29 de junio de 2026
La selección ganó su grupo con autoridad y llega fortalecida al cruce con el sorprendente Cabo Verde. El liderazgo de Messi, la conducción de Scaloni y la unidad del plantel alimentan la esperanza de pelear por la cuarta estrella.

Dallas Stadium. Los jugadores, unidos, en la goleada ante Jordania por 3 a 1.
Foto: NA
La Scaloneta superó la primera parte del Mundial sin sobresaltos. Un 3 a 1 frente a Jordania avalado por triunfos anteriores frente a Argelia y Austria, puntaje ideal y el liderazgo en el Grupo J. Es cierto que no fue ‒ni lo era en un principio‒ uno de los grupos más complicados de los doce con que arrancó el Mundial 2026. Tampoco fue fácil. Como no lo será el choque del viernes ante Cabo Verde, en Miami, donde Argentina se siente local.
Existen motivos para ilusionarse con la cuarta estrella. Aunque nunca se sabe cómo puede terminar esta historia, más si se tienen en cuenta los resultados inesperados. Argentina llega como candidata para ganarle al seleccionado revelación. El que Cabo Verde, por su condición de David frente a Goliat, despierta simpatías. Pero Argentina tiene a Messi, por lejos la figura querida por todos. Argentinos y extranjeros. Chicos y grandes; una mujer de 100 años llevó un cartel en el que mostraba desde una platea cuánto lo ama.
Vemos el brillo de un Messi de 39 años que hasta hace unas semanas parecía en retirada y ahora, con seis goles, sigue rompiendo récords ‒lleva 19 y es el máximo goleador históricos de los mundiales‒ y no es descabellado esperanzarse con que esté en la próxima copa del mundo. Porque es un Messi que, aun corriendo menos, es más. Se dio el lujo de ser suplente ante los jordanos y entrar y hacer otro gol: 79 minutos, tiro libre. Messi camina la cancha, como un animal salvaje a punto de cazar a la víctima. Cuando menos se lo espera, da el zarpazo. Y no falla.
Es tal la impronta de Messi que el descuento de Mousa Al Tamari, la figura del fútbol jordano, pasó casi desapercibido porque en ese momento las pantallas del estadio estaban pendientes de él, que se preparaba para ingresar desde el banco de suplentes. El estadio de Dallas explotó en aplausos.
También explotaron en aplausos los suplentes argentinos para con sus compañeros titulares. Se nota que hay grupo, que hay unión. «Scaloni armó un grupo en el que cada uno de sus integrantes está al servicio del otro. A tal punto que los suplentes no están esperando que les vaya mal a los titulares, sino todo lo contrario: quieren que el que juegue, la rompa. Cada uno se potencia en el otro», le dice a Acción Fabián Jalife , director de Business Meet Culture, la consultora que trabajó en el documental El método Scaloni, de reciente estreno.

Lo Celso. Debutó en un mundial con un golazo de tiro libre. El ex Rosario Central es una variante de ataque para el equipo de Scaloni.
Foto: Getty Images
Próxima estación
¿Hasta qué punto se puede minimizar a Cabo Verde, más allá de cualquier imponderable? 500 mil habitantes, buenas eliminatorias, futbolistas que en otros años jugaban para Portugal, pero que ahora juegan para su país. Cabo Verde se independizó de Portugal en 1975. En su debut sostuvo el 0 ante una España súper candidata pero a la que todavía le falta. Después empató con Uruguay, aunque es cierto que los uruguayos merecieron el triunfo. Y luego, otro empate, ante Arabia Saudita. Son los simpáticos del torneo, la sorpresa porque no perdieron con los españoles. Que además tienen al primer gran descubrimiento del Mundial: el arquero Vozinha, de 40 años, jugador del Chaves ‒equipo del ascenso portugués‒ y fundamental para su seleccionado. Terminaron segundos en el dificilísimo Grupo H. Cabo Verde, en su primer mundial, parece no tener nada que perder y, si bien ya cumplió al clasificarse, querrá seguir haciendo historia.
En los papeles, Argentina es candidata pero a veces hay sorpresas. Se le dice suerte o azar. Un tiro en el palo, un rebote en contra o a favor, un error mínimo de uno u otro lado y todo puede cambiar. O aguantar hasta la definición por penales. El de la película Match point de Woody Allen: el anillo rebota hacia el lado inesperado. «Aquel que dijo “más vale tener suerte que talento” conocía la esencia de la vida. Asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control», dice la voz en off al comienzo de la película. Y también: «En un partido hay momentos en que la pelota golpea el borde de la red y durante una fracción de segundos puede seguir hacia adelante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue hacia adelante y ganas. O no lo hace, y pierdes» .
Ante los jordanos quedó en claro que hay un método Scaloni. Perfil bajo, eficiencia y trabajo en equipo. Eso bajo la batuta de un Messi al que se nota feliz. Aun cuando acompaña desde el banco. Ahora es un Messi sin cuentas pendientes consigo mismo, admirado, idolatrado por el mundo del fútbol.
No es un dato menor que Scaloni maneja alternativas. Contra Jordania ‒como en el Mundial de Qatar con Julián Álvarez‒ Nicolás Paz demostró que tiene pasta de titular. Lo mismo Giuliano Simeone y el regresado Giovani Lo Celso. Además, se abrió el arco: ya no son solo los goles de Messi.
Esta Argentina versión 2026 no tiene nada que envidiarle a ningún otro rival. Ni siquiera a la poderosa Francia, con un ejército de figuras detrás de un Mbappé intratable. También están las potencias: Alemania, Portugal (Cristiano Ronaldo es otro que la está rompiendo), Inglaterra y España. Ojo con Brasil: en los mundiales es otra cosa. Está en nuestra llave, dato no menor si es que ambas selecciones siguen avanzando; con un Vinicius iluminado y un Neymar que amaga con despegar de una vez.
Estamos en las instancias del mata-mata. La que vivimos es una semana frenética para los futboleros. Ojalá los nuestros sigan iluminados. Y que la suerte, o como se llame, también esté de nuestro lado. Queríamos la tercera y ahora queremos la cuarta. Hace cuatros años era por Messi. Ahora también, pero sobre todo porque tenemos con qué. Por eso nos volvemos a ilusionar.
