11 de junio de 2026
Los bolsillos de los argentinos crujen desde hace 29 meses, aunque en el Gobierno afirmen que los sueldos le vienen ganando a la inflación. Mientras tanto, el empleo registrado retrocede.

Ocupados. Tras 9 meses de caída, en febrero de este año el empleo repuntó con 8.000 puestos nuevos con respecto a enero.
Foto: NA
Hace una semana, se viralizó un video de una joven trabajadora que le contaba a una periodista que estaba buscando empleo y que justo salía de una entrevista laboral donde le habían ofrecido, por una jornada laboral de cinco horas, cinco días a la semana, 350.000 pesos. Este es el salario que se paga hoy en Argentina por un empleo de 25 horas semanales en un call center. Pero lo más sorprendente es que no está fuera de la ley.
En mayo, el piso mínimo de ingresos que puede cobrar un trabajador sin cargas de familia en Argentina, es decir, el Salario Mínimo Vital y Móvil era de 363.000 pesos. Según la legislación laboral argentina, este salario debe garantizarle al trabajador alimentación adecuada, vivienda digna, vestimenta, asistencia sanitaria, transporte, esparcimiento, vacaciones y previsión. Impresiona como muy poco dinero para asegurar tantos beneficios, más aún cuando la caída del poder adquisitivo del salario mínimo llegó al 39,3% desde noviembre de 2023, de acuerdo al último informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Diciembre de 2023 y enero de 2024, −15% y −17% respectivamente, explican el principal impacto al poder de compra, pese a posteriores recuperaciones. «Esta contracción –señala el informe–, junto con la tendencia decreciente de los años anteriores, lleva a que el salario mínimo en términos reales de abril de 2026 se ubique en un valor inferior al de 2001, antes del colapso de la convertibilidad. Asimismo, implica una erosión del 66% respecto del valor máximo de la serie, en septiembre de 2011, de forma tal que representa apenas un tercio del mismo».
Pero no solo el salario mínimo decreció. La caída del salario real en el sector privado alcanzó un 1,3% en marzo del 2026 respecto a febrero, un 4,8% menos que en noviembre de 2023, y acumula una caída de 14,9% respecto del máximo de la serie registrado en mayo de 2013. Sin embargo, frente a los ingresos de los trabajadores públicos, la caída de los privados es una anécdota. El poder adquisitivo de los estatales es un 40% inferior al máximo registrado 10 años atrás y permanece rezagado un 17% en relación con noviembre del 2023.

Trabajadores estatales. Su poder adquisitivo es 40% inferior al máximo registrado 10 años atrás y un 17% con relación a noviembre del 2023.
Foto: Hernán Villar
Menos empleos por menos plata
En la actualidad, el universo de trabajadores asalariados registrados se acerca a las 10 millones de personas. Una baja de 106.000 (-1%) empleos en comparación con febrero de 2025 y una pérdida acumulada de 290.000 (-3%) puestos desde noviembre de 2023. El IIEP señala que después de 9 meses de caída, en febrero de este año el empleo repuntó con 8.000 puestos nuevos con respecto a enero. «La mirada de largo plazo (desde enero de 2009) permite observar que el número de ocupados de enero de 2026 resulta similar al de casi 10 años atrás, en julio de 2016, y es 3,8% inferior al valor máximo de la serie en agosto de 2023», afirma el informe.
Entre los sectores más afectados aparece la industria manufacturera, que eliminó cerca de 74.000 empleos desde septiembre de 2023. Le sigue el comercio, con más de 20.000 empleos menos durante el año pasado. En tanto, la construcción todavía arrastra una caída de cerca de 90.000 trabajadores respecto a mediados de 2023. Mientras que el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) relevó un recorte persistente en el empleo público nacional durante la gestión libertaria. Entre diciembre de 2023 y abril de 2026, la dotación de personal se redujo en 68.561 puestos de trabajo, una caída del 20%.
El deterioro del empleo y de los salarios se refleja también en un relevamiento de la consultora Management & Fit, donde sostiene que las preocupaciones vinculadas a la economía alcanzan al 71,8% de los argentinos.
Pero no solo las encuestas identifican esta problemática. La consultora Empiria, que releva mes a mes el ingreso disponible (entendido como el dinero que queda en la billetera luego de pagar erogaciones como servicios básicos y transporte), registró un crecimiento del 0,5% en abril, la primera mejora del año. Sin embargo, según el relevamiento, marzo marcó el quinto mes de caída acumulada, dejando el ingreso de los hogares un 4,9% por debajo de los niveles de noviembre de 2023. Como era de prever esta caída de marzo golpeó con mayor fuerza a los sectores más vulnerables de la población. Mientras que los sectores de mayores ingresos (deciles 8−10) sufrieron una baja del 0,3%, los deciles inferiores (del 1−4) tuvieron una contracción del 1%. Esto se explica, en gran medida, por el peso de los gastos fijos. En los sectores bajos, estos gastos fijos (luz, gas, transporte, alquiler) ya representan hasta el 33% del presupuesto familiar. En los sectores altos, ese peso llega al 14%. Sin embargo, la consultora advierte que en la proyección para el cierre de 2026 se estima una caída promedio del ingreso del 1,6%, lo que sugiere que, «si bien lo peor del ajuste podría haber pasado, la recuperación total del terreno perdido todavía está lejos de completarse».
