Informe especial | PREVENCIÓN DEL EMBARAZO NO INTENCIONAL

Entre la demografía y la moral

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Roxana Russo

Aunque desde la derecha se vincula la baja de la natalidad con un presunto declive de la familia, el dato habla de la posibilidad de tomar decisiones autónomas e informadas sobre tener o no hijos. La distribución de las tareas de cuidado.

Alarma. Desde 2014, la natalidad desciende abruptamente, llegando hasta el 40%.

Foto: Shutterstock

«La baja de natalidad en Argentina es muy pronunciada, especialmente por un dato al que se le está prestando muy poca atención: la población donde más desciende la natalidad es la socioeconómicamente más baja y con menor nivel de educación. Entre las jovencitas de 10 a 19 años se redujo la fecundidad en un 50%. Como sociedad, hemos podido otorgar un conjunto de herramientas para que niñas y adolescentes puedan tomar decisiones en cuanto a tener o no tener hijos y con quién tenerlos. Es una excelente noticia», introduce María Puglia, licenciada y doctora en sociología, magíster en Antropología social y profesora de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam).

Desde 2014, la natalidad desciende abruptamente, llegando hasta el 40%. Para Gisela Stablum, directora de Salud Sexual y Reproductiva en la provincia de Buenos Aires, también es un dato favorable: «Hay que pensarlo como algo positivo, porque una adolescente menor de 19 años que queda embarazada ve afectada su trayectoria de vida, su salud física, y tiene cuatro veces más posibilidades de morirse que una mujer adulta. La política del Plan ENIA tuvo un gran impacto, fue muy positiva en ese sentido».

Creado en 2017 e implementado en 2018, el Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA) logró reducir la tasa de fecundidad adolescente en un 50%, pero fue desmantelado en 2024, con el despido de trabajadores y la interrupción de métodos anticonceptivos como los implantes subdérmicos, dispositivos de larga duración.


Cuidados
Algunas consultoras e investigaciones sociológicas vienen afirmando que son los jóvenes, y las mujeres en particular, las que no quieren tener hijos. Fue, también, el presidente Javier Milei quien, en mayo de 2025, vinculó la baja natalidad con el ataque a la familia y el aborto; argumentó que la despenalización de la interrupción del embarazo provocó una caída en los nacimientos. María Puglia aporta su interpretación: «El problema es cuando los debates demográficos se convierten en debates morales. Creo que ahí hay un gesto político de construcción identitaria de la ultraderecha liberal libertariana que necesita montar una interpretación sobre un dato demográfico: las mujeres son las culpables porque no quieren parir y el mundo crece económicamente cuando las mujeres paren. Cuando me dicen: las mujeres no quieren parir, yo les respondo: los varones no quieren cuidar».

En el mismo sentido, Gisela Stablum también focaliza en las tareas de cuidado: «Las personas deciden tener menos hijos o no tenerlos y eso se relaciona con la necesidad del cuidado. Hay que pensarlo desde el Estado. Muchas mujeres necesitan trabajar y no hay dispositivos que ayuden a la tarea de los cuidados».

Un reciente informe del Centro de Economía Política (CEPA) reveló la asimetría existente entre varones y mujeres en la distribución del tiempo de cuidado y el alejamiento del Estado, cuando el Presupuesto 2026 reafirma el desmantelamiento de las políticas de género. 7,5 de cada 10 programas destinados a reducir brechas de género sufrieron ajustes presupuestarios o fueron directamente eliminados.

María Puglia aporta más cifras sobre los cuidados: «Los últimos datos de la Nomenclatura de Unidades Territoriales Estadísticas (NUTS), de 2021, indican 6 horas diarias de cuidado para las mujeres y un poco más de 3 para los varones. Los varones, las empresas, el Estado no están poniéndose al día respecto de las necesidades de cuidado». 

La medición de la natalidad se vincula con la esperanza de vida, son los dos indicadores que permiten evaluar el envejecimiento poblacional. Entonces, se invierte la pirámide poblacional: a menos nacimientos, la base se achica; mayor esperanza de vida, la punta de la pirámide se ensancha. Lo explicita y aporta su análisis María Puglia: «Ese cambio implica un par de cosas: una es qué hacemos con las niñeces, porque eso significa qué hacemos con las personas dependientes –el rango etario entre 0 y 14 o 65 y más–. Esas poblaciones dependen de quienes tienen entre 15 y 64, las que potencialmente estarían en edad de trabajar. Esa dependencia en Argentina, en este momento, está en su baja histórica. Es el momento para perfeccionar los servicios educativos y diseñar un sistema que le va a pedir a esos chicos un nivel de trabajo, de productividad y de ahorro para el país mucho mayor que lo que le exigimos a las generaciones anteriores. Eso hoy no lo tiene resuelto ninguna provincia». 

Economía plateada
Datos de la Cepal indican que el 12,98% de la población de América Latina y el Caribe tiene 60 años y más, y la tendencia va en crecimiento por la mayor expectativa de vida. Esta realidad requiere de nuevos dispositivos, nuevas políticas públicas. María Puglia plantea un dato indubitable: «La natalidad cae más fuerte en sociedades donde el desarrollo sucedió en un menor período de tiempo, es el caso de Corea del Sur, que tiene la menor tasa de fecundidad del mundo: 0,7 hijos por mujer. La singularidad de la Argentina es su baja natalidad, pero sin desarrollarse en términos económicos. Para decirlo en términos sencillos: estamos envejeciendo sin plata. En países del norte global está desarrollada la economía plateada –aquella en la que se invierte en los adultos mayores con el fin de una vida saludable–. En Argentina vamos a tener una estructura etaria que se está transformando. Probablemente alrededor del 25%, 30% de la población va a tener más de 65 años para 2040. Tenemos graves problemas porque con el 40% de los trabajadores y trabajadoras en la informalidad es muy complicado que los aportes robustezcan al sistema. Una reforma laboral no genera empleo acá ni en ninguna parte del mundo. Los países que tienen algún tipo de estrategia, de adaptación a la nueva estructura poblacional, Costa Rica, por ejemplo, apuestan a estimular la autonomía de los mayores, por una cuestión de dignidad humana, fundamental. Y por el tema fiscal, insisto con esto porque el nivel de costo para la atención de las de personas mayores es enorme, a nivel económico y sobre la salud de las generaciones que están por debajo». 

El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022 informó que el 30,6% de quienes habitan viviendas colectivas reside en geriátricos, con predominio de población femenina, que es de más del 70%. Es en este sentido que María Puglia ejemplifica: «El entramado de infraestructura y servicios que suelen ser abordados por las residencias geriátricas son un vacío que ocupa el mercado porque identificó esa necesidad. Ofrecen residencias de lujo, hablamos de entre 4 y 5 millones mensuales. Imposible para cualquier persona que viva en Argentina».

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