18 de mayo de 2026
La inflación sigue negándose a seguir la ruta de descenso ideal planteada por la gestión libertaria y en el primer cuatrimestre supera la proyectada para todo el año. Anclas insuficientes.

Las góndolas hablan. El IPC de abril llegó a 2,6%, en el primer cuatrimestre del año acumula 12,3%) y el dato anualizado actual (32,4%) supera al registrado en 2025 (31,5%).
Foto: NA
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril fue del 2,6%. Desde la óptica gubernamental, el dato es positivo por dos cuestiones principales: porque implica una desaceleración con respecto al mes previo (3,4%); y porque quiebra una tendencia ascendente ininterrumpida desde junio del año pasado. La última vez que el Indec había publicado una reducción intermensual fue el 12 de junio de 2025. Ese día, el instituto estadístico informó que la inflación de mayo había sido del 1,5%.
Más allá del festejo oficial, la inflación acumulada en el primer cuatrimestre del año (12,3%) ya superó la previsión anual plasmada en el Presupuesto 2026 (10,1%). Por otro lado, el dato anualizado actual (32,4%) supera al registrado en 2025 (31,5%)
Desde hace meses la medición del IPC recibe cuestionamientos por la desactualizada canasta de bienes y servicios aplicada. En efecto, el Indec utiliza los patrones de consumo relevados en 2004 subestimando el peso actual en el presupuesto familiar de los servicios, el transporte y la energía. La nueva metodología ya está lista hace tiempo, pero el Gobierno la mantiene frenada. En agosto pasado, el Staff Report del Fondo Monetario Internacional informaba que el Indec «publicará a fines de 2025 el IPC actualizado, basado en la encuesta de gastos de los hogares de 2017-2018, para reflejar mejor los cambios estructurales en los patrones de costos y mejorar la calidad de los datos». La primera luz de alarma fue la renuncia de los dos directores encargados del cálculo de la pobreza e inflación en agosto del año pasado. Aun así, el Indec anunció que la nueva metodología se implementaría desde enero de 2026. Sin embargo, el director del Instituto (Marco Lavagna) renunció en febrero porque, según las versiones oficiosas, no le dejaron aplicarla. «El presidente no estaba de acuerdo con la nueva metodología», dijo el ministro de Economía, Luis Caputo.

Números en jaque. El Instituto de Estadística sigue sin aplicar la nueva metodología que desvirtúa la medición de la inflación.
Foto: Jorge Aloy
Lo cierto es que, con la nueva metodología, la inflación sería más elevada (sobre todo en 2024) porque aumenta la ponderación de los servicios. Según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), la inflación acumulada desde la asunción de Milei (hasta febrero de 2026) hubiese llegado al 324,4% versus el 280,5% reportada por el Indec. Por su parte, la consultora Equilibra también calculó una inflación superior con la nueva metodología para los meses de marzo y abril de este año (3,65% vs. 3,4%; 3% vs. 2,6%, respectivamente).
En una nota reciente, el influyente periódico británico Financial Times sentenció que «la lucha contra la inflación (argentina) se está estancando». Los anabólicos/anclas utilizados por el equipo económico (tipo de cambio planchado, salarios pisados, postergación del aumento del impuesto a los combustibles, mayor apertura comercial, débil actividad económica) no alcanzan a doblegar una inflación inercial que continúa fluctuando en un rango de entre 2% y 2,5% mensual.
En otras palabras, el mantra discursivo de que «La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno estrictamente monetario» choca con la realidad. El secretario de Coordinación Económica de Raúl Alfonsín, Adolfo Canitrot, diría que «para bajar la inflación soy marxista, keynesiano y monetarista, y si hace falta, hago la macumba también». La multicausalidad de este fenómeno está a la vista del que lo quiera ver.
