de un futuro laboral atractivo, las apuestas a todo o nada pueden parecer una opción razonable. En la Argentina, el fenómeno crece en general y no solo afecta a miles de jóvenes que apuestan a cualquier cosa, sino que muchos eventos deportivos de todo tipo generan sospechas de arreglos: ¿tiró la pelota afuera o pegó una patada de expulsión a los 15 segundos de partido intencionalmente?

El poder performativo del discurso timbero no es para nada menor y los efectos se ven por todos lados transformando al mundo mismo en un gigantesco casino.

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