22 de junio de 2026
Con dos genialidades, el rosarino se convirtió en el máximo goleador de la historia de los mundiales. Impulsado por su capitán y su mística ganadora, el seleccionado argentino ya está en 16vos de final.

Celebración. El 10 albiceleste festeja tras convertir el segundo gol ante Austria. Detrás, el enojo del arquero Alexander Schlager.
Foto: Getty Images
Camino a cumplir 39 años, Lionel Messi reescribe la historia del fútbol. Este 22 de junio de 2026, a 40 años de la genialidad de Diego Maradona ante Inglaterra en el Mundial 86, convirtió dos tantos de altísima factura para erigirse como el máximo goleador de los mundiales con 18 tantos. Leyenda pura, un animal competitivo capaz de producir asombro tras asombro.
Messi parece jugar una carrera contra el tiempo y, contrariamente a todo pronóstico, la va ganando. Atrás quedaron el récord del alemán Miroslav Klose, con 16, y también los 16 del francés Kylian Mbappé, referente de la nueva camada y que compite con el argentino por el podio mayor. Pero el rosarino va por más. De momento, dejó otra imagen inmortal. Generaciones de futboleros hablarán de lo que hizo aquel 22 de junio en Dallas, la ciudad marcada para siempre tras la expulsión de Maradona en el mundial 94.
Con sus goles ante Austria, Messi no solo alcanzó una marca histórica. También le permitió a la selección argentina clasificar a 16avos de final, una fecha antes del cierre de la fase de grupos (resta el encuentro con Jordania, el próximo sábado 27). Para eso, el equipo logró reponerse a un inicio adverso tras el penal fallado por el 10. Un golpe inesperado que impactó en el juego de la Scaloneta. Hasta el propio Scaloni lo reconoció en conferencia de prensa: «El equipo había hecho dos o tres cosas buenas. La jugada del penal fue muy buena. Culminarla hubiera sido maravilloso. Teníamos la sensación de que si hacíamos ese gol hubiera sido diferente. Pero pudimos revertirlo también. Es un golpe no convertir, pero cuando se activa Leo, se activan todos», sostuvo.
Los austríacos abandonaron su actitud especulativa, adelantaron sus líneas y generaron peligro en el arco argentino. Hasta que llegó la inspiración del genio a los 38 minutos del primer tiempo: asistencia invisible de Thiago Almada y definición de zurda, exquisita, al palo derecho de un resignado Alexander Schagler. Gol récord, tranquilidad y mucha expectativa para la segunda etapa. Entre otras cosas por Messi, decidido a seguir enalteciendo una historia construida a lo largo de seis mundiales y otros tantos torneos con la camiseta argentina.
Sentido de pertenencia
Y ocurrió lo que se intuía. Sobre el final de un partido donde Austria coqueteó con el empate, y donde también Argentina pudo rematarlo a través de Nicolás González –refrescó el ataque con buenas intervenciones–, Facundo Medina –otra vez de gran partido en la defensa– y Lautaro Martínez –se consolida como titular–, llegó el gol que desató la fiesta en el imponente Dallas Stadium. Tirado a la derecha, el 10 inició un contragolpe que terminó él mismo definiendo de zurda y con el alma desde la izquierda. Una jugada que hizo evocar a otro 10 argentino, Mario Kempes, autor de un gol fundamental en la final contra Holanda, en 1978. Coincidencias futboleras, «El Matador», como lo apodan, estuvo presente en el estadio.

Dallas stadium. Messi, tras errar un penal, ofreció un show de fútbol y goles ante una multitud.
Foto: NA
Transcurridos dos partidos, el seleccionado no luce, pero convence. Sabe leer los momentos del juego y muestra sentido colectivo para lograr sus objetivos. El primero ya lo consiguió: avanzar a la fase eliminatoria que comenzará la próxima semana. También se mantiene la mancomunión entre el público y los jugadores, factor que fue decisivo para obtener el Mundial 2022, en Qatar, desde el partido con México en adelante. Y como si fuera poco, lo tiene a Messi en modo juvenil, desequilibrando con su gambeta y anotando goles. Lleva 5 en dos partidos. Pueden ser muchos más. Porque Messi, por ahora, le está ganando al tiempo. Y por goleada.
