28 de mayo de 2026
Dueño de una de las empresas más poderosas del mundo, se instaló en el país para expandir negocios con la IA y el control de datos. ¿Quién es este hombre alineado con Milei y Trump, que dice que «libertad y democracia no son compatibles»?

Otra bienvenida. Thiel, segundo desde la izquierda, reunido con el ministro de Economía Luis Caputo. Los acompañan José Luis Daza, Santiago Bausili y Alejandro Oxenford.
Foto: @LuisCaputoAR
Palantir, una empresa con sede en Miami, fundada en 2003 en la californiana Palo Alto por Peter Thiel y otros socios, entre ellos Alex Karp, viene dando que hablar. Sobre todo, desde que el magnate tecnológico anunció su desembarco en Argentina, compró una lujosa casa en el barrio porteño de Palermo Chico y visitó al presidente Javier Milei en la Casa Rosada el mes pasado, en su tercer viaje a la Argentina. En mayo volvió a ser recibido por el Gobierno, esta vez por el ministro de Economía Luis Caputo y su equipo.
Se presenta a Palantir Technologies como una de las empresas más ricas y poderosas del planeta, propia de este tiempo de ultraconcentración de riqueza en manos de señores «tecnofeudales», como los ha descripto el griego Yanis Varoufakis, y con un poder bestial en el manejo de un insumo clave, como lo fueran antes el fuego, la sal o el petróleo: los datos.
En esta plataforma de gestión de macrodatos que con «inteligencia artificial» puede manipular, extorsionar e incidir en procesos públicos como una elección o políticas de control migratorio, vigilancia extrema o seguridad interior, en guerras o en operaciones privadas de ganancias extraordinarias en segundos, Peter Thiel ha sido una figura determinante. Junto con Karp y sus otros socios, fue asimismo el artífice de un texto violentamente antidemocrático y guerrerista que se presentó como manifiesto político de la corporación a poco de su llegada a Buenos Aires. Las características de la compañía no podían ser otras habiendo sido fundada en parte con dinero de la CIA.
Al servicio de la guerra
Nacido en la ciudad alemana de Fráncfort en 1967, Thiel administra muchos fondos de inversión (entre ellos, Clarium Capital o The Founders Fund) y profesa la fe «anarcocapitalista» o el «libertarismo» desde muy joven, del que se enorgullece tanto como de su «patriotismo» estadounidense y de ser gay. Otra de sus creaciones conocidas fue PayPal, junto a Elon Musk, de su misma especie. También fue uno de los primeros inversionistas en Facebook, cuyo consejo administrativo todavía integra.
Como en otras épocas otros magnates, esta gente se involucra directamente con Gobiernos que les son adeptos, o más bien, en los que pueden influir o a los que pueden directamente controlar. Con el de Donald Trump, varios de ellos (no Thiel, pero casi que da igual) llegaron al extremo inédito de enrolarse en el Ejército para ayudar a la guerra global con la que el imperio en decadencia busca permanecer, justamente con la ayuda de la IA que tipos como Thiel desarrollan. Al de Javier Milei le venden tremebundas ilusiones, por ejemplo, convertir la Patagonia en un espacio crucial de desarrollo para sus invenciones, y se muestran curiosos por el experimento al que el mandatario somete a la Argentina.
Si bien nació en Alemania y tiene padres de ese origen, con apenas un año a Thiel lo llevaron a vivir a Estados Unidos, pero enseguida la familia se mudó al sur de África, donde su padre había conseguido un puesto ejecutivo en una mina, alternando funciones empresariales entre Sudáfrica y Namibia. Vivieron en una ciudad de esta última, Swakopmund, famosa por la presencia de exnazis alemanes que se sentían como en casa en el régimen del apartheid. La familia Thiel regresó al oeste estadounidense en 1977.
Además de economía y finanzas, Thiel estudió filosofía en la Universidad de Stanford, a la que sigue vinculado. René Girard, nacido en Francia y fallecido justamente en esa ciudad de California, fue allí una de sus mayores influencias. Ya graduado, Thiel cruzó al otro lado de la nación y tuvo su paso en la timba de Wall Street, pero regresó enseguida al west. En 2000 fundó allí PayPal con su amigo Musk, también del clan racista sudafricano que hay en Silicon Valley (igual que otros socios en sendos negocios, como David Sacks, nacido en Ciudad de El Cabo, hoy asesor del Consejo de Ciencia y Tecnología de Trump, o Roelof Botha, nieto de un ministro del régimen racista de Pretoria). Cuando vendieron PayPal, dos años después, Thiel y Musk se hicieron millonarios. EBay la compró en 1.500 millones de euros. Parte de ese dinero sirvió para desarrollar Palantir. Hoy, la fortuna de Thiel se estima en la friolera de 11.000 millones de dólares.

Con libreto cerrado. Charla de Thiel en la Universidad de Cambridge, Estados Unidos.
Foto: Getty Images
El personaje ha sido un partidario entusiasta de Trump, tanto de su primero como del segundo y actual Gobierno. En este, fue un gran impulsor del vicepresidente JD Vance y amigos suyos como el mencionado Sacks y otros que participan del gabinete con despachos en la Casa Blanca o en el Pentágono (Departamento de Guerra, que por ejemplo diseñó el asalto a Venezuela con tecnología de Palantir, entre otras acciones para las que la contrató) en temas de IA y tecnología.
Las frases del magnate nacido en Alemania son famosas; quizá la más provocativa haya sido que «libertad y democracia no son compatibles», dicha en el marco de lo que algunos analistas auguran como «posdemocracia», liderada por estos magnates.
La frase no solo revela entonces que un libertario es contradictorio con un demócrata, sino, y más importante, lo que el capitalismo en esta etapa de financiarización y ultratecnológico ha decidido desnudar: que nunca, en verdad, creyó en el voto popular y la distribución democrática de la soberanía política, sino que le sirvió su mascarada durante un tiempo para acumular ganancias. Ya no. En su hora de declive, el Occidente dominante que más se aprovechó de esa farsa la descarta como basura y brotan los jinetes del Apocalipsis como Peter Thiel.
