Política

Milei y una agenda en el laberinto

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Alberto López Girondo

El presidente busca recuperar centralidad con gestos de alto impacto y proyectos de reformas que consolidan su alineamiento con Estados Unidos y reabren debates sobre la soberanía. El reclamo internacional de Cristina Fernández.

Perú. Milei, con su hermana, el canciller Quirno y la flamante presidenta Fujimori. Visita al país que aparece como modelo para el oficialismo.

Foto: NA

La sábana con el reclamo por la soberanía argentina en las Malvinas que desplegaron jugadores del seleccionado nacional caló más hondo de lo que el Gobierno y sus aliados externos imaginaban. Y la respuesta, como suele ocurrir en estos casos, fue con exageraciones como para disimular el pifie. Todo en una semana en que el presidente intentó por todos los medios recuperar protagonismo tanto en el país como en el exterior. Algo imprescindible para una gestión que se nutre de golpes de efecto, a falta de logros palpables para las grandes mayorías.

En esa necesidad diríase que enfermiza, Javier Milei provocó un incidente diplomático con el mandatario del principal socio comercial del país y miembro fundador del Mercosur, Lula, y se mostró en Perú con una «cátedra» bíblica al recibir otro doctorado honoris causa en una universidad local, un raid que lo mostró como «delegado» de Donald Trump para la región, según lo describió el diario británico The Guardian.

Y mientras espera que le aprueben el proyecto de ley que abre las puertas a la extranjerización del territorio nacional, emitió un DNU por el que se impediría el ingreso al país a individuos que «promuevan mensajes de odio o inciten a la violencia contra la Argentina». Al mismo tiempo, este jueves lanzó su proyecto de reforma de la carta orgánica del Banco Central con una serie de imputaciones y datos falsos sobre las gestiones de la entidad crediticia durante los mandatos de Cristina Fernández de Kirchner. La dos veces presidenta, a todo esto, recurrió a los tribunales internacionales para que revisen la causa por la que fue condenada e inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos. De alguna manera, la tautología de que todo tiene que ver con todo involucra a estos personajes en el drama de una Argentina que por obra y gracia de un topo que pretende destruir al Estado desde adentro, acelera la pérdida de derechos y las graves consecuencias económicas que sufrirá el país si consolida su modelo. ¿Malvinas será el último ancla?

Contracara
Que Lula da Silva es la antítesis de Javier Milei no es ninguna novedad. Por origen social y por estatura política. Si las derechas más recalcitrantes basan su mensaje individualista de que «nadie me regaló nada», no debe haber en el mundo nadie que haya recorrido el camino de este hombre nacido en la pobreza, cuyo mayor logro académico fue recibirse de tornero mecánico. Desde Trump hasta jefes de Estado de todo el planeta –incluidas estas pampas– no pasan de ser herederos. De mayores o menores fortunas, pero nadie de ellos pasó hambre y desde allí construyó la carrera política como la del inquilino del Planalto, que ahora va por su cuarto mandato, y que defiende a Brasil de los embates del magnate estadounidense, de su cerril secretario de Estado y de los acólitos que buscan su beneplácito, como el actual ocupante de la Casa Rosada.

El apoyo de Milei a Flavio Bolsonaro forma parte de su estrategia para convertirse en el líder de una internacional ultraderechista. Así se presentó el martes en Lima para la asunción de Keiko Fujimori, la hija del fallecido dictador Alberto Fujimori, que había sido condenado por delitos de lesa humanidad.

El miércoles, en tanto, Cristina Fernández publicó una carta abierta en la que denuncia el acoso judicial que padece desde hace años y destaca: «Cambian los países, cambian los nombres, cambian las circunstancias, pero el método es el mismo: convertir al Derecho y al Sistema de Justicia en un arma política para eliminar adversarios que no pudieron ser derrotados por el voto». Luego agregó que la sentencia por la que está con prisión domiciliaria, a seis años, no es la verdadera condena. Lo es su proscripción permanente.

Horas más tarde, su abogado, Carlos Beraldi, y los dos nuevos integrantes del equipo legal, el español Javier Borrego y el brasileño Rafael Valim (quien defendió a Lula da Silva en tribunales internacionales, todo tiene que ver con todo) dieron una conferencia de prensa en la que explicaron el alcance de su demanda y aclararon que, en principio, no hay impedimento legal para que la también exvicepresidenta se presente a las PASO de 2027. Lo que ocurra con la voluntad de LLA por cambiar la ley electoral del año próximo, que no tiene por ahora suficientes votos de las derechas, estará teñido de ese anuncio.

En su afán por seguir las directivas –implícitas o no– de la administración Trump, los trolls pagos por el Estado vienen difundiendo mensajes racistas y xenófobos, exacerbados en el Mundial 2026. La impostación nacionalista llegó al punto de emitir el DNU 681/2026 para denegar el ingreso a todo aquel que promueva mensajes «antiargentinos», palabra muy afín a la dictadura cívico-militar.

Como parte de ese mismo capítulo, se vuelve a insistir en que un gran porcentaje de alumnos de universidades nacional son extranjeros. Es un signo de época que esos mismos voceros pagos desde estamentos estatales se escandalicen de que haya latinoamericanos que estudien «con la nuestra». El nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, no dejó de poner su cuota de datos falsos sobre la cantidad de alumnos en esa condición y agregó: «Debemos cuidad el dinero de los argentinos».

Con argumentos de esa misma catadura, Milei habló en cadena nacional durante un cuarto de hora para presentar el proyecto de reforma de la carta orgánica del Banco Central. Acusó a la institución creada en 1935 de haber sido desde entonces una «estafa de la alta política». Luego agregó que Cristina Fernández y la extitular del organismo, Mercedes Marcó del Pont, habían «robado 10.000 millones de dólares». Ahora parece que ya no es un PBI, en fin. Lo central de la modificación es que busca que su presidente tenga un cargo irrevocable, algo así como un nuevo reaseguro del status quo similar a un integrante de la Corte Suprema. De prometer que Argentina será Alemania, Australia o Francia en unos años de sacrificio, ahora apunta a ser como Perú, que lleva décadas de crisis institucionales, pero el verdadero poder entre bambalinas, desde 2006, es el jefe del Banco Central, Julio Velarde Flores. Si el rey en una monarquía constitucional es el garante último de la unidad nacional, se busca copiar el modelo peruano con un rey sentado en las reservas, gane quien gane las elecciones.

Quizás el mensaje explícito del tour de la directora del FMI, Kristalina Georgieva, haya sido poner el último clavo en el ataúd de la idea de eliminar el BCRA. De paso, como nadie ignora, vino a recorrer la explotación de Vaca Muerta, cosa de comprobar de dónde saldrán los dólares que comprometieron, por dos veces y de manera escandalosa, con Luis Caputo. La economista búlgara también mostró su dosis de argentinidad repentina y asistió a una clase de tango con la bailarina Mora Godoy.

Mientras tanto, esta semana se debatirá la reforma a la Ley de Tierras, que tiene el pomposo nombre de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Elimina topes a la posesión de tierras rurales y si bien quedan al margen de esa posibilidad los Estados o los organismos públicos foráneos, pone en riesgo la soberanía del Estado. Se podrá decir, sin la menor ironía, que después de todo ese era el proyecto de Milei y que nunca lo ocultó. También se entienden mejor las palabras del titular de la Sociedad Rural, Nicolás Pino, sobre la iniciativa. «No le podés prohibir a nadie que pueda vender su tierra». Fuerte admisión, en este contexto, de que las élites «con olor a bosta», como se decía en otros tiempos, ni siquiera quieren comportarse como patrones de estancia. Se conforman, como Milei, su mayor exponente político, como capataces del mejor postor.

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