23 de junio de 2026

Miguel de Cervantes, en el prólogo de su novela Don Quijote de la Mancha (1605), convocaba a los lectores desocupados para que se comprometieran con su libro. El posible desocupado lector era aquel que podía cultivar en sus tiempos libres el intelecto y el espíritu. Jorge Luis Borges se sentía orgulloso por todo lo que había leído, mucho más que por lo que había escrito. Desde otra perspectiva, Paulo Freire, autor de un clásico como Pedagogía del oprimido (1969), consideraba que el conocimiento que derivaba de la educación y la lectura eran fundamentales. Freire, en su otro libro, La importancia de leer y el proceso de liberación (1984), consideraba que «conocer es luchar, en la medida en que es transformación y por ello conocer es abrir espacios de lucha».
La lectura es, sin duda, un acto político necesario que hay que considerar integralmente y que, naturalmente, conduce a reconocer la verdad histórica y las tensiones sociales que se instalan en cada presente y, a su vez, a potenciar los sentidos espirituales que tiene la ficción y la poesía, o la reflexión que pueden provocar el ensayo o la nota periodística. En todo caso, el soporte, sea en papel o virtual, no condiciona necesariamente la lectura. Por eso hay que desmitificar la idea de que el lugar desde donde se escribe determina las condiciones de una lectura. Por eso, es importante comenzar reconociendo que todo tipo de lectura es necesaria y todo resultado es político y que toda lectura genera siempre conocimiento. Por cierto que el fenómeno de la colonización algorítmica hay que considerarlo y la forma en que se condiciona el lenguaje en las redes también es una realidad, por eso hay que ir definitivamente por la soberanía digital y la del comercio electrónico; pero la lectura en los soportes digitales también es válida.
No obstante, existe una serie de análisis sobre cómo impactan las lecturas en la sociedad por diversos motivos, a propósito de que los niveles de la inteligencia media vienen disminuyendo en los países más desarrollados. Según Christophe Clavé, profesor de estrategia de la HEC (Escuela de Estudios Superiores de Comercio) de París, y autor del libro Los caminos de la estrategia, considera que «muchas pueden ser las causas de este fenómeno. Una de ellas podría ser el empobrecimiento del lenguaje. En efecto, varios estudios demuestran la disminución del conocimiento léxico y el empobrecimiento de la lengua: no solo se trata de la reducción del vocabulario utilizado, sino también de las sutilezas lingüísticas que permiten elaborar y formular un pensamiento complejo». Por cierto que existen, como se indica desde la neurolingüística, las condiciones que tiene el cerebro para procesar la estructura del lenguaje, por eso la red cerebral de lectura permite integralmente el reconocimiento de las palabras en la medida en que se ejercita con las propias lecturas. Pero esta condición está dentro de la naturaleza humana y puede estar limitada por muchos motivos. La psicóloga Elizabeth M. Dworak, y profesora asistente en el Northwestern University Feinberg School of Medicine explicó que hay varias teorías científicas que incluyen causas como el empobrecimiento de la alimentación, un peor estado de salud general, empeoramiento de los sistemas de educación actuales. Este reconocimiento está registrado en el estudio del periodista mexicano Mario Alberto Cabrera sobre los motivos por los cuales el coeficiente intelectual está descendiendo.
Lo que Christophe Clavé agrega en un escrito muy difundido, La masa irreflexiva, es que «la desaparición gradual de los tiempos (subjuntivo, imperfecto, formas compuestas del futuro, participio pasado) da lugar a un pensamiento casi siempre al presente, limitado en el momento: incapaz de proyecciones en el tiempo». Toda oración lleva implícita o explícitamente las relaciones entre el pasado, el presente y el futuro, pero hay que trabajar esa relación para poder considerar el sentido histórico de una lectura.
Golpes mortales
Clavé indica que «la simplificación de los tutoriales, la desaparición de mayúsculas y de la puntuación son ejemplos de “golpes mortales” a la precisión y variedad de la expresión. Solo un ejemplo: eliminar la palabra «señorita» (ahora obsoleta) no solo significa renunciar a la estética de una palabra, sino también fomentar involuntariamente la idea de que entre una niña y una mujer no hay fases intermedias. Menos palabras y menos verbos conjugados implican menos capacidad para expresar las emociones y menos posibilidades de elaborar un pensamiento. Por eso los vocabularios limitados también condicionan la capacidad de expresar ideas o comprender nuevos razonamientos o nuevos relatos. «Sin palabras para construir un razonamiento, el pensamiento complejo se hace imposible. Cuanto más pobre es el lenguaje, más desaparece el pensamiento».
Es fundamental considerar que no son los soportes desde donde se escribe, sea el papel o las plataformas virtuales, sino la riqueza del lenguaje, el vocabulario y la redacción con que trabajamos los que determinan el pensamiento. Justamente, es el uso de la palabra lo que va determinado, con su empobrecimiento, las propias limitaciones para pensar y crear nuevos relatos.
Clavé considera que «si no existen pensamientos, no existen pensamientos críticos. Y no hay pensamiento sin palabras. ¿Cómo se puede construir un pensamiento hipotético-deductivo sin condicional? ¿Cómo se puede considerar el futuro sin una conjugación en el futuro? ¿Cómo es posible capturar una tormenta, una sucesión de elementos en el tiempo, ya sean pasados o futuros, y su duración relativa, sin una lengua que distingue entre lo que podría haber sido, lo que fue, lo que es, lo que podría ser, y lo que será después de lo que podría haber sucedido, realmente sucedió?».
Clavé reconoce que a veces lo críptico, lo complejo, también hay que leerlo. «especialmente si es complicado. Porque en ese esfuerzo está la libertad. Quienes afirman la necesidad de simplificar la ortografía, descontar el idioma de sus “fallas”, abolir los géneros, los tiempos, los matices, todo lo que crea complejidad, son los verdaderos artífices del empobrecimiento de la mente humana». Todos los relatos son válidos y quizás dentro de ellos la poesía, o la filosofía o la geología, no sean los temas más cotidianos, pero son indudablemente parte de la gran diversidad de lecturas necesarias.
«No hay libertad sin necesidad. No hay belleza sin el pensamiento de la belleza», dice Clavé al finalizar su nota. Esta frase, que establece como una verdad el sentido artístico de la construcción de relatos y sus posibilidades de potenciar sueños, son los que impactan justamente en las necesarias transformaciones de la sociedad. «Que nuestros relatos sean más bellos que los de nuestros enemigos», profesaba Eduardo Galeano cuando nos proponía la defensa de la poesía, el lenguaje, el pensamiento. La política necesita la lectura de todos los lenguajes posibles.
