Sociedad

Menopausia: un silencio que empezó a romperse

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Mariana Carbajal

Problemas de sueño, salud ósea, sexualidad y bienestar suelen quedar fuera de la consulta médica de mujeres de entre 50 y 64 años. Mientras algunas provincias avanzan en programas específicos, faltan especialistas y una política sanitaria nacional específica.

Subregistro. De casi 14.000 consultas de mujeres de 50 a 64 años, la palabra «menopausia» apareció solo en 60 historias clínicas: menos del 0,5% del total.

Foto: Shutterstock

En el CeSAC 24, en Villa Soldati, la pregunta apareció casi por casualidad. ¿Cuántas veces, en una consulta médica, se les pregunta a las mujeres de entre 50 y 64 años si tienen síntomas relacionados con la menopausia?

La jefa del centro, Marcela Corín, quiso saberlo. Pidió las estadísticas de las historias clínicas entre enero de 2023 y junio de 2026 y encontró un dato que la sorprendió: de casi 14.000 consultas correspondientes a mujeres de ese grupo de edad, la palabra «menopausia» había aparecido apenas en unas 60 historias clínicas: menos del 0,5% del total.

El dato fue un llamado de atención. No significaba que solo 60 mujeres estuvieran atravesando la menopausia, sino algo bastante más incómodo: en miles de consultas a mujeres que seguramente habían llegado a esa transición hormonal, los médicos o médicas –sin importar la especialidad– habían considerado necesario preguntarles nada.

Corín es pediatra y tiene 62 años. Le cuenta a Acción que llegó a la menopausia a los 52 y, como tantas mujeres de su generación, durante años creyó que los sofocos eran prácticamente el único síntoma que podía tener. Hasta que empezó a escuchar en Spotify el podcast sobre la menopausia Encendidas, creado y conducido por quien escribe esta nota junto con Ingrid Beck. «Síntoma por síntoma fui diciendo: esto es lo que me pasaba”, dice. Incluso llegó a reconocer aquella picazón de oído que nunca había relacionado con la menopausia.

La experiencia personal terminó convirtiéndose en una pregunta institucional. Y ahora el CeSAC 24 está empezando a formar a sus equipos y a sensibilizarlos sobre una etapa de la vida de las mujeres que, hasta hace muy poco, parecía no existir en la agenda cotidiana de la atención primaria de este centro de salud de CABA.

Pero el caso del CeSAC 24 no es aislado. La misma situación se repite casi calcada a lo largo y ancho del país en la mayoría de consultorios, tanto del ámbito público como de obras sociales y prepagas. La experiencia de Villa Soldati muestra dónde empieza muchas veces el silencio: no necesariamente en una mujer que no quiere o no se anima a hablar, sino en un sistema que nunca aprendió a preguntar.


Algo empieza a cambiar
El 3 de septiembre, Río Negro sancionó por unanimidad una ley que crea la Red Provincial de Atención Integral de la Menopausia y el Climaterio. La norma, promovida por la diputada radical Lorena Matzen, dispone articular hospitales y centros de salud, conformar equipos interdisciplinarios y garantizar prevención, diagnóstico, tratamiento y seguimiento, con un enfoque biopsicosocial, de género e intercultural.

«Al recorrer el territorio detecté la falta de cobertura para tratamientos de mujeres después de los 50 años. Y en ese momento, un ginecólogo de la Asociación Argentina para Estudio del Climaterio /AAPEC) me acercó la experiencia de Misiones», contó a Acción la diputada Matzen sobre el origen de la flamante ley.

Río Negro es la segunda provincia que incorpora a la menopausia como un tema de salud pública. Aunque no sea una enfermedad –salvo cuando ocurre prematuramente–, puede acompañarse de síntomas que afectan la calidad de vida y el bienestar: sofocos y sudores nocturnos, alteraciones del sueño y del estado de ánimo, mayor riesgo de osteoporosis y enfermedades cardiovasculares, caída de la libido, dolor al tener relaciones sexuales e infecciones urinarias a repetición, entre los más conocidos y frecuentes.

«Durante décadas las políticas sanitarias estuvieron muy concentradas en la etapa reproductiva y se prestó considerablemente menos atención a lo que sucede durante la mediana edad y después de ella», señala a Acción el médico especialista en ginecología Pablo Carpintero, miembro del Board de la International Menopause Society y expresidente de la AAPEC, la entidad que certifica especialistas en climaterio en el país.

«El verdadero cambio de paradigma es dejar de pensar la menopausia como un problema privado de cada mujer y comenzar a reconocerla también como una cuestión de salud pública», plantea.

Misiones dio el puntapié inicial. En octubre de 2025 sancionó una ley para crear un programa provincial de atención de la menopausia y el climaterio. Pero la implementación de la ley es lenta.

En Posadas funcionan por ahora solamente dos consultorios exclusivos para consultas de climaterio y menopausia en el Parque de la Salud, la red de hospitales y centros de salud públicos provincial. Los equipos interdisciplinarios previstos todavía no pudieron completarse. El densitómetro –clave en esta etapa para evaluar la salud ósea– no funciona y, según contó el jefe del área de Ginecología y Obstetricia en una comunicación dirigida a la diputada Lilian Tartaglino, tampoco hay disponibilidad de medicamentos para las pacientes. «Trabajamos bastante. Hacemos por ahora como podemos», fue la respuesta.

Florencia Córdoba, directiva del Instituto de Previsión Social de Misiones (IPS), la obra social de empleados de la provincia, precisó a Acción que cubren la medicación que requieren las mujeres, pero «la gran barrera» es que no hay suficientes médicos formados en climaterio. «La mayoría de las mujeres están de un lado a otro sin encontrar muchas respuestas», describió.

Que la menopausia haya llegado a los ámbitos legislativos después de décadas de silencio constituye un paso. Pero legislar es apenas el comienzo: el desafío siguiente es lograr que las políticas se implementen. Ya se presentaron proyectos en otras provincias, entre ellas Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, y también en la Cámara de Diputados de la Nación.


Falta de atención específica
Otro de los obstáculos que enfrentan las mujeres que buscan una consulta específica sobre climaterio es que ni las obras sociales ni las empresas de medicina prepaga suelen identificar este tipo de atención en sus cartillas. ¿Por qué? «Es que todavía no hemos logrado que el Ministerio de Salud la reconozca como especialidad médica», explica la presidenta de la AAPEC, Analía Pesado.

A esta falta de reconocimiento formal se suma otra dificultad: son pocos los ginecólogos que eligen formarse en el abordaje del climaterio. La propia entidad ofrece cursos de capacitación en el tema, pero muchos profesionales optan por otras orientaciones y, durante las residencias, el climaterio tampoco suele estar entre las áreas más elegidas para las rotaciones hospitalarias, señala Pesado.

Ella es jefa de la Unidad de Ginecología del Hospital Santojanni, en la Ciudad de Buenos Aires, y este año presentó un proyecto para crear un programa de atención interdisciplinaria para mujeres que atraviesan la menopausia. La falta de una atención específica también se hace visible en el sistema público porteño: un relevamiento realizado en 2025 por Carpintero encontró que solo la mitad de los hospitales de la Ciudad tiene equipos especializados en climaterio.

En Argentina, el Ministerio de Salud de la Nación cuenta con guías de prácticas clínicas sobre distintos problemas de salud, pero ninguna aborda recomendaciones de atención para mujeres que atraviesan la menopausia y el climaterio.


En el trabajo
Mientras en Argentina se empieza a discutir cómo incorporar la menopausia a las políticas sanitarias, el debate internacional comienza a trasladarse también al ámbito laboral.

El 7 de septiembre, la Organización Internacional de Normalización publicó la ISO 45010:2026, una norma que brinda orientación específica sobre menstruación y menopausia en el lugar de trabajo. No propone una licencia universal ni supone que todas las mujeres necesiten las mismas medidas. Plantea algo más básico: que las organizaciones miren sus propias condiciones de trabajo y se pregunten qué ocurre cuando una etapa que todavía suele vivirse en silencio se encuentra con jornadas, espacios y culturas laborales que no contemplan sus efectos. Porque ese silencio puede tener un costo: algunas mujeres terminan reduciendo sus jornadas, pasando a empleos de tiempo parcial o incluso dejando de trabajar. El impacto económico de esas decisiones ya está siendo estudiado en Europa, Estados Unidos y México. Mientras tanto, en el Reino Unido y en algunos países nórdicos, la conversación ya empezó a traducirse en medidas concretas en el ámbito laboral.

Entre las cuestiones que plantea la ISO están tener en cuenta la temperatura y la ventilación de los espacios de trabajo, el acceso al agua y a los baños, las pausas, la organización de horarios y turnos, la capacitación de quienes tienen personas a cargo y la posibilidad de realizar ajustes razonables cuando sean necesarios.

Según se comunicó oficialmente, la norma tomó en cuenta una investigación realizada por el British Standards Institution (BSI) entre 6.494 mujeres de siete países. El estudio encontró que el 68% considera que los empleadores tienen un papel que cumplir frente a las dificultades vinculadas con la menstruación y la menopausia. Sin embargo, seis de cada diez mujeres dijeron que nunca habían escuchado a su empleador hablar de manera proactiva sobre el apoyo durante la menopausia.

El silencio sobre el tema ha sido tal que recién este año la Organización Mundial de la Salud anunció que está elaborando sus primeras directrices sobre menopausia y perimenopausia destinadas a los Ministerios de Salud de todo el mundo. En Argentina, mientras tanto, el desafío más inmediato sigue siendo otro: que el sistema de salud empiece a preguntar.


La pregunta que falta
El ginecólogo y consultor en climaterio Pablo Carpintero advierte que todavía estamos en una etapa inicial. Para avanzar, dice, hace falta capacitar a los equipos de salud, garantizar un acceso equitativo a consultas y tratamientos basados en evidencia –hormonales y no hormonales, según cada caso– y aprovechar la mediana edad como una oportunidad para prevenir problemas cardiovasculares, metabólicos, óseos, cerebrales, sexuales y de salud mental. En un contexto demográfico marcado por el aumento de la longevidad, el desafío no es solamente vivir más, sino hacerlo con mayor calidad de vida y bienestar.

Pero también hace falta información. Que una mujer pueda reconocer que lo que le pasa puede estar relacionado con la transición menopáusica: algo que no ocurrió, en su momento, con la jefa del CeSAC 24, de Villa Soldati. Que no crea que tiene que soportarlo porque «es la edad». Ni que acepte como respuesta de un profesional no especializado un «bancátela», «es un proceso natural”» o «¿qué esperabas?», frases que, según relatan muchas mujeres que escriben a la comunidad de @encendidas.ok en Instagram, todavía se escuchan en consultorios de distintos lugares del país.

La experiencia del CeSAC 24 muestra que es posible hacer las cosas de otra manera. El desafío es que no quede como una excepción. Después de demasiados años de silencio, la menopausia empieza a entrar en la agenda pública. Ahora falta que ese cambio se traduzca en información, formación de especialistas, acceso a tratamientos cuando se necesitan y atención para todas.

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